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La necesidad de producir más en una superficie limitada está impulsando la adopción de sistemas mixtos y estabulados. El médico veterinario y asesor Roberto Dünner analiza esta transformación y advierte que la competitividad futura dependerá de aprovechar las ventajas competitivas propias de cada predio.

Durante décadas, la imagen de la lechería chilena estuvo estrechamente ligada al pastoreo. Sin embargo, la creciente presión por producir más litros en una superficie limitada, junto con factores climáticos, económicos y de gestión, está llevando a muchos productores a replantear sus sistemas productivos.

Hoy, los modelos híbridos y estabulados ganan terreno en distintas zonas del sur del país, abriendo un debate sobre eficiencia, bienestar animal, sustentabilidad y rentabilidad.

Con una amplia trayectoria asesorando a importantes productores de las regiones de Los Ríos y Los Lagos, el médico veterinario Roberto Dünner ha seguido de cerca esta transformación.

En esta entrevista con Revista Coagra analiza las razones detrás de esta tendencia, los desafíos que implica y las oportunidades que podrían marcar el futuro de la lechería nacional.

—¿Cómo observa hoy la evolución del modelo pastoril y qué cambios estructurales están marcando al sector?

“Históricamente los sistemas han sido pastoriles, pero estos son cada vez más intensivos y comenzamos a ver sistemas híbridos con patios de alimentación de paso, estabulación parcial durante parte de la jornada en momentos específicos e incluso estabulación completa para algunos grupos.

Mientras la producción de leche crece levemente año a año, el número de productores disminuye, lo que se traduce invariablemente en más vacas por unidad de superficie.

Como ejemplo, la recepción de la industria mayor fue de 2.028 millones de litros en 2010 y de 2.371 millones de litros en 2025. Respecto del número de productores, existe un informe del Consorcio Lechero que indica 2.239 productores en 2018 y 2.036 en 2022. Por lo tanto, podríamos hablar de un crecimiento de la producción de un 1,1% anual, mientras que los productores disminuyen a una tasa de 2,2% anual.

Esto quiere decir que las vacas se están concentrando en menos productores a una tasa cercana al 1,1% por año, lo que obliga a analizar opciones de intensificación”.

—¿Cuáles son los principales factores productivos, climáticos, económicos o de gestión que están impulsando esta transición?

“Estamos obligados a analizar distintas opciones que hagan viable la intensificación. Esto significa soportar más vacas por hectárea y, normalmente, animales de mayor producción individual.

Creo que lo más importante al decidir de qué forma conducimos la intensificación es tener claras las ventajas competitivas del predio y, por supuesto, sus desventajas. Hay un lema de un legendario CEO de General Electric, Jack Welch que decía: ‘Si no tienes ventajas competitivas, no compitas’”.

Welch fue para muchos el mejor líder de su época. Como director general de General Electric, de 1981 a 2001, transformó una empresa conocida por sus electrodomésticos y bombillas a una corporación multinacional que se extendía a los servicios financieros y los medios de comunicación, además de los productos industriales”.

–¿Qué podemos llamar competitivo?

“Una ventaja competitiva es un atributo único y sostenible que permite a una empresa superar a sus rivales de manera consistente.

Una de las variables críticas para definir ventajas competitivas es la ubicación del predio y su disposición espacial. Esto generalmente está asociado al clima, a la disponibilidad de agua para riego y a la capacidad real de realizar un buen manejo del pastoreo por el diseño predial.

La ubicación también influye en la factibilidad de producir maíz para ensilaje en cantidad y calidad, así como de otros cultivos. Además, cuando el predio está cercano a centros poblados, las decisiones suelen estar fuertemente condicionadas por la comunidad aledaña”.

—Desde el punto de vista de la eficiencia productiva, ¿qué ventajas y desafíos presentan los sistemas de mayor confinamiento en comparación con los modelos tradicionales basados en pastoreo?

“Desde el punto de vista de la eficiencia, es decir, de la producción por vaca, de las vacas por hectárea y finalmente de los litros por hectárea, los sistemas con mayor confinamiento llevan la delantera.

Sin embargo, desde el punto de vista del margen por hectárea, estos sistemas no necesariamente son mejores. Dado que normalmente están asociados a vacas de mayor producción individual, dependen más de materias primas y concentrados, por lo que son menos resilientes.

En años en que la relación entre el precio de la leche y el costo de las materias primas es favorable, pueden generar altos márgenes. No obstante, cuando esa relación se estrecha o se invierte, son sistemas muy sensibles”.

—El bienestar animal es un aspecto cada vez más relevante para consumidores y productores. ¿Qué consideraciones deben tener las lecherías que avanzan hacia sistemas estabulados para asegurar altos estándares en esta materia?

“El diseño de los establos y de los free stall es fundamental y debe ser del más alto estándar. Los ahorros en esta materia terminan pasando la cuenta en el largo plazo.

Por otro lado, es muy relevante realizar un buen diseño del manejo de purines. Esto implica asociar el numero de ordeños que queremos hacer con la velocidad de ordeño de la sala, el tamaño de los grupos, el sistema de limpieza de patios y el sistema de irrigación de purines.

En todo el mundo, la capacidad de expansión de la lechería está determinada por las hectáreas disponibles para disponer estos purines.

En Irlanda, por ejemplo, la capacidad máxima se acaba de establecer en torno a 2,1 vacas por hectárea y, en un reciente viaje a Estados Unidos, observé relaciones similares, cercanas a una vaca por acre. Todo está determinado por los purines”.

—¿Cómo cambian las estrategias nutricionales y de alimentación en sistemas mixtos o estabulados, y cuáles son los principales desafíos para mantener la salud, productividad y longevidad del rebaño?

“En términos de desafíos, hay que tener presente que cualquier sistema que estabule vacas lecheras requiere una Declaración de Impacto Ambiental cuando se superan las 200 unidades animales durante 30 días o más.

En relación con la nutrición, como normalmente se trata de vacas de mayor mérito genético, existen varias implicancias: mayor participación de materias primas, utilización de PMR o TMR, mayor uso de aminoácidos protegidos, grasas by pass, aditivos y otras herramientas nutricionales.

En materia de salud, hay que considerar una mayor prevalencia de accidentes, problemas de sanidad mamaria y eventualmente cojeras, si no se realiza un manejo adecuado”.

—La implementación de estos modelos suele requerir inversiones importantes en infraestructura y equipamiento. ¿Qué elementos deberían evaluar los productores antes de tomar la decisión de avanzar hacia sistemas más intensivos?

“Hay que considerar que, cuando se estabula, se están invirtiendo cerca de tres millones de pesos por vaca. Si antes tenía 2,5 vacas por hectárea, significa que ahora tengo aproximadamente 7,5 millones de pesos más en capital invertido por hectárea.

El análisis correcto debería apuntar a buscar un retorno sobre el capital cercano al 10%, lo que implica generar un margen anual por hectárea superior en $750.000 respecto del que tenía anteriormente. Y eso no resulta tan fácil”.

—Pensando en los próximos diez años, ¿cómo imagina la lechería chilena del futuro y qué tecnologías o herramientas serán determinantes para mantener la competitividad del sector?

“Vuelvo al lema que expuse al comienzo de la entrevista: ‘Si no tienes ventajas competitivas, no compitas’”.

A mi parecer, existen países o zonas agroclimáticas que tienen ventajas competitivas muy superiores a las del sur de Chile para migrar hacia sistemas de confinamiento, salvo excepciones

Esto está dado especialmente por el acceso a materias primas de menor costo, producciones de maíz para ensilaje o grano significativamente mayores, disponibilidad de subproductos en cantidad, calidad y precios distintos, además de menores costos de infraestructura y tecnología.

Por lo tanto, sería muy cuidadoso en la toma de decisiones y, en primer lugar, explotaría nuestras propias ventajas competitivas”.

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