Las precipitaciones de las últimas semanas dejan un escenario favorable para enfermedades, pérdida de nutrientes y estrés radicular. Especialistas explican qué revisar en el huerto y cuáles son las decisiones que no pueden esperar.
Las lluvias son bienvenidas tras períodos de déficit hídrico, pero cuando caen con intensidad, como en las últimas semanas, también dejan una serie de desafíos para la agricultura.
Los suelos saturados de agua, ventanas de manejo más estrechas y una mayor presión de enfermedades obligan a los productores a actuar con rapidez y criterio técnico. Por lo mismo, las semanas posteriores a las precipitaciones son decisivas para evitar pérdidas productivas.
Así lo plantean especialistas en sanidad vegetal, manejo agronómico y nutrición de suelos, quienes coinciden en que las prioridades deben centrarse en prevenir infecciones, recuperar la funcionalidad del suelo y evaluar cuidadosamente el estado de las plantas antes de retomar las labores habituales.
Más presión de enfermedades

Las precipitaciones favorecen la propagación de hongos y bacterias de la madera. José Ignacio Tagle, encargado técnico de Tavan Chile y Perú, explica que “el agua actúa como un vehículo movilizador de estos patógenos, que pueden ser movidos desde un punto de la planta hacia otro”.
El problema, agrega el especialista, no es solo la mayor presencia de inóculo. También se generan dificultades para ingresar a los predios y realizar aplicaciones preventivas en el momento oportuno. “En esta época además coincide la poda, que representa un punto crítico para el ingreso de enfermedades”, señala.
Por eso, recomienda adelantar las podas cuando exista pronóstico de lluvias intensas y proteger especialmente los cortes de mayor tamaño. En heridas menores, sostiene que las aplicaciones preventivas permiten disminuir las poblaciones de hongos y bacterias y lograr un mejor cubrimiento de los cortes.
En invierno muchas infecciones pasan inadvertidas. Sin embargo, Tagle explica que durante la brotación aparecen señales que permiten evaluar cómo enfrentó la planta la temporada. “En cerezos, un parámetro fácil de identificar es la emisión de goma en troncos, ramas y yemas. Si aparece este síntoma hay que tomar acciones rápidas, porque indica una presión importante de algún hongo o bacteria”.
Otro error frecuente, advierte, es mantener el mismo programa sanitario después de un invierno excepcionalmente lluvioso. “Muchas veces los productores siguen un programa estándar y no le toman el peso a que la carga patógena suele ser mayor que en un invierno normal”, dice, situación que puede traducirse en ataques severos durante la brotación y la floración.
Recuperar el suelo

Si los daños sanitarios son visibles, los efectos sobre el suelo suelen pasar más desapercibidos.
Nicolás Lake, gerente comercial de Neogreen, explica que las lluvias intensas producen dos efectos simultáneos. “El agua funciona como una especie de lavado: arrastra los nutrientes lejos de donde la raíz los puede alcanzar. Al mismo tiempo ocupa el espacio que antes tenía aire, entonces la raíz literalmente se asfixia”, grafica.
Incluso cuando parte de los nutrientes permanece en el perfil, la planta puede ser incapaz de absorberlos. Si el suelo permanece saturado durante varios días, agrega, también se pierde nitrógeno hacia la atmósfera en forma de gas.
Los primeros nutrientes en perderse son nitratos, sulfatos y boro. En suelos arenosos también pueden disminuir potasio, calcio y magnesio, afectando posteriormente la calidad de la fruta, mientras que el fósforo puede perderse cuando las lluvias provocan erosión superficial.
Antes de pensar en fertilizar, Lake insiste en evaluar primero el estado del suelo y de las raíces. “No aplicar nada a ciegas; primero hay que ir a mirar”, resume.
Su recomendación es realizar calicatas, verificar que el suelo haya drenado completamente y medir los nitratos disponibles antes de definir cualquier estrategia nutricional. Si las raíces presentan tejidos negros o blandos, aconseja esperar la aparición de nuevas raicillas activas antes de reponer nutrientes.
Hay que prevenir

Para Jordi Casas, asesor de frutales, la primera labor una vez terminadas las lluvias es revisar el huerto y eliminar rápidamente las acumulaciones de agua, especialmente alrededor del cuello de las plantas.
Explica que, mientras más avanzada esté la brotación, mayor será el riesgo de asfixia radicular y de ingreso de hongos que producen pudriciones de raíces. En la parte aérea ocurre algo similar, dice, pues “en la medida que exista tejido verde expuesto y agua libre sobre este, existe riesgo de entrada de bacterias”.
Por eso insiste en que la intervención no debe esperar a que aparezcan síntomas visibles. “La observación del estado de los tejidos tanto en la corteza como en las raíces no es completamente determinante; muchas veces ya es tarde para reaccionar con acciones correctivas”, asegura.
Además, recomienda hacer labores como podas, raleos o nuevos riegos tras comprobar, mediante calicatas y evaluación de humedad, que el suelo ha recuperado condiciones adecuadas.
Los tres especialistas coinciden en que después de lluvias intensas no es recomendable continuar con el mismo manejo de una temporada normal.
Revisar el estado sanitario del huerto, evaluar la condición de las raíces, verificar la humedad del suelo y ajustar los programas preventivos son decisiones que deben tomarse antes de retomar las labores habituales, plantean.






