Incertidumbre. Esa es la palabra que mejor describe el panorama económico en el mundo entero frente a la guerra comercial entre Estados Unidos y China, que ya ha tenido repercusiones en las distintas economías del mundo y también se ha empezado a hacer notar en el sector agrícola de nuestro país, el cual depende de la exportación de sus productos.
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El conflicto comercial entre las dos potencias más importantes del mundo ya ha empezado a traer consecuencias, sin embargo nadie puede saber certeramente cómo afectará a nuestra economía y particularmente al sector agrícola chileno. Y si bien en la pasada cumbre G20 celebrada en Japón, ambas potencias se comprometieron a retomar las conversaciones -lo cual sería un respiro para la economía mundial- eso aún está por verse. Ya que lo mismo se había dicho anteriormente en Buenos Aires, ocasión en que el presidente chino, Xi Jinping , y el norteamericano Donald Trump hicieron una “tregua” que finalmente no prosperó.
A modo general, se pueden aventurar algunos posibles escenarios. Por ejemplo, se puede producir un eventual aumento de exportaciones a China que busca sustituir los productos provenientes de Estados Unidos, como el caso del vino chileno que ha sido el único que ha aumentado su venta en en el gigante asiático gracias a que mantiene arancel 0 - muy distante al 54% de arancel que China le impuso al vino estadounidense-.
Pero al mismo tiempo, podría significar que Estados Unidos tenga sobre stock y deje de consumir nuestros productos con el fin de autoabastecerse e importe su excedente a otros mercados, en los que no tengan barreras arancelarias, afectando así las exportaciones a países donde Chile ya está consolidado, como Brasil. Como sostiene el presidente de la Asociación de Exportadores de Frutas de Chile, ASOEX, Ronald Bown, “Estados Unidos de América es un país con tradición exportadora, al igual que China, por ello, los productos que no logren ingresar a China, serán desviados a otros destinos, lo que puede causar una distorsión en los mercados como es el caso de Europa y Latinoamérica, generando de esta forma una sobreoferta en determinados productos, situación que no es conveniente para nadie”.
La Guerra Comercial entre Estados Unidos y China inició en marzo 2018 tras el anuncio del presidente Donald Trump de imponer aranceles por un monto de 50 mil millones de dólares a los productos chinos por el supuesto de “prácticas desleales de comercio” y “robo de propiedad intelectual”, y seguido por la respuesta del gigante asiático en la aplicación de aranceles a 128 productos estadounidenses. A más de un año de iniciada dicha guerra -y tras 11 rondas de conversaciones realizadas en las capitales de ambos países-, Estados Unidos ya ha aumentado a 200 mil millones de dólares sus aranceles a los productos chinos y hemos sido testigos de cómo esta situación ha influido no solo a los países en cuestión, sino que economías de menor escala, como Chile, también se empiezan a ver afectadas. Esto cobra mayor relevancia si es que consideramos que la economía chilena se sustenta principalmente en la exportación de materias primas, como son el cobre y la producción frutícola y acuícola.

La respuesta de los mercados internacionales comenzaron poco después del anuncio de Trump, aplicando represalias arancelarias contra productos de origen estadounidense. Los países que primero subieron sus aranceles a los productos norteamericanos fueron China, la Unión Europea, India, Rusia, Turquía, Canadá y México. Y si bien Chile ha mantenido su acceso preferencial a estos mercados -salvo casos particulares en el caso de India- igualmente se ha visto afectado colateralmente por las repercusiones de la Guerra Comercial.

Es así como ya se ve una disminución general en las exportaciones de Chile. Según el Banco Central, en el primer trimestre de 2019, las exportaciones de nuestro país -en cuanto a agricultura, fruticultura, ganadería, silvicultura y pesca- han descendido un 4,1% en relación a igual período del año 2018.

En cuanto al subsector frutícola, los embarques del primer trimestre de este año alcanzaron los US$3.368 millones, lo que significó un descenso de 5,2% respecto al año pasado.
Asimismo, la OCDE ya alerta sobre los riesgos para Chile, a raíz de las tensiones comerciales entre las dos principales potencias mundiales. Y en su último informe de Perspectivas rebajó en tres décimas la previsión de crecimiento del PIB chileno para 2019, hasta el 3,4%, y en una décima para 2020 hasta el 3,3%.

Contexto e impacto en las exportaciones de Chile


Vivimos en un mundo globalizado, por lo que todo lo que ocurra en las principales potencias del mundo va a tener incidencia en las economías de los demás países. “China y los Estados Unidos de América son dos de los principales mercados de exportación de las frutas chilenas, por lo que cualquier situación que afecte el comercio entre ellos, puede tener efecto directo en nuestra industria”, señaló Ronald Bown, presidente de ASOEX.

De igual manera, en el último informe de la compañía de seguros Crédito y Caución se afirma que cualquier cambio derivado de la Guerra Comercial entre Estados Unidos y China afectaría a los exportadores chilenos. Sin embargo la aseguradora de crédito señala “El entorno empresarial chileno sigue siendo uno de los mejores de la región y el Gobierno continúa estimulando la inversión extranjera”.

De acuerdo al informe de comercio exterior publicado por ProChile en mayo 2019, durante 2018 Chile fue el mayor proveedor de Estados Unidos en una gran cantidad de productos, entre ellos destacan: filetes de salmón, uvas frescas, arándanos, sal, tableros de madera, diversos cítricos, manzanas ciruelas frescas, carbonato de litio, varios tipos de semillas, trozos congelados de pavo y pollo. Por su parte, en China, nuestro país se situó como el principal proveedor de cerezas frescas, ciruelas frescas, yodo, trozos de carne de ave congelados, arándanos frescos y vino a granel. Los envíos de cereza a China pasaron de US$ 421 millones en 2017 a US$ 954 millones en 2018, situando a Chile nuevamente como el principal exportador de cerezas frescas en el mundo. Según Cristián Tagle, presidente del Comité de Cerezas de ASOEX y Gerente Comercial de Agrícola San Francisco Lo Garcés, “cerca del 90% de las cerezas que llegan a China provienen de Chile, por lo que es muy importante cuidar la calidad del producto que se envía. Eso es algo que el mercado chino valora y premia mucho”.

Es interesante ver cómo evolucionó el mercado de las exportaciones chilenas desde el 2017 al 2018, ya que en el primer año en cuestión el 35% de los envíos de frutas frescas se dirigía a América del Norte, seguido de Asia (30%), Europa (22%) y América Latina con un 13%. Por su parte, y como se señala en el mismo informe de comercio exterior de ProChile, durante el 2018, y por primera vez en la historia, Asia y Oceanía fue el mayor destino de las exportaciones chilenas de fruta fresca, con una participación del 35%. Desplazada a la segunda posición aparece América del Norte con un 32%, seguido por Europa (20%) y América Latina (11%).

Diversificar los mercados de la mano de los tratados

Teniendo en consideración todos los riesgos que esta guerra podría traer, es importante que Chile refuerce sus energías en ampliar el abanico de mercados a los que ha estado exportando su fruta los últimos años, ya que según Cristián Tagle “con los impuestos tarifarios que la Guerra Comercial ha acarreado, se han visto afectados los envíos de fruta de Estados Unidos a China, lo que ha desviado sus exportaciones a otros mercados. Muchos de ellos eran importadores de fruta chilena, por lo que de manera indirecta Chile ya se ha visto perjudicado”.

Justamente para lograr el objetivo de diversificar sus exportaciones, actualmente Chile tiene Tratados de Libre Comercio con 64 países del mundo, siendo el país que más acuerdos de este tipo tiene en todo el mundo. Esto es algo que los exportadores chilenos han sabido aprovechar, desarrollando una larga lista de clientes, lo que les ha permitido buscar mejores oportunidades para su fruta.

De acuerdo a lo conversado con María Emilia Undurraga, directora nacional de ODEPA, “una guerra de este tipo, en el largo plazo, no beneficia a nadie. Sin embargo, hoy día Chile está en una posición en la que, a corto plazo, puede aprovechar nuevas oportunidades de mercado y eso es en lo que estamos trabajando: Aperturas Sanitarias con distintos países para modernizar los Tratados de Libre Comercio, por ejemplo con Vietnam, Malasia y la Unión Europea y también estamos realizando exploraciones en el Medio Oriente y la India, entre otros.”

Es así como el 1 de marzo de este año entró en vigencia la modernización del TLC entre Chile y China, luego de que en 2006 fuéramos el primer país en firmar un acuerdo de este tipo con el gigante asiático. “China es nuestro principal socio silvoagropecuario y ha ido agilizando los trámites para recibir frutas chilenas, como es el caso reciente de las peras, las avellanas, miel y también esperamos que se resuelva pronto el ingreso de cítricos a China” afirmó la directora de ODEPA. Esta modernización del acuerdo con el gigante asiático se traduce en mejoras en el Acceso a Mercados, Reglas de Origen, Procedimientos Aduaneros y Facilitación del Comercio, Política de Competencias, Cooperación Económica y Técnica, además de Comercio de Servicios. De la misma forma se incorporaron dos nuevos capítulos sobre Medio Ambiente y Comercio Electrónico. Esta modernización “nos posiciona una vez más a la vanguardia en temas relativos a política comercial, fortaleciendo nuestra red de 26 acuerdos comerciales, tan importante en un contexto de incertidumbre comercial a nivel mundial”, dijo Rodrigo Yáñez, director general de la Dirección General de Relaciones Económicas Internacionales de Chile (DIRECON).

Por su parte, el Tratado de Libre Comercio que Chile mantiene con Estados Unidos desde el año 2004 también ha tenido modernizaciones, por ejemplo desde el año 2015 el 100% del comercio bilateral quedó con arancel cero, lo que significó que el 2016 los envíos de Chile a EEUU crecieran un 68,5%.

Por otro lado, ya fue aprobado en la cámara de Diputados, y actualmente se encuentra en discusión en el Senado, el Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP), conocido también como TPP11. El cual, de aprobarse, abriría más de tres mil oportunidades a productos chilenos en sectores agrícola, forestal, pesquero, lácteos y carnes, que ingresarían con arancel cero a los mercados de los 11 países firmantes: Australia, Brunei, Canadá, Chile, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur y Vietnam. Todos estos países son miembro del Foro de Cooperación Económica de Asia y el Pacífico (APEC), pero Chile es el único país que posee un acuerdo bilateral de libre comercio vigente con cada una de las partes, los cuales se verían fuertemente potenciados.

Sin embargo, el TPP11 se ha encontrado con múltiples barreras en su discusión parlamentaria, lo cual preocupa a los exportadores. Desde la ASOEX temen que falte voluntad política de parte de los legisladores, ya que según explicó su presidente, Ronald Bown, Chile ha basando buena parte de su crecimiento en la celebración de múltiples Tratados de Libre Comercio, “lo cual no se está considerando en su debida forma en la discusión que se ha desarrollado en el Congreso Nacional. Esta situación colocaría a nuestro país, desde el punto de vista frutícola, en una situación muy desmejorada con respecto a nuestros principales competidores (Australia, Nueva Zelanda y Perú), los que sí forman parte del Acuerdo, quienes accederían con mejores condiciones arancelarias a mercados tan importantes como Japón y Vietnam”, afirmó Bown. Quien advirtió que, “lo que hemos podido apreciar últimamente en vastos sectores de nuestro Parlamento, es una suerte de retroceso respecto de lo que ha sido nuestra base fundamental de nuestro desarrollo como país, vale decir, colocar en tela de juicio la conveniencia de suscribir tratados de libre comercio”. Ver entrevista completa del presidente de ASOEX Ronald Bown aquí

Como tradicionalmente lo ha hecho Chile en su política exterior, frente a las implicancias de la Guerra Comercial para Chile, se dejaron de lado las posiciones políticas y durante el mes de junio el Consejo de Ex Cancilleres se dió cita en el palacio de La Moneda, para abordar conjuntamente las eventuales consecuencias de una guerra que afectaría principal factor de desarrollo estratégico para Chile. “El 57% de nuestra economía depende del comercio exterior. Áreas tan relevantes como la minería, la agricultura, la pesca y la industria enfrentan una alta incertidumbre y algunas de ellas ya se están viendo afectadas, con una clara disminución del precio del cobre y de las exportaciones. Debemos enfrentar la situación unidos, como un gran desafío para todos los chilenos, y con visión de Estado”, afirmó el nuevo ministro de Relaciones Exteriores, Teodoro Rivera.

En este momento nadie puede sacar conclusiones certeras sobre cómo se seguirá desarrollando este conflicto y qué implicaciones tendrá para nuestra economía. Es por esto que tendremos que ver cómo avanzan las conversaciones entre las dos potencias y si los acuerdos llegan a buen puerto. Y al parecer podría ser así, ya que según las declaraciones luego de la la Cumbre G20 en Japón, al menos de momento Washington no impondrá nuevos aranceles ni retirará los que ya existen, dijo el presidente Trump en Osaka. “Seguiremos negociando”, aseguró.