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2026

Isabel Widmer: “La sostenibilidad se vuelve real cuando mejora los resultados y fortalece a las personas”

La gerente general de Abud & Cía., aborda los desafíos de la fruticultura chilena desde una mirada colaborativa y sostenible. Destaca la importancia de integrar tecnología, gestión y trabajo conjunto para construir una agricultura más eficiente, competitiva y conectada con las personas.

Aunque creció en Santiago, Isabel Widmer siempre supo que su vida estaría ligada al campo. Las largas temporadas en el predio familiar en Traiguén marcaron desde temprano una conexión profunda con el mundo agrícola y también una decisión que, con el tiempo, se volvería definitiva: no quería vivir en la capital.

Ese deseo fue uno de los factores que la llevó a estudiar Agronomía en la Universidad Católica, donde además comenzó a desarrollar tempranamente habilidades de liderazgo participando activamente en la vida universitaria. Fue presidenta del centro de alumnos en dos oportunidades y también integró la FEUC, experiencias que, asegura, le permitieron abrirse a nuevas miradas y adquirir herramientas que más tarde serían fundamentales en su carrera.

Tras egresar, inició un camino poco habitual para una agrónoma: trabajó durante 12 años en la banca, especializándose en innovación y gestión financiera, con foco en empresas agrícolas. Ahí comenzó a profundizar en el funcionamiento económico de la fruticultura y en los desafíos financieros de los productores.

“Empecé a entender mucho sobre flujos agrícolas, gestión y necesidades del rubro. Ahí partió mi expertise”, comenta.

Luego de convertirse en madre y buscando una vida más equilibrada, decidió dejar la banca y radicarse definitivamente en Curicó junto a su marido y sus tres hijos. Poco tiempo después llegó a Abud & Cía., inicialmente como consultora en administración y finanzas.

Lo que comenzó como un apoyo puntual terminó transformándose en un proyecto de largo plazo. Con el crecimiento de la empresa y el auge de la cereza, Widmer fue asumiendo nuevos desafíos hasta convertirse, hace dos años, en gerente general.

Más que poner el foco en el hecho de ser mujer liderando una empresa agrícola, Widmer prefiere hablar de gestión, equipos y calidad de vida. Para ella, uno de los grandes valores del agro está precisamente ahí: en la posibilidad de construir una vida más cercana y equilibrada.

También destaca la cultura organizacional de Abud & Cía., donde asegura que la familia siempre está primero. Una filosofía que, desde su mirada, ha sido clave para compatibilizar liderazgo y vida personal.

Hoy, desde su rol de liderazgo, Widmer impulsa una visión de agricultura más colaborativa, tecnológica y sostenible, convencida de que el futuro del sector depende tanto de la eficiencia como de la capacidad de trabajar en conjunto.

—¿Cuáles crees que son hoy los principales desafíos de la fruticultura?

“Uno de los mayores desafíos es generar valor para la fruta desde el huerto hasta el consumidor final. Históricamente, cada actor ha buscado maximizar su propio margen, pero si todos trabajáramos pensando en darle más valor al producto final, los resultados podrían ser muy distintos.

También hay un desafío enorme en tecnología. Hoy la inteligencia artificial, el machine learning y todas esas herramientas ya están acá. Ya no basta con usar herramientas básicas, sino que hay que aprender a sacarles el verdadero potencial para hacer una mejor agricultura y tomar mejores decisiones.

Y lo tercero es la calidad de la información y la gestión. Muchos productores todavía no conocen en profundidad sus costos o márgenes. Hoy ser eficiente ya no es opcional”.

—A nivel mundial, la sostenibilidad también se está volviendo un elemento crítico. ¿Cómo lo abordan ustedes?

“Nosotros llevamos ya varios años trabajando fuerte en sostenibilidad. Pero una cosa es decir que eres sostenible y otra es medirlo y demostrarlo. La sostenibilidad se vuelve real cuando mejora los resultados y fortalece a las personas.

Justamente, ahora estamos lanzando nuestro primer reporte de sostenibilidad, basado en estándares internacionales, donde medimos aspectos ambientales, sociales y de gobernanza. Porque la sostenibilidad no es solo medioambiente; también tiene que ver con las personas, las comunidades y la forma en que gestionas la empresa.

Además, trabajamos mucho con fondos de inversión agrícolas y ellos cada vez exigen más estándares en esta materia”.

—¿Qué oportunidades ves para avanzar hacia una agricultura más circular?

—“Yo creo que se hacen muchas cosas positivas, pero se comunican poco. Hay reciclaje de envases, reutilización de residuos vegetales, manejo de suelos y muchas prácticas que sí aportan.

El problema es que muchas veces la conversación se centra solo en lo negativo de la agricultura y no en todo lo bueno que genera. La agricultura produce alimentos, genera empleo rural, mejora la calidad de vida de muchas personas y también aporta muchísimo al ecosistema.

Nos falta comunicar mejor ese impacto positivo”.

—-Mencionaste la importancia de la colaboración, ¿Qué rol juega en las empresas para avanzar en sostenibilidad?

“Es fundamental. Nosotros participamos activamente en grupos de transferencia tecnológica y espacios colaborativos, porque creemos que compartir experiencias acelera muchísimo el aprendizaje.

Si una empresa tiene buenos resultados, lo ideal es comunicarlos, mostrarlos y compartirlos. Y también contar las cosas que no resultaron tan bien. Esa es la única forma de seguir construyendo una mejor agricultura. Pero también es importante que más personas sumen y aprovechen estas instancias de transferencia, que las empresas que lo hacen bien compartan esos conocimientos y buenos resultados”.

—¿Cómo crees que las empresas pueden lograr que la sostenibilidad se incorpore realmente al negocio?

“Cuando una práctica sostenible además mejora la eficiencia o tiene impacto económico positivo, se adopta sola.

Por ejemplo, si una tecnología permite usar menos productos, ahorrar tiempo y reducir costos, finalmente termina siendo beneficiosa para todos. Ahí la sostenibilidad deja de ser solo un discurso y pasa a ser parte real de la gestión”.

2026

Lluvias intensas ponen a prueba el manejo sanitario de los huertos

Las precipitaciones de las últimas semanas dejan un escenario favorable para enfermedades, pérdida de nutrientes y estrés radicular. Especialistas explican qué revisar en el huerto y cuáles son las decisiones que no pueden esperar.

Las lluvias son bienvenidas tras períodos de déficit hídrico, pero cuando caen con intensidad, como en las últimas semanas, también dejan una serie de desafíos para la agricultura.

Los suelos saturados de agua, ventanas de manejo más estrechas y una mayor presión de enfermedades obligan a los productores a actuar con rapidez y criterio técnico. Por lo mismo, las semanas posteriores a las precipitaciones son decisivas para evitar pérdidas productivas.

Así lo plantean especialistas en sanidad vegetal, manejo agronómico y nutrición de suelos, quienes coinciden en que las prioridades deben centrarse en prevenir infecciones, recuperar la funcionalidad del suelo y evaluar cuidadosamente el estado de las plantas antes de retomar las labores habituales.

Más presión de enfermedades

Las precipitaciones favorecen la propagación de hongos y bacterias de la madera. José Ignacio Tagle, encargado técnico de Tavan Chile y Perú, explica que “el agua actúa como un vehículo movilizador de estos patógenos, que pueden ser movidos desde un punto de la planta hacia otro”.

El problema, agrega el especialista, no es solo la mayor presencia de inóculo. También se generan dificultades para ingresar a los predios y realizar aplicaciones preventivas en el momento oportuno. “En esta época además coincide la poda, que representa un punto crítico para el ingreso de enfermedades”, señala.

Por eso, recomienda adelantar las podas cuando exista pronóstico de lluvias intensas y proteger especialmente los cortes de mayor tamaño. En heridas menores, sostiene que las aplicaciones preventivas permiten disminuir las poblaciones de hongos y bacterias y lograr un mejor cubrimiento de los cortes.

En invierno muchas infecciones pasan inadvertidas. Sin embargo, Tagle explica que durante la brotación aparecen señales que permiten evaluar cómo enfrentó la planta la temporada. “En cerezos, un parámetro fácil de identificar es la emisión de goma en troncos, ramas y yemas. Si aparece este síntoma hay que tomar acciones rápidas, porque indica una presión importante de algún hongo o bacteria”.

Otro error frecuente, advierte, es mantener el mismo programa sanitario después de un invierno excepcionalmente lluvioso. “Muchas veces los productores siguen un programa estándar y no le toman el peso a que la carga patógena suele ser mayor que en un invierno normal”, dice, situación que puede traducirse en ataques severos durante la brotación y la floración.

Recuperar el suelo

Si los daños sanitarios son visibles, los efectos sobre el suelo suelen pasar más desapercibidos.

Nicolás Lake, gerente comercial de Neogreen, explica que las lluvias intensas producen dos efectos simultáneos. “El agua funciona como una especie de lavado: arrastra los nutrientes lejos de donde la raíz los puede alcanzar. Al mismo tiempo ocupa el espacio que antes tenía aire, entonces la raíz literalmente se asfixia”, grafica.

Incluso cuando parte de los nutrientes permanece en el perfil, la planta puede ser incapaz de absorberlos. Si el suelo permanece saturado durante varios días, agrega, también se pierde nitrógeno hacia la atmósfera en forma de gas.

Los primeros nutrientes en perderse son nitratos, sulfatos y boro. En suelos arenosos también pueden disminuir potasio, calcio y magnesio, afectando posteriormente la calidad de la fruta, mientras que el fósforo puede perderse cuando las lluvias provocan erosión superficial.

Antes de pensar en fertilizar, Lake insiste en evaluar primero el estado del suelo y de las raíces. “No aplicar nada a ciegas; primero hay que ir a mirar”, resume.

Su recomendación es realizar calicatas, verificar que el suelo haya drenado completamente y medir los nitratos disponibles antes de definir cualquier estrategia nutricional. Si las raíces presentan tejidos negros o blandos, aconseja esperar la aparición de nuevas raicillas activas antes de reponer nutrientes.

Hay que prevenir

Para Jordi Casas, asesor de frutales, la primera labor una vez terminadas las lluvias es revisar el huerto y eliminar rápidamente las acumulaciones de agua, especialmente alrededor del cuello de las plantas.

Explica que, mientras más avanzada esté la brotación, mayor será el riesgo de asfixia radicular y de ingreso de hongos que producen pudriciones de raíces. En la parte aérea ocurre algo similar, dice, pues “en la medida que exista tejido verde expuesto y agua libre sobre este, existe riesgo de entrada de bacterias”.

Por eso insiste en que la intervención no debe esperar a que aparezcan síntomas visibles. “La observación del estado de los tejidos tanto en la corteza como en las raíces no es completamente determinante; muchas veces ya es tarde para reaccionar con acciones correctivas”, asegura.

Además, recomienda hacer labores como podas, raleos o nuevos riegos tras comprobar, mediante calicatas y evaluación de humedad, que el suelo ha recuperado condiciones adecuadas.

Los tres especialistas coinciden en que después de lluvias intensas no es recomendable continuar con el mismo manejo de una temporada normal.

Revisar el estado sanitario del huerto, evaluar la condición de las raíces, verificar la humedad del suelo y ajustar los programas preventivos son decisiones que deben tomarse antes de retomar las labores habituales, plantean.

2026

Alianza liderada por Coagra genera resultados en la formación de estudiantes agrícolas

El programa Sembrando Futuro 2026, impulsado por Coagra junto a Impulso Docente y la red de liceos agrícolas SNA Educa, ya muestra resultados: entre el 85% y el 93% de los estudiantes se siente más motivado con su especialidad, mientras que los docentes fortalecieron su confianza para enfrentar los desafíos de la enseñanza.

¿Qué hace que un estudiante deje de ver la agricultura como una opción más y comience a proyectarse como protagonista del sector?

Para Coagra, la respuesta está en acercar la educación al mundo productivo y generar experiencias que conecten el aprendizaje con la realidad. Ese es el propósito de Sembrando Futuro 2026, iniciativa que hoy presenta sus primeros resultados en tres liceos agrícolas de la Región del Maule.

Los resultados muestran que el acercamiento entre los liceos y el mundo productivo está generando un impacto positivo en los estudiantes. Tras participar en charlas vocacionales y actividades de vinculación con profesionales de Coagra, entre el 85% y el 93% de los estudiantes aseguró sentirse más motivado con la especialidad Agropecuaria, la cual estudian. Asimismo, entre el 89% y el 93% afirmó que los aprendizajes adquiridos serán útiles para su futuro laboral.

Ese entusiasmo también se refleja en la evaluación que hicieron de las actividades. En dos de los tres establecimientos participantes, la satisfacción superó el 80% —meta definida para esta etapa del programa—, alcanzando un 83% en el Liceo Marta Martínez Cruz y un 82% en el Liceo San José de Duao.

Los avances no solo se observan en los estudiantes. El trabajo desarrollado con docentes y equipos directivos también comienza a dar frutos: la confianza de los profesores en su capacidad para enseñar y enfrentar los desafíos del aula aumentó, en promedio, un 5%. Este es un indicador clave, ya que profesores que confían en sus propias capacidades están mejor preparados para promover aprendizajes y acompañar el desarrollo integral de sus estudiantes.

A ello se suma un hito relevante para el desarrollo del programa, ya que durante esta primera etapa se levantó la línea base de habilidades socioemocionales de los estudiantes, información que permitirá medir con evidencia el impacto de Sembrando Futuro 2026 al finalizar el año y orientar las próximas acciones de acompañamiento, mentorías y actividades de vinculación entre los liceos y Coagra.

Para Evelyn Gaymer, gerente de Gerente de Personas y Sustentabilidad de Coagra, estos resultados reflejan el compromiso de la empresa y sus equipos con el desarrollo de los territorios donde está presente.

“En Coagra entendemos que fortalecer la educación agrícola es una forma concreta de contribuir al desarrollo de los territorios. A través de Sembrando Futuro, iniciativa que impulsamos por tercer año consecutivo, buscamos acercar a los estudiantes al mundo laboral, desarrollar sus habilidades y fortalecer las comunidades educativas donde estamos presentes. Creemos que cuando empresa y educación trabajan de manera colaborativa, se construyen bases sólidas para el futuro del agro y para las nuevas generaciones que serán parte de él”.

La experiencia también fue valorada por los propios estudiantes. “Esta experiencia nos sirve como futuros técnicos agropecuarios”, señala Belén Vásquez, estudiante de 3° medio A del Liceo Marta Martínez Cruz, de la red SNA Educa, quien destacó especialmente el recorrido realizado por la sucursal de Coagra en Linares, donde pudo conocer de cerca el funcionamiento de la empresa y las oportunidades que ofrece el sector agrícola.

Para Florencia Mingo, directora ejecutiva de Impulso Docente, estos primeros resultados confirman el valor de generar alianzas de largo plazo entre el sector productivo y las comunidades educativas.

“Cuando empresas y establecimientos educacionales trabajan con un propósito compartido, las oportunidades de aprendizaje se vuelven más significativas y pertinentes para los estudiantes. Esta articulación fortalece a las comunidades educativas, aporta al desarrollo de los territorios y demuestra que la colaboración es una herramienta clave para seguir impulsando una educación técnico-profesional de calidad, capaz de responder a los desafíos del país”.

Durante el segundo semestre, Sembrando Futuro 2026 continuará su implementación con nuevos ciclos de acompañamiento en los establecimientos, además de visitas a terreno, mentorías y otras instancias de vinculación entre Coagra y los liceos participantes, con el objetivo de seguir fortaleciendo la formación de quienes serán los futuros protagonistas del agro chileno.

2026

Karina von Baer: En agricultura “transformar residuos en productos útiles es el mejor de los mundos”

La empresaria y presidenta del holding Agrotop repasa su camino en el agro, marcado por el emprendimiento y una mirada pragmática del liderazgo, donde el género —asegura— nunca fue una barrera interna. Desde su experiencia, aborda los desafíos actuales del sector, entre ellos, la eficiencia, la tecnología y una nueva generación que llega a renovar la forma de producir. 

No hubo épica en la decisión. Tampoco un quiebre dramático. Más bien, una convicción que se fue aclarando con la práctica. Karina von Baer estudió Agronomía y, tras un breve paso trabajando con su padre, entendió que lo suyo no era seguir un camino trazado, sino abrir uno propio.

“Pensé que trabajar con la familia era como trabajar para tu propia empresa, pero no es la realidad. Ahí decidí emprender. Bastante pronto”, recuerda.

Ese impulso derivó en la creación de cuatro compañías con presencia en el sur de Chile. Oleotop, Granotop, Avenatop y Saprosem están agrupadas bajo el holding Agrotop, consolidando una operación diversificada en el sector.

A esto se suma el reciente lanzamiento de un fondo de inversión por más de US$15 millones, orientado a impulsar startups vinculadas a la salmonicultura, con foco en áreas como agtech, foodtech y climatech, iniciativa que busca conectar innovación, capital y conocimiento en torno a una de las industrias más dinámicas del sur del país.

Al hablar de su historia en el agro, hay un elemento que aparece desprovisto de conflicto: el hecho de ser mujer.

“En mi casa todas las mujeres trabajaban. Mi abuela era genetista de vacas, mi mamá trabajó con mi padre, mi tía era agricultora. Entonces nunca fue un tema. Y cuando no es un tema para uno, no te lo cuestionas”, dice.

Eso no significa que el entorno haya sido siempre neutro. “Te pasan cosas todos los días”, reconoce. “Pero tienes dos opciones: te pones arisca o te ríes y devuelves la talla. Es como si enganchas o no enganchas”, comenta.

Su forma de avanzar ha sido, más bien, desde la coherencia personal. “Ser uno”, resume, es un criterio que la llevó a abrirse camino en espacios históricamente masculinos, pero que ya están cambiando. “Las mujeres tenemos ventajas en liderazgo. Delegamos más en el equipo, porque tenemos menos tiempo. Eso nos obliga a ser eficientes”, señala.

Mamá de tres hijos, ha integrado trabajo y familia en una misma dinámica: “Los subo al carro. Han crecido viendo cómo se compra, cómo se vende, cómo se financia. Eso es una ventaja enorme”.

A partir de esa experiencia, su mirada sobre el agro hoy está fuertemente anclada en la gestión y la capacidad de adaptación.

—¿Cuáles son hoy, desde esa experiencia en terreno, las claves para construir un negocio agrícola resiliente en un escenario tan cambiante?

 “Siempre tecnología, innovación y eficiencia. Esto es un proceso productivo. Se trata de producir más con menos, en menos tiempo, con estructuras bien organizadas. Es mucha gestión, entender dónde están los cuellos de botella y ordenar”.

—Y cuando hablas de eficiencia y gestión, ¿dónde se están jugando hoy esos cuellos de botella en la práctica?

 “En la gestión. En cómo organizas, en cómo tomas decisiones. Muchas veces no es falta de tecnología, es falta de orden o de entender bien el proceso”.

—En ese contexto, ¿qué rol están jugando las nuevas generaciones en empujar estos cambios dentro del sector?

 “Los jóvenes están llegando con otra lógica. Digitalizan todo, analizan distinto, tienen acceso a tecnología y al mundo de forma muy fácil. Eso empuja a cambios”.

—¿Y cómo convive esa nueva forma de hacer las cosas con la experiencia de generaciones mayores o productores más tradicionales?

 “Tiene que haber un complemento. Los jóvenes traen la idea, la tecnología, las ganas, y nosotros traemos la experiencia y el capital. Esa combinación es muy potente”.

—Esa misma lógica de complementariedad se refleja en el fondo que están impulsando. ¿Qué buscan con esa iniciativa?

 “Estamos trabajando con startups en agtech, foodtech y clima. Es una inversión grande, y la idea es justamente acompañar a estos nuevos proyectos con experiencia y recursos. Para mí, ese modelo es espectacular”.

—Mirando el sector en su conjunto, y considerando esa diversidad que tiene Chile, ¿dónde ves hoy las mayores oportunidades para emprender?

 “Es difícil acotar, porque Chile tiene una agricultura muy diversa, de norte a sur. Pero diría que todos los procesos productivos están siendo cuestionados. Y ahí siempre hay oportunidades”.

—Dentro de ese escenario más amplio, ¿qué tipo de desarrollos o cruces tecnológicos te parecen más prometedores hoy?

 “Todo lo que cruza biotecnología, biología molecular e inteligencia artificial. Ahí está pasando algo muy fuerte. También el uso de imágenes satelitales y análisis de datos. Son mundos que antes estaban separados y hoy se están juntando”.

—¿Y cómo se traduce ese avance tecnológico en mejoras concretas en la productividad agrícola?

 “Te permite avanzar mucho más rápido. Antes no tenías esas herramientas. Hoy puedes identificar cosas que antes eran imposibles de ver”.

—En paralelo, y pensando en producir mejor, ¿qué tan relevante se vuelve el enfoque de economía circular?

 “Es clave. Tenemos que hacernos cargo de la huella que estamos dejando. Además, se conecta directamente con el tema de la eficiencia, con el producir más con menos”.

—En ese mismo eje, ¿cómo ves innovaciones que trabajan desde los residuos, como lo que impulsa Neogreen?

 “Totalmente. Todo lo que es transformar residuos en productos útiles es el mejor de los mundos. Estás generando valor desde algo que antes era un desecho”.

—Y en ese escenario más exigente, ¿cómo se posiciona hoy Chile en el agro global?

 “Chile tiene industrias globales muy relevantes: salmones, frutas, semillas, forestal. Ya no estamos tan atrás como antes. Hay áreas donde estamos al nivel o incluso adelante”.

—Finalmente, y volviendo al punto de partida, ¿qué le dirías a alguien que hoy está pensando en emprender en agricultura?

 “Que los límites se los pone uno y que lo más difícil, pero importante, es conocerse a uno mismo. Saber en qué eres bueno y en qué necesitas ayuda. Cuando logras esa claridad, avanzas mucho más rápido”.

2026

Lechería chilena: ¿hasta dónde llegará la intensificación?

La necesidad de producir más en una superficie limitada está impulsando la adopción de sistemas mixtos y estabulados. El médico veterinario y asesor Roberto Dünner analiza esta transformación y advierte que la competitividad futura dependerá de aprovechar las ventajas competitivas propias de cada predio.

Durante décadas, la imagen de la lechería chilena estuvo estrechamente ligada al pastoreo. Sin embargo, la creciente presión por producir más litros en una superficie limitada, junto con factores climáticos, económicos y de gestión, está llevando a muchos productores a replantear sus sistemas productivos.

Hoy, los modelos híbridos y estabulados ganan terreno en distintas zonas del sur del país, abriendo un debate sobre eficiencia, bienestar animal, sustentabilidad y rentabilidad.

Con una amplia trayectoria asesorando a importantes productores de las regiones de Los Ríos y Los Lagos, el médico veterinario Roberto Dünner ha seguido de cerca esta transformación.

En esta entrevista con Revista Coagra analiza las razones detrás de esta tendencia, los desafíos que implica y las oportunidades que podrían marcar el futuro de la lechería nacional.

—¿Cómo observa hoy la evolución del modelo pastoril y qué cambios estructurales están marcando al sector?

“Históricamente los sistemas han sido pastoriles, pero estos son cada vez más intensivos y comenzamos a ver sistemas híbridos con patios de alimentación de paso, estabulación parcial durante parte de la jornada en momentos específicos e incluso estabulación completa para algunos grupos.

Mientras la producción de leche crece levemente año a año, el número de productores disminuye, lo que se traduce invariablemente en más vacas por unidad de superficie.

Como ejemplo, la recepción de la industria mayor fue de 2.028 millones de litros en 2010 y de 2.371 millones de litros en 2025. Respecto del número de productores, existe un informe del Consorcio Lechero que indica 2.239 productores en 2018 y 2.036 en 2022. Por lo tanto, podríamos hablar de un crecimiento de la producción de un 1,1% anual, mientras que los productores disminuyen a una tasa de 2,2% anual.

Esto quiere decir que las vacas se están concentrando en menos productores a una tasa cercana al 1,1% por año, lo que obliga a analizar opciones de intensificación”.

—¿Cuáles son los principales factores productivos, climáticos, económicos o de gestión que están impulsando esta transición?

“Estamos obligados a analizar distintas opciones que hagan viable la intensificación. Esto significa soportar más vacas por hectárea y, normalmente, animales de mayor producción individual.

Creo que lo más importante al decidir de qué forma conducimos la intensificación es tener claras las ventajas competitivas del predio y, por supuesto, sus desventajas. Hay un lema de un legendario CEO de General Electric, Jack Welch que decía: ‘Si no tienes ventajas competitivas, no compitas’”.

Welch fue para muchos el mejor líder de su época. Como director general de General Electric, de 1981 a 2001, transformó una empresa conocida por sus electrodomésticos y bombillas a una corporación multinacional que se extendía a los servicios financieros y los medios de comunicación, además de los productos industriales”.

–¿Qué podemos llamar competitivo?

“Una ventaja competitiva es un atributo único y sostenible que permite a una empresa superar a sus rivales de manera consistente.

Una de las variables críticas para definir ventajas competitivas es la ubicación del predio y su disposición espacial. Esto generalmente está asociado al clima, a la disponibilidad de agua para riego y a la capacidad real de realizar un buen manejo del pastoreo por el diseño predial.

La ubicación también influye en la factibilidad de producir maíz para ensilaje en cantidad y calidad, así como de otros cultivos. Además, cuando el predio está cercano a centros poblados, las decisiones suelen estar fuertemente condicionadas por la comunidad aledaña”.

—Desde el punto de vista de la eficiencia productiva, ¿qué ventajas y desafíos presentan los sistemas de mayor confinamiento en comparación con los modelos tradicionales basados en pastoreo?

“Desde el punto de vista de la eficiencia, es decir, de la producción por vaca, de las vacas por hectárea y finalmente de los litros por hectárea, los sistemas con mayor confinamiento llevan la delantera.

Sin embargo, desde el punto de vista del margen por hectárea, estos sistemas no necesariamente son mejores. Dado que normalmente están asociados a vacas de mayor producción individual, dependen más de materias primas y concentrados, por lo que son menos resilientes.

En años en que la relación entre el precio de la leche y el costo de las materias primas es favorable, pueden generar altos márgenes. No obstante, cuando esa relación se estrecha o se invierte, son sistemas muy sensibles”.

—El bienestar animal es un aspecto cada vez más relevante para consumidores y productores. ¿Qué consideraciones deben tener las lecherías que avanzan hacia sistemas estabulados para asegurar altos estándares en esta materia?

“El diseño de los establos y de los free stall es fundamental y debe ser del más alto estándar. Los ahorros en esta materia terminan pasando la cuenta en el largo plazo.

Por otro lado, es muy relevante realizar un buen diseño del manejo de purines. Esto implica asociar el numero de ordeños que queremos hacer con la velocidad de ordeño de la sala, el tamaño de los grupos, el sistema de limpieza de patios y el sistema de irrigación de purines.

En todo el mundo, la capacidad de expansión de la lechería está determinada por las hectáreas disponibles para disponer estos purines.

En Irlanda, por ejemplo, la capacidad máxima se acaba de establecer en torno a 2,1 vacas por hectárea y, en un reciente viaje a Estados Unidos, observé relaciones similares, cercanas a una vaca por acre. Todo está determinado por los purines”.

—¿Cómo cambian las estrategias nutricionales y de alimentación en sistemas mixtos o estabulados, y cuáles son los principales desafíos para mantener la salud, productividad y longevidad del rebaño?

“En términos de desafíos, hay que tener presente que cualquier sistema que estabule vacas lecheras requiere una Declaración de Impacto Ambiental cuando se superan las 200 unidades animales durante 30 días o más.

En relación con la nutrición, como normalmente se trata de vacas de mayor mérito genético, existen varias implicancias: mayor participación de materias primas, utilización de PMR o TMR, mayor uso de aminoácidos protegidos, grasas by pass, aditivos y otras herramientas nutricionales.

En materia de salud, hay que considerar una mayor prevalencia de accidentes, problemas de sanidad mamaria y eventualmente cojeras, si no se realiza un manejo adecuado”.

—La implementación de estos modelos suele requerir inversiones importantes en infraestructura y equipamiento. ¿Qué elementos deberían evaluar los productores antes de tomar la decisión de avanzar hacia sistemas más intensivos?

“Hay que considerar que, cuando se estabula, se están invirtiendo cerca de tres millones de pesos por vaca. Si antes tenía 2,5 vacas por hectárea, significa que ahora tengo aproximadamente 7,5 millones de pesos más en capital invertido por hectárea.

El análisis correcto debería apuntar a buscar un retorno sobre el capital cercano al 10%, lo que implica generar un margen anual por hectárea superior en $750.000 respecto del que tenía anteriormente. Y eso no resulta tan fácil”.

—Pensando en los próximos diez años, ¿cómo imagina la lechería chilena del futuro y qué tecnologías o herramientas serán determinantes para mantener la competitividad del sector?

“Vuelvo al lema que expuse al comienzo de la entrevista: ‘Si no tienes ventajas competitivas, no compitas’”.

A mi parecer, existen países o zonas agroclimáticas que tienen ventajas competitivas muy superiores a las del sur de Chile para migrar hacia sistemas de confinamiento, salvo excepciones

Esto está dado especialmente por el acceso a materias primas de menor costo, producciones de maíz para ensilaje o grano significativamente mayores, disponibilidad de subproductos en cantidad, calidad y precios distintos, además de menores costos de infraestructura y tecnología.

Por lo tanto, sería muy cuidadoso en la toma de decisiones y, en primer lugar, explotaría nuestras propias ventajas competitivas”.

2026

Insumos para la lechería: riesgos y oportunidades para los próximos años

Los conflictos geopolíticos, los factores climáticos y la creciente intensificación de los sistemas productivos están redefiniendo el mercado de materias primas para alimentación animal. Guillermo Ruiz Tagle, Comercial Zona Sur de Graneles de Chile S.A., analiza los aspectos que hoy influyen en la disponibilidad, el abastecimiento y los precios.

Los mercados internacionales de granos y oleaginosas atraviesan un período de relativa estabilidad, aunque continúan expuestos a factores geopolíticos, climáticos y comerciales que pueden modificar rápidamente las condiciones de abastecimiento y precios. Al mismo tiempo, la lechería chilena avanza hacia sistemas productivos cada vez más intensivos, impulsando una mayor demanda de materias primas y subproductos para alimentación animal.

En este escenario, comprender las tendencias que marcan el mercado resulta clave para la toma de decisiones de productores y asesores. Sobre este tema conversamos con Guillermo Ruiz Tagle, Comercial Zona Sur de Graneles de Chile S.A., quien entrega su visión sobre la evolución de los principales insumos utilizados por la industria lechera, el impacto de los conflictos internacionales en el comercio global y los desafíos que enfrentará el sector en los próximos años.

1.    Del récord de cosechas a una posible recuperación de precios

Para Ruiz Tagle, los mercados de granos y oleaginosas han comenzado a estabilizarse luego de un período de ajustes a la baja, mostrando una tendencia relativamente estable, aunque con cierto sesgo alcista hacia el mediano plazo.

La liquidación de posiciones especulativas y la incertidumbre financiera explicaron gran parte de las correcciones observadas durante los últimos meses. Sin embargo, hoy el foco vuelve a estar puesto en los fundamentales del mercado, particularmente en las variables de oferta y demanda.

Entre los factores más relevantes destaca el récord de cosechas en Brasil y Argentina. La abundante oferta de maíz y soya proveniente de ambos países está presionando los precios FOB, contribuyendo a mantener valores competitivos en los mercados internacionales.

A ello se suma una demanda más moderada desde China, principal importador mundial de granos, lo que ha generado mayores saldos exportables y ha limitado presiones alcistas de corto plazo.

Otro elemento relevante es la normalización gradual de la logística internacional. La disminución de algunas tensiones en rutas estratégicas para el comercio marítimo ha contribuido a reducir costos asociados al transporte y mejorar las condiciones para países importadores como Chile.

No obstante, el especialista advierte que las proyecciones preliminares para la temporada 2026/27 apuntan a una menor producción global debido a ajustes en superficie sembrada y posibles riesgos climáticos, escenario que podría reducir los stocks finales y sostener una tendencia alcista de fondo.

2.    La geopolítica sigue influyendo en los costos

Aunque actualmente los mercados prestan mayor atención a los fundamentos productivos, los conflictos internacionales continúan teniendo efectos relevantes sobre el abastecimiento de materias primas.

Según explica Ruiz Tagle, tanto las tensiones en Medio Oriente como la prolongación del conflicto entre Rusia y Ucrania han impactado los costos de importación hacia Chile, afectando directamente las cadenas de suministro.

Uno de los efectos más visibles ha sido el aumento de las tarifas marítimas, que durante los últimos meses registraron incrementos de entre 20% y 25%, impulsados por mayores costos de combustible, primas de seguro y ajustes en la disponibilidad de flota.

A ello se suma un fenómeno menos visible, pero igualmente relevante: el desplazamiento de la demanda internacional hacia Sudamérica. Muchos países que tradicionalmente se abastecían desde la región del Mar Negro han incrementado sus compras en Brasil y Argentina, aumentando la presión sobre la oferta exportable de estos orígenes.

Como consecuencia, las bases en origen se han fortalecido y parte de los beneficios derivados de menores precios internacionales se han visto compensados por un mayor costo de acceso a la mercadería disponible.

“El mercado ya ha incorporado gran parte de esta incertidumbre geopolítica en los precios. Por eso, hoy los factores relacionados con la oferta, la demanda y la logística vuelven a tener un rol más determinante”, señala.

3.    Sudamérica, una ventaja para el abastecimiento de Chile

Pese a los riesgos inherentes al mercado, Ruiz Tagle considera que el escenario actual también presenta oportunidades relevantes para la lechería chilena.

En los últimos años, Sudamérica ha consolidado su posición como principal proveedor de materias primas para Chile. En particular, Argentina destaca por sus elevados volúmenes de producción, diversidad de productos y ventajas logísticas, factores que han permitido mantener un flujo constante de abastecimiento.

La creciente profesionalización de la industria lechera también ha impulsado estrategias de compra más eficientes y una mayor integración con los mercados internacionales.

Según explica el especialista, el aumento del consumo de materias primas por parte de sistemas productivos más intensivos ha llevado a los importadores a incrementar la frecuencia de los embarques hacia la zona centro-sur del país, generando una oferta más constante y reduciendo riesgos de desabastecimiento.

Asimismo, el desarrollo de herramientas de gestión comercial y estrategias de cobertura ha permitido a productores y empresas enfrentar de mejor manera la volatilidad de los mercados.

“La disponibilidad de producto entrega tranquilidad operativa, pero la clave está en aprovechar las oportunidades de compra cuando las condiciones son favorables”, comenta.

4.    Clima y demanda global marcarán el futuro

Al proyectar la evolución de los mercados durante los próximos años, Ruiz Tagle identifica tres factores principales: clima, ciclos agrícolas y geopolítica.

La creciente frecuencia de fenómenos climáticos extremos, como sequías prolongadas, lluvias fuera de temporada y variaciones bruscas de temperatura, está aumentando la incertidumbre productiva en las principales regiones agrícolas del mundo.

Esto obliga a los productores a incorporar nuevas tecnologías, mejorar la eficiencia de sus procesos y adaptarse a escenarios cada vez menos predecibles.

A nivel de mercado, la evolución de las siembras, los rendimientos y los stocks finales continuará siendo determinante para la formación de precios. En un contexto de márgenes más estrechos, pequeños cambios en la superficie cultivada pueden generar impactos significativos sobre la oferta global.

A ello se suma el rol de China, cuyo comportamiento seguirá siendo clave para los mercados internacionales. Variaciones en su demanda, en sus políticas de abastecimiento o en sus niveles de stock pueden provocar movimientos importantes en los precios de granos y oleaginosas.

“Estamos avanzando hacia un escenario donde la oferta es más incierta, la demanda más dinámica y los shocks externos más frecuentes. La volatilidad llegó para quedarse”, afirma.

5.    La intensificación de la lechería cambia las necesidades nutricionales

Mientras los mercados globales evolucionan, la propia lechería chilena también está viviendo una transformación profunda.

Los sistemas exclusivamente pastoriles han ido dando paso a modelos mixtos y estabulados, donde la nutrición adquiere una importancia creciente para alcanzar mayores niveles de productividad.

Ruiz Tagle sostiene que los productores gestionan hoy sus lecherías con una visión cada vez más empresarial, incorporando planificación, análisis de datos, innovación y decisiones estratégicas orientadas a maximizar la eficiencia.

Este proceso ha impulsado dietas más sofisticadas y de mayor costo, pero que permiten incrementar la producción de leche por vaca y mejorar parámetros clave como los sólidos lácteos.

Como consecuencia, la demanda de materias primas y subproductos para alimentación animal ha crecido de manera sostenida, fortaleciendo a su vez el flujo de importaciones y la disponibilidad de insumos en las distintas zonas productivas del país.

6.    Anticiparse será la principal ventaja competitiva

De cara a los próximos años, el especialista considera que uno de los principales desafíos será responder a requerimientos nutricionales cada vez más exigentes, propios de sistemas productivos de alta intensificación.

Para ello, será fundamental fortalecer la coordinación entre productores, asesores y proveedores de insumos, permitiendo anticipar cambios en las formulaciones nutricionales y aprovechar oportunidades comerciales en los mercados internacionales.

En este contexto, la planificación adquiere un valor estratégico. Identificar períodos de alta disponibilidad, como las cosechas de maíz en Argentina y Brasil, puede generar ventajas importantes en términos de costos y abastecimiento.

Finalmente, Ruiz Tagle enfatiza que la mejor herramienta para enfrentar la incertidumbre es la información. “Hoy existe acceso a múltiples fuentes de información y una mayor transparencia en los mercados. La recomendación es tomar decisiones informadas, diversificar momentos de compra y gestionar el riesgo de manera estratégica. No se trata de eliminar la volatilidad, sino de aprender a convivir con ella y aprovechar las oportunidades que genera”, concluye.

2026

Cómo la economía circular comienza a transformar el agro chileno

Distintas iniciativas están cambiando la forma en que el sector entiende sus desechos. Expertos coinciden en que esto dejó de ser una tendencia ambiental y comenzó a instalarse como una necesidad productiva, cultural y estratégica para el futuro del rubro.

Envases abandonados en predios, restos orgánicos enviados a rellenos sanitarios o subproductos industriales sin valorización formaron parte de una escena habitual en el mundo agro. Sin embargo, ese paradigma comienza a cambiar.

Impulsada por nuevas exigencias regulatorias, presión de los mercados internacionales y una creciente conciencia ambiental, la economía circular avanza con fuerza en la agricultura chilena. Aquí se destacan algunas iniciativas.

CampoLimpio: cerrar el ciclo de los envases agrícolas

Uno de los cambios más profundos que vive hoy el agro tiene relación con la manera en que entiende sus residuos. Para Francisca Gebauer, directora ejecutiva de CampoLimpio, la economía circular obliga a dejar atrás la idea de que el desecho representa el final del proceso productivo.

“Durante mucho tiempo, el residuo fue simplemente el fin del camino. La economía circular propone exactamente lo contrario: que no existe un fin, sino ciclos donde cada material puede reincorporarse”, plantea.

CampoLimpio nació hace más de 25 años, impulsado por la propia industria fitosanitaria, ante una problemática que comenzaba a hacerse evidente, con miles de envases de productos agrícolas que terminaban abandonados en campos y predios, sin un sistema formal para su manejo.

Con la entrada en vigencia de la Ley REP, la iniciativa evolucionó hasta convertirse en el único sistema de gestión de envases agroindustriales autorizado por el Ministerio del Medio Ambiente. Actualmente opera con una red de centros fijos y puntos móviles distribuidos a lo largo del país, donde los agricultores pueden entregar gratuitamente sus envases luego de realizar el Triple Lavado, procedimiento que permite transformar un residuo peligroso en un material reciclable.

Según Gebauer, uno de los avances más relevantes ha sido cultural. “Hoy hay productores que conocen el Triple Lavado, saben dónde está el punto de recolección más cercano y utilizan el sistema de manera habitual. Hace veinte años esa conversación prácticamente no existía”, afirma.

Sin embargo, advierte que aún existen desafíos importantes. La dispersión geográfica del agro chileno, las brechas de información y la necesidad de fortalecer la coordinación entre instituciones siguen dificultando una adopción más transversal.

Aun así, se muestra optimista respecto del futuro. “Veo un sector que avanza y madura en su comprensión de la sostenibilidad, entendiendo que competitividad y responsabilidad ambiental deben ir de la mano”, sostiene.

Infood Protein: residuos orgánicos convertidos en bioinsumos

La economía circular también comienza a abrir espacio a nuevas soluciones biotecnológicas dentro de la agricultura. Ese es el caso de Infood Protein, empresa fundada por tres científicos que decidieron mirar los residuos orgánicos desde otra perspectiva.

Fernando Jabalquinto, CEO de la compañía, explica que el punto de partida fue comprender que muchos desechos contienen valor aún no aprovechado. “Antes la pregunta era cómo deshacerse de un residuo. Hoy la pregunta es qué valor tiene eso que estoy botando”, señala.

La empresa trabaja con mosca soldado negro, un insecto capaz de transformar residuos orgánicos en proteína para alimentación animal y bioestimulantes agrícolas.

Más allá de la innovación tecnológica, Jabalquinto enfatiza que el principal cambio está en la lógica productiva. “La naturaleza no entiende el concepto de residuo; todo se transforma. El desafío es aprender a observar esos procesos y convertirlos en soluciones reales para la agricultura”, comenta.

En un contexto de cambio climático y presión sobre los recursos, cree que Chile tiene la oportunidad de posicionarse como un referente en agricultura tecnológica y circular. “Tenemos condiciones para exportar no solo fruta, sino también tecnología agrícola y conocimiento”, proyecta.

Neogreen: bioestimulantes desde la industria salmonera

Otra industria que comienza a integrarse a los ciclos productivos agrícolas es la salmonicultura. Desde Neogreen, empresa chilena dedicada al desarrollo de bioestimulantes, buscan transformar excedentes salmoneros en soluciones orientadas a regenerar suelos y fortalecer la resiliencia de los cultivos.

Francisco Ascui, CEO de la compañía, explica que la propuesta responde a dos problemáticas cada vez más visibles: la degradación de los suelos y el estrés climático que enfrentan las plantas.

“El agricultor hoy necesita producir más con menos agua y en condiciones mucho más exigentes”, señala.

Los productos desarrollados por Neogreen utilizan materia prima proveniente 100% de salmón chileno originalmente destinado a consumo humano. A partir de ese origen generan bioestimulantes ricos en aminoácidos, materia orgánica y compuestos activos que pueden aplicarse tanto al suelo como vía foliar.

Ascui destaca que el componente circular no es un relato accesorio, sino parte central del modelo. “Tomamos excedentes de la industria salmonera y los transformamos en un insumo que vuelve a la tierra. El ciclo se cierra de manera muy concreta”, afirma.

Aunque reconoce que todavía existen barreras culturales y desconocimiento respecto de este tipo de soluciones, asegura que la demanda por herramientas más sostenibles seguirá creciendo, impulsada tanto por los mercados internacionales como por las propias necesidades productivas del agro.

“El productor primero mira resultados y costos, pero cada vez hay más presión desde exportadoras, retailers y consumidores sobre cómo se producen los alimentos”, comenta.

ProREP: articular la cadena para reciclar más

Desde la mirada de los sistemas de gestión, Lucile Richard, jefa de economía circular de ProREP, sostiene que avanzar hacia una economía circular requiere coordinación entre empresas, sistemas de gestión, autoridades y generadores.

A su juicio, la Ley REP abrió una conversación que antes prácticamente no existía, obligando a las compañías a revisar sus estrategias y asumir responsabilidad sobre los residuos que generan directa o indirectamente.

“Las empresas comprometidas han iniciado un trabajo profundo en toda su cadena de valor, instalando capacidades internas y desarrollando proyectos que permitan minimizar impactos”, explica.

Sin embargo, advierte que el agro aún enfrenta desafíos relevantes para avanzar hacia una gestión realmente circular y eficiente. El principal, asegura, sigue siendo la educación.

“Los residuos deben ser tratados como materiales desde el momento en que se generan, siendo correctamente segregados y almacenados para conservar su reciclabilidad”, plantea.

Para avanzar, ProREP trabaja actualmente en distintos proyectos orientados a la valorización de residuos que hoy no cuentan con soluciones de reciclaje espontáneo, incluyendo las campañas piloto AgroCircular, de la cuales Coagra ha sido parte, para la valorización de sacos y maxisacos agrícolas. La iniciativa ya suma dos pilotos que superaron las expectativas y actualmente prepara una tercera versión para noviembre.

El objetivo es reincorporar polipropileno de buena calidad a la cadena productiva, evitando que estos materiales terminen quemados o degradándose en suelos y cursos de agua.

Richard considera que el avance de la economía circular requerirá fortalecer simultáneamente la infraestructura, la fiscalización y la capacitación. “Es un cambio muy profundo y progresivo, donde cada eslabón de la cadena debe adaptarse”, sostiene.

Talca: compostaje urbano para devolver vida al suelo

La economía circular también comienza a instalarse desde los territorios. En Talca, el municipio impulsa una planta de compostaje que busca transformar residuos orgánicos domiciliarios y restos vegetales en compost para áreas verdes y uso agrícola.

Mariana Fuentes, directora de planificación municipal, explica que el proyecto forma parte de una estrategia de sostenibilidad iniciada hace varios años, incluso antes de la entrada en vigencia de varias normativas ambientales.

La iniciativa comenzó con programas de reciclaje domiciliario y posteriormente evolucionó hacia el tratamiento de residuos orgánicos, considerando que más del 50% de la basura generada en los hogares corresponde a este tipo de material.

Actualmente, el piloto trabaja principalmente con residuos provenientes de la Macroferia de Talca y podas urbanas. Solo durante noviembre y diciembre de 2025, la planta procesó 119 toneladas de residuos orgánicos.

“La idea es que esos residuos vuelvan convertidos en sustrato útil para áreas verdes y, más adelante, también para los vecinos”, explica.

La planta funciona mediante un sistema de ventilación forzada que acelera el proceso de compostaje, reduciendo los tiempos de transformación desde nueve meses a cerca de dos meses.

Fuentes subraya que uno de los mayores aprendizajes ha sido entender que la economía circular requiere cambios de hábitos y procesos de largo plazo. “La comunidad necesita certezas, educación y soluciones concretas. Cuando eso ocurre, las personas se involucran”, afirma.

2026

La regeneración biológica del suelo será clave para la agricultura del futuro

La reconocida bióloga mexicana Armenia Velázquez, referente internacional en microbiología agrícola y regeneración de suelos, conversó en exclusiva con Revista Coagra sobre los desafíos que enfrenta la agricultura frente al deterioro del suelo, la pérdida de biodiversidad y el avance del estrés climático. “Se estima que cada cinco segundos perdemos un área equivalente a un estadio de fútbol”, alerta.

La microbiología agrícola todavía era un territorio poco explorado cuando Armenia Velázquez decidió orientar allí su carrera. Formada como bióloga y especialista en microbiología, la investigadora mexicana comenzó vinculada principalmente al trabajo científico en laboratorio, hasta que durante sus estudios de posgrado se integró a un proyecto relacionado con agricultura y manejo postcosecha. Ese acercamiento terminó redefiniendo por completo su camino profesional.

Nacida en Sinaloa, una de las regiones agrícolas más importantes de México, Velázquez encontró en el suelo un espacio donde convergen ciencia, producción y sostenibilidad. “Me hablaron del sistema agrícola como un ecosistema. Era un lenguaje que yo entendía desde la biología, pero que en la agricultura era nuevo”, comenta.

A partir de esa experiencia, comenzó a profundizar en el estudio de los microorganismos aplicados a la agricultura, área en la que hoy es reconocida internacionalmente por su trabajo en regeneración de suelos y manejo biológico.

Su trayectoria combina investigación, desarrollo de soluciones agrícolas y trabajo directo con productores en distintos países de Latinoamérica.

Hace 15 años fundó Abiosa junto a su esposo, empresa especializada en producción de microorganismos para uso agrícola, y posteriormente creó Vida del Suelo, plataforma enfocada en formación y divulgación sobre microbiología aplicada.

En conversación exclusiva con Revista Coagra, Armenia Velázquez analiza los principales desafíos que enfrenta hoy la agricultura frente al deterioro de los suelos y plantea la necesidad de avanzar hacia sistemas productivos más resilientes y biológicamente activos.

En la actualidad se ha difundido mucho más el problema de la degradación del suelo, porque más de la mitad de los suelos a nivel mundial presentan algún tipo de deterioro. La pérdida actual del recurso suelo es muy significativa: se estima que cada cinco segundos perdemos un área equivalente a un estadio de fútbol”, alerta.

—Hoy se habla mucho de la degradación de suelos. Desde la microbiología, ¿cuáles son las principales señales de alerta que deberían observar los productores para detectar un deterioro temprano?

“Entre las principales señales de alerta que recomendaría observar están la pérdida de materia orgánica, cuando el porcentaje disminuye año tras año sin capacidad de recuperación durante al menos tres ciclos productivos. También la pérdida de biodiversidad microbiana, ya que un suelo diverso es más resiliente, sano y productivo, y logra recuperarse con mayor rapidez frente a distintos tipos de estrés, como sequías, temperaturas extremas o incidencia de plagas.

Otro indicador importante es la pérdida de estructura del suelo, lo que afecta directamente el desarrollo radicular, la retención de humedad y la disponibilidad de nutrientes”.

—¿Cómo puede una estrategia de manejo integrada, que combine nutrición, microbiología y bioestimulación, contribuir a recuperar la funcionalidad del suelo y mejorar la productividad?

“Estos tres factores son clave para recuperar la vitalidad de un suelo. La nutrición debe ser de precisión, evitando excesos y procurando cubrir las necesidades específicas del cultivo en cada etapa fenológica.

Esa fertilización racional tiene que ir de la mano con los factores microbiológicos. Muchas veces ocurre que un cultivo muestra signos de deficiencia de zinc, por ejemplo, aunque el análisis indique que el suelo sí contiene suficiente cantidad del nutriente. Entonces se piensa que el problema está en la fuente fertilizante o en la forma de aplicación, pero aun corrigiendo esos aspectos, la deficiencia persiste.

Si se realizara un análisis de fertilidad biológica del suelo, probablemente se encontraría una baja presencia de microorganismos solubilizadores de zinc, que son los encargados de transformar y movilizar ese nutriente para que la planta pueda asimilarlo.

Por eso, cuando se combina una aplicación eficiente de nutrientes, microorganismos que facilitan su disponibilidad y bioestimulación para generar raíces nuevas y activas, la corrección de las deficiencias se vuelve mucho más eficiente. Esta tríada entre nutrición, microbiología y bioestimulación puede contribuir a reducir la dependencia de fertilizantes químicos, aumentar la productividad y fortalecer la resiliencia de los agroecosistemas”.

—En los últimos años ha crecido el interés por los productos biológicos. ¿Qué condiciones son clave para que estas herramientas realmente generen resultados positivos en campo?

“Para obtener resultados positivos en campo es fundamental entender que los productos biológicos funcionan de manera distinta a las herramientas químicas convencionales. El mecanismo de acción de un insecticida químico es completamente diferente al de un bioinsecticida, y por eso también cambian los métodos de aplicación, los programas de manejo y los procesos de seguimiento y validación.

Además, es esencial tener claridad respecto al objetivo que se busca. Hay que saber si el microorganismo que se aplicará realmente es eficiente para controlar la plaga específica que queremos manejar.

También es importante entender que un solo producto biológico no resolverá por sí solo una problemática compleja ni regenerará un agroecosistema completo. Muchas veces, por ejemplo, se utiliza Bacillus thuringiensis para controlar una plaga determinada, pero se ha visto que el uso de consorcios microbianos puede ser mucho más eficiente. Al combinar distintas cepas —como hongos entomopatógenos y bacterias bioplaguicidas— se suman diferentes mecanismos de acción y tiempos de respuesta, ampliando el espectro de control y aumentando las probabilidades de éxito”.

—¿Qué rol cumple la materia orgánica en la eficiencia de los programas agrícolas y cómo interactúa con los microorganismos benéficos del suelo?

“La materia orgánica es indispensable en cualquier proceso de regeneración de suelos. Como mencionaba antes, uno de los principales indicadores de degradación es justamente su pérdida.

Se estima que un suelo sano debería tener en promedio un 5% de materia orgánica y que, de esa proporción, cerca de un 10% corresponde a microorganismos. Por lo tanto, perder materia orgánica equivale también a perder vida microbiana.

Por eso, en todo programa de manejo agrobiológico se debe considerar la incorporación de materia orgánica mediante fuentes complejas de carbono, como ácidos húmicos y fúlvicos, tés de compost, lombricompost o compostas térmicas.

Junto con incorporar materia orgánica, también es necesario implementar prácticas que permitan conservarla y evitar su pérdida. Optimizar las labores de labranza, reincorporar restos de cosecha y mantener el suelo protegido con cultivos de cobertura son algunas de las estrategias que pueden contribuir significativamente a su conservación”.

—Frente a escenarios de estrés hídrico y climático, ¿de qué manera la microbiología y los bioestimulantes pueden ayudar a fortalecer la resiliencia de los cultivos?

“Los bioestimulantes, ya sean microbianos o compuestos orgánicos, son esenciales para aumentar la resiliencia de los cultivos frente a los efectos del cambio climático. Eso hoy está respaldado tanto por estudios científicos como por la experiencia de productores en campo.

Un suelo con alta biodiversidad, buena estructura y adecuado contenido de materia orgánica retiene más humedad y puede resistir mejor períodos prolongados de sequía. Y frente al escenario contrario, como lluvias intensas o inundaciones, esos mismos atributos ayudan a que la planta sobreviva.

En un suelo inundado, uno de los principales problemas es la falta de oxígeno en la raíz. Sin embargo, cuando existe alta biodiversidad microbiana, buena porosidad y presencia de materia orgánica, el agua logra infiltrarse y mantenerse en la zona radicular sin generar daños tan severos. Además, los microorganismos ayudan a la planta a tolerar mejor ese estrés mediante procesos de bioestimulación.

En definitiva, si queremos cultivos más resilientes, debemos enfocarnos en regenerar los suelos y, especialmente, en recuperar su vida biológica”.

—Desde tu experiencia, ¿cómo imaginas la agricultura del futuro en términos de manejo del suelo y qué tecnologías o enfoques serán cada vez más relevantes?

“El futuro de la agricultura es muy desafiante e incluso, hasta cierto punto, intimidante. Los recursos naturales son finitos y los estamos agotando rápidamente. Por ejemplo, se estima que hacia 2030 las reservas mundiales de fósforo podrían entrar en números negativos, y el fósforo es esencial para toda forma de vida.

Estamos entrando en una etapa marcada por la escasez de recursos como agua, suelo, nutrientes y materia orgánica, mientras la demanda alimentaria sigue creciendo.

Por eso, veo un futuro agrícola posible únicamente si la conservación del suelo, el agua y la materia orgánica se convierte en prioridad para los sistemas productivos. Debemos avanzar hacia prácticas orientadas a recarbonizar y remineralizar los suelos. Y, sobre todo, entender que el suelo está vivo y que de esa vida depende también la nuestra”.

2026

Entre más lluvias y mayor variabilidad: el escenario que enfrentará el agro este invierno

Las proyecciones apuntan a un invierno con precipitaciones dentro o sobre lo normal desde la zona centro-sur hacia el sur, temperaturas más altas y alta variabilidad. Expertos coinciden en que no será un año seco, pero llaman a seguir de cerca la evolución del clima.

El invierno 2026 se perfila con mayor disponibilidad de agua en varias zonas agrícolas del país. Sin embargo, la combinación de señales climáticas —incluido un posible desarrollo de El Niño— y un contexto de alta incertidumbre obligan a mirar el pronóstico con cautela y a ajustar decisiones en función de cómo evolucione la temporada.

Aunque los modelos climáticos entregan tendencias más que certezas, hay algunas señales que comienzan a alinearse. Desde una perspectiva de gran escala, el climatólogo Raúl Cordero plantea que “lo más probable es que, especialmente durante el segundo semestre del año, esté marcado por el desarrollo del fenómeno de El Niño”, lo que suele traducirse en “precipitaciones sobre lo normal en la zona centro y centro sur de Chile”.

En ese contexto, agrega, el escenario más probable es de “temperaturas y precipitaciones por sobre lo habitual”.

Desde la Dirección Meteorológica de Chile, Catalina Medina, de la Oficina de Servicios Climáticos, complementa que “desde la región del Maule hasta Magallanes se esperan precipitaciones en rangos normales a sobre lo normal”, mientras que entre Coquimbo y O’Higgins “se estiman precipitaciones acumuladas en rangos normales a bajo lo normal”.

Más que un invierno homogéneo, lo que se configura es un país dividido en términos de disponibilidad hídrica, con mejores perspectivas hacia el sur y mayor incertidumbre en la zona centro.

Primavera lluviosa

Si bien la posibilidad de lluvias por sobre lo normal puede leerse como una buena noticia tras años de déficit, su distribución en el tiempo también importa. Cordero advierte que el fenómeno de El Niño tiende a intensificarse hacia fines de año, por lo que “podríamos tener más que un invierno particularmente lluvioso, una primavera con mayores precipitaciones”.

Para la agricultura, ese matiz no es menor. Excesos de agua en primavera pueden complejizar manejos, afectar floraciones o interferir en cosechas, dependiendo del cultivo.

En esa misma línea, Medina señala que, si bien el pronóstico estacional no permite anticipar eventos específicos, “los eventos de precipitaciones intensas suelen concentrarse en períodos acotados, especialmente entre las regiones del Maule y Los Lagos”, lo que obliga a no perder de vista la ocurrencia de episodios puntuales de alto impacto.

Temperaturas más altas, heladas menos frecuentes

En paralelo, las temperaturas seguirán una tendencia al alza. Cordero explica que El Niño “también empuja las temperaturas al alza”, lo que hace probable un invierno más cálido de lo habitual. En ese contexto, afirma que “sería sorpresivo que este fuera un año con una alta frecuencia de heladas”.

Sin embargo, eso no implica su ausencia. Medina precisa que, entre Valparaíso y Los Lagos, “se anticipan amaneceres más fríos de lo habitual”, lo que mantiene vigente el riesgo de heladas en la zona centro-sur, especialmente tras el paso de sistemas frontales.

Se trata, en definitiva, de un escenario donde conviven tendencias cálidas con eventos fríos puntuales, una combinación que exige atención fina por parte de los productores.

Ambos especialistas llaman a la cautela. Los pronósticos estacionales, coinciden, no permiten definir escenarios cerrados.

“Todos los pronósticos estacionales están sujetos a incertidumbre”, advierte Cordero, quien además subraya que sería “extraordinariamente sorpresivo” enfrentar un año seco, reforzando la idea de que no se espera un escenario hiperárido.

Desde la Dirección Meteorológica, Medina complementa que “estos pronósticos deben interpretarse como tendencias generales y no como predicciones determinísticas”, recomendando incorporar un monitoreo continuo para la toma de decisiones.

En esa tarea, el océano vuelve a ser protagonista. Cordero destaca la importancia de seguir la evolución del indicador ONI y advierte que “si el fenómeno se desarrolla rápidamente, es probable que el año termine con precipitaciones relativamente altas”. Medina, en tanto, apunta a la temperatura superficial del mar en el Pacífico ecuatorial como indicador del estado del ENOS, junto con el seguimiento de sistemas frontales y reportes oficiales.

2026

Eficiencia y mejor gestión son claves para contener impacto del conflicto en Medio Oriente

El escenario internacional presiona costos y tensiona la planificación agrícola. Frente a ello, productores, gremios y autoridades coinciden en la necesidad de optimizar recursos, mejorar la productividad y fortalecer la información para sostener la actividad.

El conflicto en Medio Oriente comienza a sentirse en la agricultura a través de múltiples canales. No se trata de un solo factor, sino de una combinación de aspectos que impactan la operación diaria y las decisiones de mediano plazo.

“Tenemos efectos directos, como el alza de los fletes marítimos, que incluso se produjo antes de que el ministro de Hacienda anunciara el aumento del precio del petróleo. Luego vienen los efectos indirectos, como la subida de los combustibles, los fertilizantes y la logística”, señala Víctor Catán, presidente de Fedefruta.

En esa misma línea, Antonio Walker, presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA), advierte que “hoy el impacto se está sintiendo principalmente por la vía de los costos de los insumos y la logística”, lo que “termina estrechando márgenes y afectando la competitividad del sector”.

Más eficiencia

Ante este escenario, la respuesta inmediata del sector se está concentrando en la gestión interna de los predios. La eficiencia en el uso de recursos aparece como una de las principales herramientas para enfrentar la incertidumbre.

“Hay que ser responsables, porque el combustible tiene una incidencia importante en los costos productivos. También está la capacidad y responsabilidad de los productores para acotar ese impacto”, plantea Catán.

En concreto, esto se traduce en ajustes operativos. “Una medida es reducir el uso de combustible en ciertas labores o incluso eliminarlas”, explica, junto con precisar que “si se utilizan productos biológicos como feromonas, se podría prescindir del uso de maquinaria para aplicaciones de insecticidas químicos”, ejemplifica Catán.

También se sugiere revisar las labores tradicionales. “Si no es estrictamente necesario usar rastras u otros implementos, es mejor no hacerlo. O bien, esperar momentos más propicios, como después de lluvias, cuando el suelo está más blando, para reducir el consumo de petróleo por hectárea”, plantea Catán.

Desde la mirada sectorial, esta lógica se refuerza. La directora (s) de Odepa, Daniela Acuña, señala que “se enfatiza la necesidad de mejorar la eficiencia en el uso de fertilizantes en función de los requerimientos productivos y las condiciones de suelo”.

También se promueve la adopción de prácticas de manejo que optimicen la nutrición de los cultivos.

“Estas acciones contribuyen a disminuir la exposición a la volatilidad de precios internacionales y a mejorar la sostenibilidad económica de los sistemas productivos. En otras palabras, se requiere un esfuerzo importante de mejora de la productividad. La estrategia para estos escenarios complejos es realizar consistentes mejoras en la productividad sectorial”, añade Acuña.

En paralelo, algunas tendencias, dice Catán, podrían consolidarse. Una de ellas es el uso de energías renovables. “Ha crecido el uso de energía fotovoltaica en muchos campos, y es probable que ese desarrollo se intensifique”, señala, en línea con una búsqueda de mayor eficiencia energética.

Anticiparse

En un escenario dinámico, la capacidad de anticiparse cobra especial relevancia. La planificación de compras, la revisión de costos y la coordinación aparecen como herramientas clave para enfrentar la volatilidad.

“En el corto plazo, lo más importante es fortalecer la planificación de compras y costos, revisar con anticipación el abastecimiento de insumos críticos”, señala Walker.

Para los productores más pequeños y medianos, la anticipación es crítica, “porque son quienes tienen menos margen para absorber shocks externos. Desde la mirada gremial, además, se vuelve fundamental acompañarlos con información oportuna y herramientas que les permitan tomar decisiones antes de que el impacto llegue con mayor fuerza a la próxima temporada. Esta preocupación es especialmente relevante porque la gran mayoría de los productores en Chile son pequeños y medianos”, dice Walker.

A nivel institucional, el énfasis está puesto en el acceso a información oportuna. “El Ministerio de Agricultura a través de la Odepa realiza un monitoreo permanente de las condiciones internacionales y nacionales del mercado de fertilizantes para, por un lado, ofrecer la mayor información disponible a los agricultores para que tomen decisiones de producción de manera informada”, explica Acuña.

Asimismo, destaca que “resulta relevante fortalecer la coordinación entre actores públicos y privados, con el objetivo de facilitar el seguimiento del mercado y una adecuada toma de decisiones en un contexto internacional dinámico”.

Junto con ello, desde el mundo productivo también se pone el foco en otros costos estructurales que inciden en la actividad. Catán señala que “el Ejecutivo puede colaborar con medidas que tengan impacto en la seguridad rural, ya que también tiene un costo muy alto en el sector”.

Entre las medidas que la SNA ha planteado están aliviar costos energéticos, revisar mecanismos que permitan mitigar el impacto del diésel en la actividad agrícola, y apoyar especialmente a los pequeños productores. “Son quienes tienen menos capacidad para absorber estas alzas. También se ha planteado la importancia de medidas paliativas en materia de energía, empleo y costos operacionales, porque el agro no puede seguir absorbiendo por sí solo una sucesión de shocks externos. Proteger al sector no es defender un interés particular: es resguardar empleo, abastecimiento de alimentos, actividad regional y capacidad exportadora”, sostiene Walker.

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