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María Ignacia Eyzaguirre, Viña Encierra:

“Tengo toda la energía de acercar nuevamente a mi familia al maravilloso mundo del vino”

María Ignacia Eyzaguirre, agrónoma – enóloga de la Universidad Católica de Chile, quien hoy se desempeña como Directora Ejecutiva de la Viña Encierra nos cuenta cómo fueron sus inicios y cómo ha sido para ella, mujer y mamá de 5 hijos, liderar este proyecto que se remonta al año 1765, cuando sus antepasados plantaron en Colchagua las primeras variedades de uva traídas de Francia.

La Viña Encierra, ubicada en Peralillo, Valle de Colchagua, hoy cuenta con 160 há. de viñas plantadas; de las cuales seleccionan el 5% para producir su vino y el resto de las uvas se venden a otras viñas como San Pedro, Montes, El Aromo, Indómita y otros. Anualmente producen entre 90 y 120 mil litros de vino; aproximadamente el 40% de eso va embotellado en sus botellas de Ensamblaje, Carmenére, Porel -que es el ícono- y Rosé. El 60% restante se vende a graneles finos.

Encierra nació luego de que el año 1996 la familia Eyzaguirre Echenique (padres de María Ignacia) vendiera su participación en la Viña Los Vascos, la cual, en ese momento en asociación con Domaines Barons de Rotschild. “La venta de Los Vascos fue una historia bastante dolorosa, porque yo nací, al igual que mis hermanos, en Peralillo. Viví ahí hasta los 3 años, entonces vi cómo se desarrolló el proyecto desde los inicios”, cuenta María Ignacia.

Además, reconoce que era un campo grande, con distintos cultivos y que la viña fue creciendo poco a poco. Sin embargo, antes de que todo eso fuera propiedad de sus padres, la viña se llamaba Cañetes de Puquillay y era propiedad de su abuelo, quien en 1947 invirtió en tecnología y construyó una bodega para vinificar, elaborar y guardar los mostos procedentes de las nuevas plantaciones.

Luego, cuando pasó a manos de sus papás, y le pusieron el nombre “Los Vascos” -debido a que tanto los Eyzaguirre como los Echenique provienen de esa región de España-, la viña tomó un rumbo con miras a los mercados internacionales. “Mis papás fueron muy visionarios; mi papá sobre todo, porque le vio el potencial a la viña y dijo ‘aquí vamos a empezar a embotellar y exportar vinos’, estamos hablando del año 1975 aproximadamente”, reconoce María Ignacia, quien además afirma que sus padres le pusieron el alma a este proyecto: “la reconvirtieron, invirtieron en maquinaria, trajeron un enólogo francés y después buscaron distintos mercados”.

Al darse cuenta que la distribución y las ventas eran lo más importante, en 1988 se asociaron con Domaines Barons de Rotschild de Francia y trabajaron en conjunto. Le pusieron todo lo que estaba de su parte para desarrollar este proyecto y que fuera exitoso. “Nosotros con mis hermanos vimos y vivimos todo esto, entonces cuando mis papás decidieron vender la participación, fue muy doloroso, además que yo soy una convencida que las tradiciones son por algo y cuando uno ha nacido viendo producir, vender, comercializar y respirar a través del vino, es muy doloroso que de un día para otro te corten los brazos”.

Luego de la venta de Los Vascos, la familia Eyzaguirre Echenique mantuvo propiedades sobre la casa principal y parte del campo, preservando las privilegiadas hectáreas plantadas. “Y ahí es donde nació Encierra; con todas las energías de acercar nuevamente a nuestra familia a la tradición de la producción de vino. Y bueno, somos vascos, y al ser vascos, uno lo que sigue lo consigue… Así que yo como enóloga estoy feliz de poder desarrollar esto, que mis hijos lo vean y que el día de mañana se involucren en este maravilloso mundo del vino”.

El trabajo y coraje de una mujer

1. Empezaste cuando tenías hijos chicos, ¿Qué costos familiares han tenido que vivir?
Sí, partí trabajando cuando mis niños eran muy chicos. Algunos ni siquiera iban al colegio todavía, por lo que dependía mucho de la ayuda que pudiera tener. Gracias a Dios siempre he contado con la ayuda y apoyo incondicional de mi marido, que jamás me ha cuestionado el hecho de que yo trabaje, o la cantidad de horas que pasó trabajando o en la casa… Eso por un lado ha sido un privilegio. Por otro lado, la vida es muy sabia, porque cuando uno es más joven tiene la energía para correr; yo iba por el día a la viña a ver lo que pasaba, volvía a Santiago esa misma tarde y a los dos días iba de nuevo. Entonces uno tiene esa energía cuando es más joven, y ahora que los niños ya no son niños, son adultos, tengo todo el tiempo del mundo para estar en la viña y cuidar, supervisar y poder trabajar con más calma. En este momento estoy en la mejor etapa para pasar más tiempo y poder desarrollar más el proyecto, de manera más completa.

2. Y para ti como mujer, ¿cómo ha sido enfrentar el desafío de salir adelante en un mundo liderado principalmente por hombres?
Te diría que el mundo liderado por los hombres está más en la parte comercial, y que yo personalmente no tengo ningún problema. Entre los enólogos, sí hay bastantes hombres, pero Chile es el país donde hay más enólogas mujeres, por lo que yo nunca me he sentido marginada, segregada ni con dificultades en ese aspecto. De todas formas, cuando he estado en ferias con la competencia, donde hay muchos más hombres, nos hemos complementado bien y generado buenas relaciones.

3. ¿Qué herramientas consideras que han sido fundamentales para desarrollarte en el mundo del vino?
Primero el trabajo en terreno, el conocer la uva desde el campo, conocer los suelos, el clima y estar inserta en el día a día. Segundo, lógicamente los estudios, pero sobre todo la experiencia, es impresionante lo que vas ganando con la experiencia. De todas formas, te diría que la estrella mía, mi inspiración diaria, es mi papá. Siento una admiración profunda por él, lo visionario que fue, lo emprendedor. Me acuerdo patente cuando yo era chica, los años 60 y tantos, cuando él y mi mamá salían con los maletines con vinos y él era un convencido que su vino era el que estaba en las grandes ligas y dentro de los mejores. Entonces, ver a una persona que se iba a ganador, que le fascinaba el campo y convocaba a los grandes, eso es un privilegio, una suerte y un gusto tremendo. Por eso cuando estoy un poco preocupada o bajoneada, pienso en él y eso es una energía revitalizante permanente.

4. ¿Cómo han ido integrando la tecnología y comunicaciones en el desarrollo de Encierra?
Soy una convencida de que para seguir creciendo y avanzando en el mundo globalizado en el que vivimos, estamos obligados a subirnos al carro de la tecnología y telecomunicaciones. Por eso es que no solo contamos con una página web, sino que también hemos abierto nuestra cuenta de Instagram (@encierra), a través de la cual mostramos el espíritu de Encierra, la gente que trabaja en la viña, los paisajes que rodea nuestra tierra, la experiencia de nuestras visitas turísticas…Y ahí tenemos otro punto súper importante que nace a raíz de este mismo mundo globalizado que mencionaba antes; hace poco tiempo decidimos empezar a hacer visitas guiadas a nuestra viña y estamos sorprendidos con lo exitosa que ha sido esta idea. Si bien es algo bastante cercano, porque soy yo misma la que atiende a los turistas y les explica el proceso de cómo se hace el vino, nos hemos dado cuenta que a los turistas -principalmente extranjeros- les encanta eso. Les gusta que sea algo personalizado, que no haya tantas formalidades, les gusta tomarse unas copas sentados en medio de las viñas y vivir el romanticismo que ofrece este mundo. Nos encanta esta nueva arista que estamos desarrollando y esperamos poder seguir creciendo en esta línea, porque eso significa que estamos esparciendo un poco más el amor por la tradición y el maravilloso mundo del vino que tanto nos apasiona.

Con miras al futuro

Antes de la pandemia, Encierra destinaba el 70% del vino embotellado a la exportación y el 30% al mercado nacional. Pero ante este nuevo escenario se han cerrado muchos mercados y ha sido difícil viajar a promover el vino, por lo que se vieron forzados a desarrollar y abrir los canales de venta en el mercado nacional. Actualmente los números se encuentran invertidos: el 70% de la producción se vende en el mercado nacional y el 30% se va a exportaciones. María Ignacia reconoce que esperan que con la vacuna se empiecen a abrir y desarrollar más los mercados, para volver a conquistar la exportación.

De todas formas, la Viña Encierra ha seguido trabajando con los ojos puestos en el extranjero, porque están convencidos que aún hay muchos mercados internacionales por conquistar. “Mi hijo menor, Andrés, es ingeniero comercial y hace un tiempo que se integró a trabajar con nosotros en la viña, buscando nuevos horizontes para la exportación”. Esto pone muy contenta a María Ignacia porque, además de ser una estrategia comercial de expansión, para ella significa que se está cumpliendo su sueño de acercar a su familia al mundo del vino y que sus hijos puedan vivir el amor y la pasión que ella tiene por la tierra.

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