La superficie frutícola de La Araucanía ha crecido en un 326%, mientras que la de Ñuble lo ha hecho en un 260% desde el 2003. Entre las regiones del Bío Bío y Los Lagos se registra un alza del 221% en frutales.
Se está en presencia de un proceso de reconversión productiva en la zona frutícola tradicional, junto con una expansión hacia zonas acostumbradas a producir cereales.

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A pesar de que la zona central sigue siendo la principal zona frutícola de Chile, durante los últimos años hemos sido testigos de cómo los productores frutícolas se han ido trasladando hacia regiones más al sur, como a la IX y X. De acuerdo a lo conversado con Cristián Allendes, miembro del directorio de la Federación de Productores de Frutas de Chile (Fedefruta), él cree que esta expansión es muy positiva “ya que se incrementa la capacidad exportadora del país, además de darle mayor rentabilidad a suelos que tradicionalmente se ocupaban para ganadería o cultivos tradicionales y de la misma manera, se ofrece más trabajo y mejores posibilidades económicas a gente acostumbrada a ingresos menores”, señaló.

En la misma línea de la declaración entregada por Allendes, quien además es Primer Vicepresidente de la Sociedad Nacional de Agricultora (SNA), se encuentran las conclusiones obtenidas a partir del estudio “La fruticultura en Chile: tendencias productivas y su expresión territorial”, realizado por la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias (ODEPA) del Ministerio de Agricultura, el cual tomó como referencia desde el año 2003 hasta el 2018 para elaborar un catastro frutícola de los Valles Transversales, Zona Central y Sur Austral.
Entre las principales conclusiones, se destaca un incremento general de 113.038 Há de la superficie frutal a nivel país, de las cuales, 15.913 de ellas pertenecen al crecimiento entre las regiones del Bío Bío y Los Lagos (zona Sur Austral), representando un alza del 221% en dicha zona. “Este aumento en superficie -que pasó del 3,1% al 6,6% de la superficie frutícola total del país-, refleja un proceso de cambio de uso del suelo de cereales a frutales, lo que trae como consecuencia el surgimiento de nuevos patrones en la demanda de empleo, así como la adopción de tecnologías tanto en riego como en cosecha” sostiene el estudio.

Es así como en el estudio también se observa que, con la exclusiva excepción de las frambuesas, en la zona Sur Austral todas las especies principales aumentaron en superficie durante los últimos 15 años, destacando las plantaciones de avellanos, arándanos, manzanos rojos, cerezos y nogales, como se muestra en el siguiente cuadro:
Según Lucía Corbetto, socia fundadora de Frisku Foods -empresa que desarrolla programas de fruta fresca y alimentos procesados provenientes de Latinoamérica para clientes premium a nivel mundial-, la X Región “se está posicionando para el caso de los Arándanos en la ventana tardía de producción y han logrado calidad y condiciones muy buenos retornos al campo, tomando, además, estrategias específicas como la producción orgánica”.

En efecto, el estudio de la ODEPA afirma que se está en presencia de un proceso de reconversión productiva en la zona frutícola tradicional, junto con una expansión hacia zonas de escaso historial frutícola. Esto se ve fundamentalmente en el desarrollo de núcleos productivos emergentes, en zonas tradicionalmente especializadas en cereales, en los que destaca la producción de frutos secos (avellanos y nogales), manzanas rojas y arándanos.
En ese mismo sentido, Cristián Allendes también concuerda con que la expansión frutícola seguirá hacia la zona centro sur, ya que ahí hay más tierra disponible a precios razonables y la agricultura tradicional está abierta a cambios y negocios como las cerezas, berries y avellanos, los que todavía tienen espacio para crecer. No obstante, cree que en Chile “las autoridades no han sido capaces de ver la potencialidad que tiene la agricultura para el desarrollo del país, sabiendo que somos muy dependientes del cobre, y eso, con un poco de voluntad, puede revertirse y la agricultura podría ser el motor del país.

Por otro lado, en el período comprendido entre los años 2003 y 2018, el estudio muestra que la Región de La Araucanía experimentó un aumento en superficie agrícola del orden del 326%. En cuanto a este crecimiento y a la proyección de la IX y X Región, Cristián Allendes piensa que para que ambas regiones tengan éxito, es necesario que el Estado garantice la seguridad y el estado de derecho, ya que hoy día en la Región de la Araucanía los productores están bajo amenaza permanente de comunidades o personas que nos los dejan trabajar tranquilos: “Si los agricultores hacen las inversiones, van a pedirles un porcentaje para garantizar la cosecha. Es intolerable y fuera de toda lógica lo que ahí pasa. Para que esa región tenga éxito con todas las posibilidades y potenciales agrícolas que ahí se pueden desarrollar, los gobiernos tienen que tomar medidas sin populismos”.

¿Qué pasa con los suelos extranjeros?

Si bien los números se ven favorables para el crecimiento agrario dentro del país, grandes e innovadores productores chilenos están expandiendo sus fronteras hacia otros países sudamericanos. De cierta manera, la situación descrita por Cristián Allendes en la Región de la Araucanía podría ser una razón para que los productores nacionales no quieran invertir en dicha zona, lo que los ha llevado a buscar nuevas alternativas, como lo es Perú. Lucía Corbetto, a su vez afirma que, de acuerdo a su experiencia y conocimiento, “las empresas del rubro agrícola que han logrado diversificar su negocio a nivel multi país y multi producto, complementan de manera estratégica su oferta hacia sus compradores, tomando así una posición más robusta frente a un mercado cada vez más competitivo”, señaló la Ingeniera Agrónoma.
En esa misma línea, Juan Pablo Pulgar, gerente de producción en Chile de Río King -exportadora que hace más de 10 años tiene plantaciones de uva de mesa en la zona de Ica, al sur de Perú, donde suman más de 500 hectáreas de dicha fruta-, nos cuenta que la producción de Perú es un complemento a lo que producen en Chile, ya que de esa manera tienen la capacidad de alargar la temporada de cosecha desde principios de noviembre hasta fines de abril, comenzando en Perú y terminando en los campos del territorio nacional, los que, en uva de mesa, se extienden desde Copiapó hasta la VI Región. “Otro de los beneficios de producir en Perú es que el producto final que se obtiene es de muy buena calidad, se registran escasas lluvias, y además, algo muy importante, es que la internación del material genético de la fruta es más rápida que en Chile, donde tarda años, por lo que podemos probar con anticipación cómo se comportan las distintas variedades en los mercados”.
Sin embargo, no todo es color de rosas, ya que la mano de obra peruana no es tan calificada como la chilena, por lo que se hace más difícil lograr buenos resultados. Juan Pablo también nos cuenta que hay que tener mucho cuidado con la disponibilidad hídrica y con la salinidad de la tierra, factores muy importantes a la hora de producir cualquier fruta.

Lucía también concuerda con la falta de especialización de la mano de obra peruana, lo que complejiza la producción frutícola. No obstante, sostiene que “además de la complementariedad de la ventana con la producción chilena, en Perú existen beneficios tributarios que favorecen a los productores agrícolas, por ejemplo, el drawback y el régimen laboral agrario”, destacó.
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