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2026

Tecnificación con estrategia: el desafío del riego agrícola en Chile para la próxima década

Aunque la escasez hídrica sigue presente, especialistas coinciden en que el verdadero salto pendiente no es solo tecnológico. El desafío está en usar los datos, la automatización y los sistemas de riego con planificación estratégica, mayor profesionalización y toma de decisiones informada para elevar productividad y eficiencia en el agro.

El manejo del agua sigue siendo un eje de la competitividad agrícola en Chile, pero la discusión ya no se limita al volumen disponible. El país avanza en tecnificación, aunque todavía solo alrededor del 29% de la superficie agrícola cuenta con sistemas modernos de riego. El sector frutícola lleva la delantera. Datos de la Biblioteca Digital del CIREN indican que alrededor del 48.2% de la superficie con frutales usa riego mecanizado (goteo y microaspersión), aunque varía significativamente por región.

En los predios donde sí existe infraestructura, el desafío es otro: utilizarla con estrategia. Andrés Olivos, gerente técnico de Olivos y especialista en riego, sostiene que en la mayoría de los campos no existe un plan claro que defina cómo y con qué objetivos se riega cada temporada.

“La mayoría de los agricultores sabe que el riego representa entre el 70% y el 90% del éxito productivo, pero le dedican apenas un 15% del tiempo de gestión”, advierte, señalando una brecha entre la importancia que se le atribuye al agua y el tiempo real que se invierte en manejarla de manera informada.

Olivos también sostiene que uno de los problemas más frecuentes es la adopción de tecnología antes de definir la estrategia de riego. Chile, señala, es rápido para incorporar sensores, medidores o plataformas digitales, pero no siempre existe un objetivo productivo claro para orientarlos.

“Si no hay estrategia previa, la tecnología queda subutilizada. Muchos, recién al final de la temporada, miran los datos y se dan cuenta de que regaron 30% más o 20% menos, pero ya es tarde para corregir”, explica.

El problema no estaría, como se cree, en los operadores de riego, sino en los niveles de administración y jefatura, que aún no consideran el riego como una decisión estratégica al mismo nivel que la nutrición, la sanidad o la planificación de cosecha.

Experiencia desde el campo

Sergio Massai, gerente de Más Fruits y productor de cerezas, uva y semillas, coincide plenamente. Desde su experiencia, sostiene que la brecha no es solo tecnológica, sino cultural.

“Muchas veces la inversión se hace en equipos de alto nivel que luego terminan siendo operados por personas poco capacitadas, y cuando empiezan las fallas, no se corrige el sistema, sino que se improvisa. Después llega el dueño o el gerente y el problema fue simplemente que la planta no recibió el agua que necesitaba”, señala.

Para él, el verdadero avance está en la capacidad de auditar el campo en tiempo real, desde un computador o un teléfono, sabiendo cuánto se está regando, cuánta evapotranspiración se debe reponer, si existe una fuga, si el filtro necesita limpieza o si una matriz falló.

“Una hora de bomba adicional significa un costo energético real, y ser precisos en el riego impacta en todas las áreas del predio”, afirma Massai.

Massai comenta que en su caso el uso de plataformas digitales ha permitido modernizar sus operaciones en distintos valles. Sensores, estaciones meteorológicas interconectadas, control remoto de válvulas y sistemas de alerta han transformado el riego desde una labor operativa a una tarea de control de procesos, en los cuáles él está muy involucrado. 

Desde su celular, por ejemplo, puede ver todos los cuarteles, planificar riegos nocturnos, organizar turnos sin depender de un operador presente y reducir las horas de parada cuando se presenta una falla. “Es un cambio que también libera al campo de depender exclusivamente de la disponibilidad laboral, un factor que cada temporada se vuelve más crítico”, agrega.

Datos para mejores decisiones

Aunque se habla mucho de automatización, ambos coinciden en que la próxima revolución vendrá con la incorporación de inteligencia artificial. Sin embargo, esta tecnología aún no está plenamente integrada al riego chileno, no porque falten herramientas, sino porque el sector todavía no ha construido el piso necesario para sacar provecho de ella.

“¿De qué sirve un sistema que recomienda y ajusta decisiones automáticamente si la estrategia base no está clara o si los administradores no están involucrados?”, advierte Olivos. Massai coincide, señalando que la IA llegará, pero será efectiva solo cuando exista una cultura de manejo técnico consistente y basada en datos reales.

Como sintetiza Massai, “la agricultura moderna exige menos intuición y más información. Cuando eso ocurre, los resultados se ven en todos los niveles del campo”.

2026

Padre e hijo unen talentos y crean tecnología para mejorar la eficiencia del riego tecnificado

Sergio Carvallo, experimentado asesor, y Nicolás, ingeniero especializado en tecnología, se unieron para enfrentar un problema que se repite: miles de hectáreas cuentan con este sistema para regar, pero su operación aún depende de la intuición y no de datos. Por eso, crearon un sistema de precisión que permite monitorear cada válvula en tiempo real, detectar fallas y asegurar que la inversión instalada se traduzca en resultados.

Cuando Sergio Carvallo comenzó su carrera profesional en riego, a fines de los años 70, la lógica era simple: se abría la válvula, se calculaban las horas y se confiaba en la experiencia del operador. La calicata era el veredicto final. Si el suelo estaba húmedo, el riego había sido bueno; si no, había que ajustar. “Era otra realidad; había agua y muy pocos se preguntaban cuánta eficiencia se podía lograr”, recuerda.

Hoy el contraste es evidente. Chile ha invertido y tecnificado miles de hectáreas, pero en demasiados campos la operación sigue dependiendo de la intuición. No siempre se mide presión, caudal, apertura de válvulas o cumplimiento de los turnos programados. Y sin esa información, es difícil asegurar que la inversión rinda en producción.

Sergio conoce esta brecha mejor que nadie. Ingeniero agrónomo de la Universidad Católica, con especialidad en riego, suelos y nutrición, ex jefe nacional de Riego de INDAP y uno de los pocos asesores en Chile dedicados exclusivamente a esta disciplina, ha visto la misma escena repetirse en grandes frutícolas, predios medianos y pequeños agricultores: sistemas modernos que, operados sin control permanente, no entregan su verdadero potencial.

Su hijo, Nicolás Carvallo, creció escuchando ese diagnóstico. Sin embargo, eligió entrar al problema desde otro ángulo: la tecnología. Ingeniero Civil Industrial Eléctrico de la Universidad Católica y Master of Science en Telecomunicaciones del Instituto Tecnológico de Turín, Italia, comenzó preguntándose por qué la industria aceptaba como “inevitable” algo que se podía medir. Si en tantos campos las pérdidas de eficiencia se repetían, ¿por qué no automatizar su detección en lugar de depender únicamente del operador?

De esas preguntas surgió el proyecto que luego se transformó en Telaqua, empresa fundada por Nicolás en Francia y representada en Chile por Agromonitoreo SpA, que él y Sergio crearon juntos. No se trató de una idea de laboratorio, sino del cruce natural entre la vida profesional de su padre en terreno y el desarrollo de soluciones tecnológicas. “Hay un cambio generacional en el campo”, dice Nicolás. “La gente joven quiere ver datos, quiere saber qué ocurrió cada día, quiere trazabilidad”, suma.

Cómo funciona la tecnología

El sistema se instala directamente en bombas, filtros y válvulas, sin necesidad de cableado, alimentado con pequeños paneles solares. Los dispositivos registran presión, caudal real y si la válvula abrió o no. Si el sistema detecta una variación importante –por ejemplo, una caída de presión o una válvula que no se accionó–, el aviso llega al celular del administrador.

El resultado es un riego con trazabilidad diaria y verificable. Nicolás lo pone en términos prácticos: si ocurre un error, el productor puede saber exactamente cuándo se produjo y por qué. “Lo importante es que el problema no se descubra dos semanas después con la planta estresada, sino al día siguiente, cuando aún se puede corregir”, explica.

Su padre refuerza esa idea desde la experiencia. “Si la producción se cae, en el 90% de los casos el riego está involucrado, pero no siempre se puede demostrar. Con datos, ya no dependes de la interpretación, sino que puedes ver qué pasó cada día”, plantea.

Con esta tecnología, sostienen, el riego deja de ser una operación sostenida en la experiencia y pasa a ser una actividad gestionada con evidencia. Y eso, en un contexto de costos crecientes y menor disponibilidad hídrica, puede marcar la diferencia entre un equipo que “funciona” y uno que entrega realmente el retorno que prometía sobre el papel.

“Necesitamos información, no impresión

Para Sergio, quien trabaja en diversos países asesorando predios en temas de riego, sobre todo realizando diagnósticos y detectando problemas de gestión, esto no se trata de modernismo, sino de gestión. “Jeff Bezos decía que su negocio debía funcionar igual de bien estando él de vacaciones. En el campo, muchas veces el riego funciona bien solo si cierto operador está ahí. Y eso no es sostenible”, señala.

Tras décadas recorriendo predios, el asesor ha visto lo mismo repetirse en campos, muchos de ellos grandes: el sistema está instalado, pero no siempre funciona como fue diseñado. Para profundizar en este diagnóstico, conversamos con él sobre los desafíos técnicos que hoy enfrenta el riego en Chile y qué se requiere para llevarlo a una operación realmente profesional.

—¿Cuál es, a su juicio, la principal deuda del riego tecnificado en Chile hoy?

La instalación avanzó rápido, y eso es positivo, pero la correcta operación no lo hizo al mismo ritmo. Mucha gente cree que tener un buen sistema de riego tecnificado es suficiente, pero sin medir presión y caudales no hay cómo garantizar que ese diseño se está ejecutando correctamente. Se invierten miles de dólares por hectárea y luego se deja la operación entregada al ‘yo creo que se regó bien’. Esa es la brecha real”.

—¿Por qué es tan crítico medir presión y caudal, y no solo cumplir horas de riego?

“Porque el agua no siempre llega con la presión diseñada. Una válvula parcialmente cerrada, una pérdida en la tubería o una bomba trabajando forzada pueden estar restando agua a un sector completo sin que nadie lo note. Dos calicatas a pocos metros de distancia te pueden mostrar un suelo saturado y otro seco dentro del mismo cuartel. Y si eso ocurre durante toda la temporada, el resultado es menor producción y una sensación de que el sistema “no funcionó”, cuando el problema fue de operación, no de diseño”.

—¿Qué impacto productivo genera una operación deficiente?

“Mayor costo por tonelada producida, menor calibre, menor rendimiento y, en frutales, también riesgos de estrés que comprometen la temporada siguiente. Muchas veces la agricultura asume esos resultados como inevitables, pero no son azar: son la consecuencia directa de no controlar variables clave. Un error de veinte minutos diarios, repetido por 150 días, es una mala temporada. Y en muchos campos, ese error ocurre sin que nadie se entere”.

—¿Cómo cambia la toma de decisiones cuando se cuenta con trazabilidad del riego?

“Se profesionaliza. Ya no depende de la memoria del operador ni de si alguien tuvo tiempo para recorrer el campo. La gerencia puede saber si se cumplió el plan de riego, si alguna válvula falló o si un sector quedó sin aplicación. Y cuando un resultado productivo no es el esperado, la conversación cambia. Se puede decir: ‘regamos de esta manera, con esta presión y estos caudales, y los datos muestran tal cosa’. Necesitamos información, no impresión”.

2026

Más datos, mejores decisiones: la apuesta tecnológica de Coagra en nutrición animal

Con dos equipos NIRS portátiles y un análisis de micotoxinas que está en plena evaluación, este año se buscó consolidar el modelo de acompañamiento técnico continuo a los productores, a través de la entrega diagnósticos inmediatos en predios para elevar la calidad productiva de los clientes.

En una era marcada por la adopción de tecnologías que permiten acelerar decisiones en el campo, la línea de Nutrición Animal de Coagra ha dado un salto que combina precisión, servicio y acompañamiento directo a productores.

En 2025, la empresa incorporó el uso de equipos portátiles de espectroscopia por infrarrojo cercano (NIRS) para realizar análisis nutricionales tanto a nivel interno como directamente en los predios de sus clientes, y además está sumando nuevas herramientas para detectar micotoxinas, una amenaza silenciosa pero real que impacta la calidad y el rendimiento de los insumos utilizados en la producción animal.

El resultado: diagnósticos rápidos, datos confiables y un servicio técnico postventa que hoy se posiciona como uno de los más avanzados del país.

“Siempre hemos buscado diferenciarnos en el trato que le damos a nuestros clientes. “Queremos dar soluciones inmediatas y eficientes, basadas en datos duros”, explica José Manuel Carmine, encargado de Calidad y Servicio de Nutrición Animal de Coagra. Desde 2024, explica, la compañía venía evaluando alternativas que permitieran un control de calidad más robusto y, al mismo tiempo, un apoyo concreto a los productores.

El salto definitivo se dio con la llegada de dos NIRS portátiles, un dispositivo que, mediante luz infrarroja, identifica en minutos parámetros como proteína, fibra, grasa o almidón en distintos tipos de alimentos.

Datos inmediatos en el predio

Lo que comenzó como una herramienta para validar internamente la calidad de los productos —comparando lo fabricado con los valores formulados— rápidamente evolucionó hacia un servicio directo para los clientes. El carácter portátil del equipo hizo posible llevar el análisis al mismo lugar donde se toma la muestra.

“El resultado preliminar está en cinco minutos”, detalla Carmine. Esta rapidez permite evaluar varios materiales en una sola visita: Ensilajes de maíz, pradera o granos húmedos, TMR, materias primas y otros insumos críticos para la ración del ganado. Y, sobre todo, suma, “posibilita tomar decisiones productivas en el acto, sin esperar los 10 a 15 días que suele demorar un laboratorio tradicional para entregar un informe completo”. Este reporte inmediato, además, se complementa con un informe posterior más robusto que elabora el equipo técnico.

La acogida entre los productores ha sido inmediata. “A todos les llama la atención, porque no es una tecnología conocida a nivel portátil”, cuenta Carmine. Y aunque la precisión es muy cercana a la de un laboratorio —con pequeñas variaciones esperables en equipos portátiles—, las comparaciones realizadas en conjunto con clientes muestran “resultados súper parecidos”, lo que ha reforzado la confianza en su uso en campo.

En esa línea, la compañía trabaja sus calibraciones con el soporte técnico de Cargill Brasil, una de las empresas de nutrición animal más grandes del mundo, lo que aporta respaldo científico y consistencia internacional a los resultados obtenidos en Chile.

Nuevo paso: análisis de micotoxinas

A fines de 2025, llegó otra innovación: un equipo de análisis para detectar micotoxinas, metabolitos derivados de hongos que pueden afectar seriamente la salud del ganado y disminuir la producción. Aunque este equipo es de laboratorio y no se utiliza en terreno, permite evaluar ensilajes, maíz grano, soya y otros insumos claves antes de su uso o comercialización.

“Aún existe el mito de que si un alimento se ve limpio no tiene micotoxinas”, señala Carmine. “Pero siempre hay una carga, alta o baja”. Esta herramienta permite mostrar con evidencia cuándo es necesario el uso de secuestrantes —como el producto Notox LS, que comercializa Coagra— y ofrecerlo como un servicio preventivo que reduzca riesgos productivos.

Si bien la implementación está en su fase inicial, la empresa proyecta usarla de forma más amplia en 2026, una vez completadas las calibraciones y protocolos internos.

De cara al 2026, Coagra proyecta profundizar la red de servicios en torno al NIRS y al análisis de micotoxinas. La prioridad será fortalecer el acompañamiento a productores y asesores, multiplicar las visitas a terreno y seguir validando datos para asegurar decisiones más precisas.

2026

“La eficiencia es el camino”: el impulso de una nueva generación lechera

En 2021, los hermanos Felipe y Constanza Ramírez asumieron la administración del campo familiar en Río Bueno, convirtiéndose en la tercera generación al mando. Hoy comparten los avances logrados y cómo la asesoría técnica de Coagra ha impulsado sus resultados.

A los 31 años, Felipe Ramírez hoy administra —junto a su hermana, Constanza— la lechería familiar ubicada en Río Bueno, en la XIV Región. Ingeniero en Ejecución en Agronomía, creció literalmente entre vacas y tractores. Su infancia estuvo marcada por el campo, un espacio que nunca abandonó y que terminó convirtiéndose en su profesión.

La empresa partió con sus abuelos, luego pasó a manos de su madre y su tía, después a su padre, y en 2021, los hermanos asumieron la administración, ambos egresados de carreras agrícolas. Mientras ella se encarga de todo lo relacionado a lo administrativo, él se concentra en el ordeño, la supervisión del personal y la gestión productiva.

“Toda la vida he estado ligado al campo. Siempre me ha gustado el terreno. Aquí las cosas se hacen trabajando: si hay que ordeñar o manejar un tractor, yo me ensucio las manos”, resume Felipe, quien anhela que el proyecto familiar siga creciendo.

 Con experiencia laboral en Nueva Zelanda, país reconocido en producción lechera, cuenta que busca incorporar parte de ese modelo al predio en Río Bueno: “más eficiencia, más foco en la pradera y menos mano de obra, pero mejor remunerada”, resume. Hoy cuentan con cerca de 400 vacas en ordeña y han impulsado una transformación interna centrada en la calidad del alimento, mejoras en la terapia de secado, uso de tecnología y un trabajo estrecho con Eunice Carrasco y Christopher Vega, el especializado equipo técnico de Coagra que los asesora continuamente.

La historia de un legado que continúa

— Creciste en un entorno agrícola desde niño. ¿Qué te llevó finalmente a seguir ligado al campo familiar?

 “Toda mi vida he estado ligado al campo: desde chico metido en las vacas, en los tractores y en la tierra. Siempre estuve en eso, entonces, fue algo natural seguir por este camino. Además, aquí hay una historia familiar que viene desde mis abuelos, después siguió mi mamá con mi tía, y más tarde mi papá. Cuando él falleció y nosotros terminamos nuestras carreras, tomamos la administración con mi hermana. A mí siempre me ha gustado estar en terreno y ensuciarme las manos, así que seguir en la agricultura era lo que tenía sentido”.

— ¿Cómo ha evolucionado la lechería desde que tú y tu hermana asumieron la administración?

 “Este último año hemos hecho muchos cambios. La idea principal ha sido hacer más eficientes a las vacas: tener menos, pero que produzcan leche de mejor calidad. Hemos estado estos últimos 12 meses trabajando en eso. Por ejemplo, preferimos tener 150 vacas que produzcan lo que antes producían 200, pero mejor. Ese tipo de ajustes ha sido parte del proceso”.

— Viviste en Nueva Zelanda y has tratado de adaptar parte de ese sistema. ¿Qué elementos rescatas de esa experiencia?

“Que allá todo se basa en la eficiencia. Aprovechan al máximo la pradera y se trabaja con menos personal, pero con buenos sueldos. Eso hace que el personal sea más eficiente. Por ejemplo, allá éramos tres personas trabajando 750 vacas. Esa forma de trabajar es lo que he intentado integrar acá”.

— Has mencionado que han tomado decisiones como descartar animales improductivos. ¿Qué otras prácticas han marcado esta etapa?

 “Lo primero fue sacar todas las vacas que eran improductivas: vacas secas, vacas que no daban leche. Después, empezamos a ajustar la alimentación y la terapia de secado en los momentos precisos. También hemos aumentado bastante la cantidad de vaquillas para inseminar. Antes inseminábamos entre 50 y 60 animales por temporada, y hoy tenemos 115”.

—¿Y qué tecnologías han incorporado y cuál ha sido su impacto?

 “El año pasado incorporamos los collares para la inseminación. Eso ha sido lo último en tecnología que hemos sumado y ha aportado harto en el manejo reproductivo. También trabajamos con partos estacionales, lo que nos ordena las etapas del año. Hoy en día, si no se aplica tecnología es complejo crecer, porque la mano de obra cada vez es más escasa, y no solo en la agricultura. Para mí, lo principal es hacer todo más eficiente y aplicar la mayor tecnología posible”.

— ¿Cómo ves el mercado lechero actualmente?

“Hoy el precio está muy bueno, algo que no se había visto últimamente. Tanto en leche como en carne. Yo lo atribuyo al mayor consumo y al menor número de animales disponibles. Pero hacia adelante nada está escrito”.

— ¿Qué impacto ha tenido la asesoría técnica de Coagra en sus resultados?

 “Ha sido mucha la ayuda. Partimos trabajando en febrero-marzo, cuando veíamos un año negro, y hoy día se dio vuelta la tortilla en un 100%. Los asesores, Eunice y Christopher, siempre están pidiendo la información de la leche para ver qué ajustar, están pendientes del stock y si falta algo, nos suplementan mientras llega el camión. Eso ha sido muy valioso”.

— Mirando al futuro, ¿qué objetivos tienen para su predio?

“Por ahora estamos enfocados en mejorar las cosas y en sacarle el mayor potencial a la genética que manejamos. Este año estamos alrededor de un 15% arriba respecto al año pasado. Mi meta para el próximo año es subir entre un 25% y un 30% la producción, respecto a 2025”.

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Peonías chilenas: entre el boom global y los desafíos de un cultivo exigente

Es una flor en expansión, que requiere altos costos de entrada y que tiene un mercado de exportación cada vez más exigente. Aún así, se la identifica como una opción promesa que avanza entre oportunidades, riesgos y el aprendizaje colectivo de sus productores.

Con unas 200 hectáreas plantadas, principalmente en las regiones del Maule, La Araucanía, Los Lagos y O’Higgins, la peonía ya es la flor de mayor superficie cultivada en Chile y encabeza cómodamente el portafolio exportador de flores. Solo entre 2020 y 2024, según datos del Servicio Nacional de Aduanas, los envíos acumularon cerca de US $47,8 millones, muy por sobre otras especies, como ranúnculos o tulipanes.

Aunque detrás de las cifras y del creciente interés internacional (también nacional, pero bastante más pausado), se despliega un mercado joven, exigente y todavía lleno de zonas grises para los productores que apuestan por él.

En Estados Unidos —el destino más importante—, y en Europa, la flor chilena ya es reconocida por su calidad y por una ventaja natural: la ventana de producción. El ciclo de la peonía en Chile (que se concentra entre octubre y noviembre y dura unas tres semanas) coincide con el cierre de la temporada de floración en el hemisferio norte. Esa contraestación es la principal fortaleza, ya que las flores chilenas llegan cuando su oferta local se agota.

Más recientemente, Brasil —que este año recibió los primeros envíos nacionales— completan el mapa de destinos que hoy sostienen el ánimo de los agricultores chilenos. Aun así, abrir nuevos mercados, como India o China, sigue siendo un anhelo y desafío mayor, pues la logística aérea es limitada, los espacios de frío escasean en el aeropuerto y la peonía no resiste improvisaciones.

Un cultivo que no perdona errores

Juan Emilio y Pedro Rieutord, primos y productores de Granero, apostaron por las peonías en 2016 buscando un cultivo intensivo y que no coincidiera con las fechas de cosecha de sus frutales. Partieron con una hectárea; hoy suman seis propias y, junto a proyectos familiares, llegan a 10. Su primera lección fue la más evidente: la peonía exige frío, y mucho.

“El principal factor son las horas de frío”, explica Pedro. Por eso, zonas como O’Higgins, Maule u Osorno se han transformado en polos de crecimiento. En contraste, los proyectos más al norte suelen enfrentar caídas de calidad o de volumen por falta de acumulación térmica, una condición que simplemente no se puede forzar.

Pero el clima no es la única condición estricta. El cultivo es vulnerable a fitóftora, nemátodos y otros patógenos del suelo; requiere un tipo de cosecha manual que demanda ojo experto; y presenta un problema estructural que la industria aún no resuelve. “Una carencia importante es que no hay especialistas en peonía”, dice Juan Emilio.
Los equipos de cosecha deben formarse desde cero y trabajar a diario, sin excepciones. “Uno no puede descansar un domingo; si hace calor, se abre la flor y se pierde”, agrega. Y hablamos de cortes que, según la variedad, pueden repetirse dos o tres veces al día.

La cosecha, además, debe ser estricta: botón firme, vara sobre 50 centímetros y cero tolerancia fitosanitaria. A eso se suma la competencia por espacio aéreo con la industria salmonera y frutícola, un clásico de la logística nacional que, en este caso, puede definir el éxito o fracaso de la exportación.

Una cauta expansión

El aumento de plantaciones en los últimos tres años amenaza con tensionar el mercado, según advierten los Rieutord. “Ya hemos visto una baja en los precios por exceso de oferta y aún falta que entren en producción muchas de las hectáreas nuevas”, advierten los productores.

No es la primera vez que Chile vive un fenómeno de sobreinversión por entusiasmo —las cerezas son un referente cercano—, y la peonía suma una particularidad: el mercado interno todavía es demasiado pequeño. Cuando no se logra exportar, la flor se pierde. “Aquí, sí queda para el mercado local, no se absorbe. Se satura rápido. Las piden para matrimonios, por ejemplo, pero sigue siendo una flor de nicho. Hemos intentado ofrecerlas en cementerios, pero no las compran”, explica Pedro.

Eso sí, añaden ambos, no se trata de no seguir creciendo, pero sí que este crecimiento vaya de la mano de un esfuerzo por abrir y diversificar mercados, lo que a su vez requiere mejoras en la logística para exportar.

María Jesús Ariztía llegó a las peonías desde un camino distinto. Profesora de profesión, buscaba un cambio de rumbo. Conversando con su padre, —productor y gerente general de Tavan Latam, una empresa ligada a biotecnología agrícola— decidió apostar por un proyecto propio. Hoy cultiva una hectárea en Villa Alegre, en la Región del Maule, y espera llegar a cuatro en los próximos años.

“Partimos en 2023, y plantamos en 2024 con rizomas importados desde Holanda”, cuenta. En su caso, el conocimiento no vino de la academia, sino de una mezcla de estudio intenso, lectura de papers y visitas a productores en distintas zonas del país. Aprender escuchando fue parte esencial del proceso: “Una cosa es el papel y otra es lo que se vive en terreno”, afirma.

Su entusiasmo se mezcla con la cautela propia de quien se inicia. Al no ser agrónoma, reconoce que el apoyo técnico es clave. El de su padre—con experiencia agrícola y hoy también involucrado desde el mundo de la biotecnología— le permitió enfrentar las dudas del día a día sin paralizarse.

La espera para plantar, la adaptación del terreno y la logística de traer rizomas en pleno verano fueron algunos de los retos iniciales. Pero hoy siente que las expectativas se están cumpliendo.

“El mercado está creciendo poco a poco. La peonía tiene cada día más fama, tanto dentro como fuera del país”, sostiene. Su apuesta es clara: exportar desde el próximo año y seguir creciendo de la mano de capacitación y colaboración con otros productores.

¿Hacia dónde van las peonías chilenas?

Chile tiene ventajas naturales —ventana productiva, calidad y condiciones de frío— y un creciente espíritu asociativo entre agricultores. Pero también enfrenta desafíos estructurales: costos de inversión cercanos a los $100 millones por hectárea, falta de infraestructura de frío, ausencia de especialistas y una logística aérea limitada.

Aun así, los productores coinciden en que la demanda internacional seguirá creciendo. Japón, Rusia y China —aunque complejos en logística— aparecen como destinos atractivos. Y detrás del boom, lo que se consolida es una identidad productiva que recién empieza a tomar forma.

“Es una industria que está creciendo y donde los agricultores estamos muy unidos”, resume Juan Emilio, y agrega que los grupos de trabajo regionales, la transferencia técnica y una visión compartida sobre el potencial competitivo de la flor chilena también es clave para que la industria siga siendo rentable.

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Agua, innovación y competitividad: exministros delinean prioridades para impulsar el agro

Carlos Furche y Antonio Walker proyectan los desafíos que deberá abordar el próximo gobierno; entre otros, sumar infraestructura hídrica, acelerar la adopción de tecnologías y atraer nuevos talentos, además de diversificar los mercados.

La agricultura chilena, sector que ha sido un aporte constante al desarrollo económico y exportador del país, enfrenta un escenario donde la escasez de agua, la competencia global, el cambio climático, la necesidad de mayor innovación y la incorporación de nuevas generaciones se han transformado en desafíos estructurales.

Para profundizar en cuáles deberían ser las prioridades del período 2026-2030, conversamos con dos voces que suman décadas de experiencia directa en el sector: Carlos Furche, actual director nacional del INIA y ministro de Agricultura entre 2014 y 2018, y Antonio Walker, hoy presidente de la SNA y también ministro de la cartera entre 2018 y 2021.

A partir de sus diagnósticos, se delinea una hoja de ruta con focos clave para que el país no solo mantenga su liderazgo agrícola en los próximos años, sino que siga conquistando nuevos espacios.

1.    El agua como punto de partida

Tanto para Furche como para Walker, la gestión hídrica aparece como un primer desafío ineludible que no puede seguir siendo postergado. Para Furche, el cambio climático dejó de ser una advertencia y se convirtió en un nuevo marco operativo en el que la agricultura debe aprender a producir.

“Probablemente, el mayor impacto es la menor disponibilidad de recursos hídricos. Esa es un área clave de política pública y de inversión público-privada si queremos mantener una agricultura competitiva y rentable”, sostiene el director nacional del INIA.

Walker coincide en la urgencia hídrica, con énfasis en la brecha regional que Chile enfrenta respecto de otros productores del hemisferio sur.

“Solo regamos 900 mil hectáreas en un país de 75 millones de hectáreas, y el 50% tiene riego tecnificado. Perú pronto estará regando 2,6 millones de hectáreas, entonces, necesitamos invertir en infraestructura hídrica, además de vial y digital”, señala el presidente de la SNA.

Furche coincide en que el país debe retomar la construcción de obras de riego, —incluidos embalses medianos con menor impacto ambiental y mayor viabilidad—, tecnificación del riego, infiltración de acuíferos y desaladoras siguiendo modelos ya aprobados internacionalmente si quiere sostener su posición exportadora en el mediano plazo.

2.    Seguridad rural y condiciones para invertir

Aunque la falta de agua condiciona todo, Walker pone sobre la mesa un tema que en los últimos años se ha vuelto ineludible: la seguridad rural. “Estamos con un nivel de inseguridad rural muy grande. Sin seguridad no hay inversión y sin inversión no hay desarrollo”, afirma, aludiendo al aumento del robo de maquinaria, insumos y también a los episodios de violencia en zonas críticas del sur.

En paralelo, ambos ex ministros insisten en que la competitividad de la agricultura chilena depende también de contar con infraestructura acorde al crecimiento del sector. En el caso de Walker, la urgencia incluye caminos rurales, puertos, aeropuertos y conectividad digital. Para Furche, la logística es una desventaja estructural que el país debe minimizar con mayor inteligencia operativa: “Tenemos la distancia más grande y los costos mayores frente a nuestros competidores. Eso hace que la logística sea un tema crucial”.

3.    Tecnología para producir más con menos

La innovación es otro punto central en los diagnósticos. La agricultura chilena deberá responder a una demanda mundial creciente, pero produciendo con menos tierra disponible, debido al deterioro de suelos y urbanización, menos agua y menos mano de obra disponible.

Aquí Furche identifica un reto institucional clave: fortalecer el sistema nacional de investigación, adopción y transferencia tecnológica, con INIA como articulador natural. “Es la única institución que tiene una mirada e infraestructura a nivel nacional”, señala.

Walker complementa esa mirada desde la urgencia productiva. La recuperación de la productividad agrícola —y del sector económico chileno en general— exige acelerar la transición hacia la robotización, mecanización y agricultura de precisión.

Y agrega otro punto estratégico: una agricultura moderna también es la forma de atraer a los jóvenes. “Las tecnologías, en general, son algo muy atractivo para los jóvenes”.

4.    Mercados que exigen profesionalización

El entorno comercial global también está cambiando. Furche identifica una pérdida del orden multilateral que marcó el desarrollo agrícola de Chile durante décadas. “Vivimos un periodo de gran incertidumbre, con más medidas unilaterales y arancelarias. Hay que hacer seguimiento profesional y sistemático de los mercados internacionales”, apunta. Además, plantea una discusión interna de largo plazo: identificar qué cultivos serán las nuevas “grandes apuestas” de la fruticultura chilena durante los próximos veinte años.

En una línea similar, Walker refuerza la importancia de darle continuidad a la política de apertura. “Hay que seguir conquistando India, Asia, Medio Oriente y el norte de África”, dice, señalando que la diversificación comercial sigue siendo una fuente esencial de sostenibilidad para el sector.

5.    Agricultura familiar

Tanto Furche como Walker coinciden en que la competitividad nacional depende también de la capacidad de integrar y hacer crecer a pequeños y medianos productores, que aportan buena parte de la oferta hortícola y alimentaria del país.

Furche atribuye al Estado un rol esencial en ese proceso. “INDAP debe ser la institución promotora de la articulación de la pequeña y mediana agricultura al desarrollo tecnológico y a los mercados formales”, plantea.

Walker enfatiza un punto que se ha vuelto recurrente en el sector: la asociatividad como condición de éxito. “Juntos llegamos más lejos. El cooperativismo moderno es una alternativa real y necesitamos financiamiento que lo impulse”, señala.

Pero también amplía el análisis hacia un ámbito más profundo, que cerrar las brechas de desarrollo rural para que vivir en el campo sea una opción y no una renuncia. Ello incluye vivienda, conectividad, transporte, infraestructura social y servicios de calidad. Y suma que la política migratoria debe actualizarse para asegurar mano de obra regulada y disminuir la informalidad laboral.

6.    Capital humano y relevo generacional

Ambos ex ministros advierten que Chile enfrenta una transición demográfica que reducirá la cantidad de trabajadores disponibles para tareas agrícolas, muchas de ellas físicamente exigentes.

Furche lo resume así: “Vamos a ser menos personas y mayores. La tecnificación no es solo necesaria, sino que es la única forma de ser más productivos, con menos esfuerzo físico y más eficiencia”.

Walker coincide, y suma que el sector tiene herramientas para entusiasmar a nuevas generaciones si comunica mejor su potencial. “Tenemos que mostrar un sector vivo, rentable, exportador. Muchas veces no le damos ese relato al sector, y lo tiene”.

Para ambos, los liceos agrícolas y la educación técnica aparecen como una vía clave de formación, especialmente considerando la creciente sofisticación tecnológica del trabajo en terreno.

7.    Una oportunidad que no se puede postergar

Chile cuenta con ventajas naturales y productivas que lo han hecho destacar durante por décadas en los mercados internacionales: inocuidad, trazabilidad, calidad y un clima mediterráneo que permite producir cuando otros países no pueden, generando oferta fresca para mercados exigentes.

Sin embargo, ambos ex ministros concuerdan en que el país está frente a un punto de inflexión. “Chile tiene una agricultura singular, distinta a cualquier otra en el mundo. La estamos aprovechando, pero todavía tenemos espacio para más”, reflexiona Furche.

Walker expresa la misma idea desde la mirada productiva: “La ventaja no será cuánto producimos, sino cómo producimos”.

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Coagra impulsa innovador programa para formar a los futuros líderes del agro

En alianza con Impulso Docente y SNA Educa, Coagra está transformando la educación técnico profesional agrícola con un modelo que une la formación técnica, el desarrollo socioemocional y la conexión directa con el mundo laboral. El programa ya se implementa en dos liceos del Maule y proyecta seguir creciendo.

Entre tractores, huertos y laboratorios, un grupo de estudiantes del Liceo Bicentenario Agrícola Marta Martínez Cruz de Yerbas Buenas y la Escuela Agrícola Superior Molina, ambas en la Región del Maule, viven una experiencia educativa diferente. No solo aprenden sobre producción, riego o manejo animal, sino que también descubren cómo liderar con empatía, trabajar en equipo y mirar el campo como una oportunidad de desarrollo personal y profesional.

Porque es así cómo se vive “Cosechando el futuro: líderes agrícolas en formación”, el innovador programa que Coagra implementa junto a Impulso Docente para fortalecer la educación técnico profesional agrícola con una mirada integral.

“El mundo agrícola necesita jóvenes preparados técnica y emocionalmente para liderar los desafíos del futuro”, explica Evelyn Gaymer, Gerente de Personas y Sustentabilidad de Coagra, quien lidera el proyecto. “Queremos que los estudiantes no solo aprendan los aspectos técnicos del agro, sino que también desarrollen habilidades para convivir, liderar y proyectarse dentro del sector. Eso es lo que realmente transforma comunidades”, suma.

Con las manos en la tierra, y la mirada en el futuro

El programa nació en 2024, también con el apoyo de SNA Educa, red que agrupa a 12 liceos agrícolas del país. Comenzó como un piloto en Yerbas Buenas, y este año se amplió a Molina, consolidando una alianza que combina la experiencia técnica de Coagra con el acompañamiento pedagógico de Impulso Docente.

El propósito es doble. Por un lado, se busca fortalecer la convivencia escolar y el bienestar de los estudiantes, y por otro, acercar el mundo educativo al laboral con actividades que los conecten con la realidad del sector. Por ejemplo, se organizan visitas a las sucursales de Coagra en Linares y Curicó, donde los estudiantes han podido observar procesos logísticos, de seguridad y asesoría técnica, conectando teoría y práctica de una manera vivencial.

“La salida me pareció muy buena, aprendimos cosas que no sabíamos. Lo que más me quedó fue el cómo trabajan aquí en Coagra. Es muy sorprendente cómo una empresa exporta a casi todo el país”, destaca Nicolás González, estudiante de la Escuela Agrícola Superior Molina, entusiasmado con la experiencia.

Charlas, mentorías y experiencias reales

Además de las visitas, los estudiantes participan en charlas motivacionales y mentorías impartidas por gerentes y profesionales de Coagra. Son espacios donde los jóvenes pueden conocer historias reales de esfuerzo, innovación y compromiso con el agro.

“Estamos muy contentos de hacer estas actividades con la Escuela Superior de Molina. Los niños vienen muy contentos, preguntan mucho y les interesa. Ha sido una experiencia muy enriquecedora para todos”, comenta Camila Gamboa, directora comercial de Coagra Curicó.

La ejecutiva también ha acompañado a los equipos en sesiones de mentoría con los proyectos de 3° y 4° medio: “Nos presentaron sus ideas, y nosotros les dimos feedback sobre cómo mejorarlas, cómo presentar mejor, qué querían vender. Fue una conversación muy entretenida. Había proyectos muy bonitos respecto a la agricultura”, agrega.

Impacto en la escuela y en la sala de clases

Pero el trabajo no se limita a los estudiantes. Con el acompañamiento de Impulso Docente, los equipos directivos y docentes han fortalecido sus prácticas pedagógicas y estrategias de convivencia escolar.

“La alianza con Coagra impacta directamente en el proceso de enseñanza y aprendizaje de nuestros estudiantes y fortalece las habilidades socioemocionales que ellos van a desempeñar en el campo laboral más adelante”, afirma María Victoria Salinas, jefa docente del Liceo Marta Martínez Cruz.

María José González, coordinadora académica de la Escuela Agrícola Superior Molina, añade: “Es un programa que nos ha acompañado en la planificación de actividades y de cómo podemos incorporar el aprendizaje socioemocional en el aula. Hemos aprendido a observar clases de mejor manera y de una forma muy objetiva”.

A dos años de su inicio, “Cosechando el futuro” se ha convertido en una experiencia transformadora tanto para las escuelas como para los equipos de Coagra. “El valor de este proyecto es que conecta la educación con la realidad del campo”, destaca Gaymer.

El entusiasmo también lo comparte Bernardita Yuraszeck, presidenta ejecutiva de Impulso Docente: “Estamos ante una oportunidad única de impactar de manera profunda y sostenible en la educación técnico profesional agrícola. Este es solo el comienzo de un proyecto que, con el compromiso de todos, seguirá creciendo y fortaleciendo el futuro de los estudiantes”.

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Cereza chilena: se proyecta una temporada de menor volumen, pero mejores precios

El asesor Ricardo Miño analiza las proyecciones para la campaña 2025-2026, marcada por heladas, lluvias y una primavera inestable, fenómenos que redujeron la producción nacional, pero que abre un espacio para lograr fruta de excelente condición y así mejores retornos. Aquí sus recomendaciones.

Las primeras cerezas chilenas ya llegaron a China, generando expectación sobre cómo se comportará esta temporada. El arranque ha sido complejo: una primavera irregular, con heladas y lluvias en momentos clave, afectó el potencial productivo de varios huertos. Sin embargo, el asesor y especialista en cerezos Ricardo Miño es optimista: pese a la merma en volumen, la fruta que se está cosechando muestra buena firmeza, calibre y condición, lo que podría traducirse en retornos más favorables para los productores.

A continuación, comparte su análisis técnico sobre la campaña 2025-26, los desafíos en manejo y sanidad, y las lecciones que deja este año para la industria.

¿Cuál es la proyección de producción para esta temporada y qué factores la condicionaron?
La estimación inicial rondaba los 138 a 140 millones de cajas, pero las heladas de fines de agosto —especialmente los días 23 y 24—, sumadas a lluvias y granizos posteriores, redujeron de forma importante el potencial productivo. Hoy proyectamos una cosecha cercana a los 115 millones de cajas, es decir, alrededor de un 20% menos que lo esperado. Las zonas más afectadas han sido las regiones de O’Higgins y Maule, donde hubo daño directo en flores y primordios, además de pérdidas localizadas por granizo.

¿Cómo podría impactar esa merma en los mercados internacionales?
Una menor oferta suele favorecer mejores precios, y la buena noticia es que la fruta que se está obteniendo tiene una calidad superior. Los productores han hecho un trabajo muy serio en manejo y nutrición, y eso se nota en la firmeza, el color y la condición de las cerezas. Sin embargo, el mercado todavía no ha sentido plenamente la reducción de volumen, porque los primeros embarques salieron con volúmenes altos —mucho mayores a los de la temporada pasada—, lo que moderó los precios iniciales. Aun así, la expectativa es positiva: si la condición se mantiene, deberíamos ver resultados económicos más equilibrados que el año anterior.

¿Qué variedades fueron las más afectadas por las condiciones climáticas?
Las variedades tempranas, como Santina y Lapins, fueron las que más sufrieron en términos de floración y cuaja. En contraste, las variedades de media y tardía estación presentan buena carga y un comportamiento más estable, lo que ayudará a compensar parcialmente la caída de producción.

¿Qué panorama sanitario observa esta primavera?
En general, los programas de control de hongos funcionaron bien, especialmente contra monilia y pudriciones. Donde hemos visto más problemas es en bacteriosis, que ha tenido una presencia importante en varias zonas. En algunos huertos hubo descuidos preventivos o intentos de reducir costos en ese aspecto, y eso se ha traducido en daños visibles. No se puede bajar la guardia en bacterias: un mal manejo ahora puede comprometer la productividad futura del huerto.

¿Qué manejos recomienda priorizar el resto de la temporada?
Es fundamental mantener el equilibrio entre nutrición y carga. Un buen manejo del riego, el aporte oportuno de calcio y potasio, y la aplicación de bioestimulantes y reguladores de crecimiento de forma estratégica son claves para consolidar calibre y condición. En lo productivo, conviene ajustar la carga para no sobreexigir árboles debilitados por el clima y cuidar la sanidad de raíces y suelo, algo que a veces se subestima. En términos simples: la consistencia del huerto se construye con decisiones pequeñas, pero sostenidas.

¿Qué cuidados son esenciales en la cosecha y postcosecha?
La calidad lograda en el campo puede perderse fácilmente si no hay un control riguroso en la cosecha. Es importante cosechar en el punto óptimo de color y firmeza, evitar manipular la fruta en exceso y reforzar la capacitación del personal. También hay que poner especial atención al proceso de enfriamiento y embalaje: una cereza bien manejada en esas etapas no solo llega mejor a destino, sino que mantiene su valor comercial.

Después de varias temporadas exigentes, ¿qué aprendizajes deja esta campaña?
Creo que lo principal es la importancia de mirar el huerto de forma integral. No basta con tener buenos programas de fertilización o control fitosanitario si no se cuida la estructura del suelo y el equilibrio fisiológico del árbol. También es evidente que las tecnologías de protección —como cubiertas o macrotúneles— marcarán una diferencia cada vez mayor frente a primaveras erráticas. Finalmente, esta temporada refuerza una lección de fondo: la gestión económica y técnica van de la mano. Los productores que manejan bien sus costos y planifican con información son los que logran sostenerse incluso en años difíciles.

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Jaime Heinrich Commentz: “El sur de Chile tiene todo para consolidarse como motor lechero de las próximas décadas”

Con más de un siglo de tradición familiar en la lechería, lidera su predio en Los Ríos y, además, preside Aproval. Desde ese doble rol, impulsa una mirada optimista y de futuro para el sector, en la que la asociatividad, la innovación tecnológica y la sostenibilidad son caminos concretos de desarrollo.

Lleva más de veinte años dedicado a la producción de leche en la Región de Los Ríos. Jaime Heinrich Commentz es la tercera generación de una familia ligada al rubro desde inicios del siglo XX. Hoy combina ese rol de productor —que comparte día a día con su esposa y en el que también participan sus hijos— con la presidencia de Aproval, gremio que reúne a los lecheros de la región. Desde ahí impulsa una visión de futuro, convencido de que la lechería chilena tiene condiciones únicas para proyectarse con fuerza en las próximas décadas.

—Partió en la lechería en el 2000. ¿Cómo ve hoy el panorama del sector, tanto en Los Ríos como a nivel nacional?
“Lo veo positivo. Si uno revisa los números de los centros de gestión, la mayoría de los productores está con márgenes operacionales, y eso es una señal de que el negocio funciona. Obviamente, no todos están en la misma situación, pero las proyecciones de precio acompañan y, al menos en el corto plazo, se ven estables. Además, el consumo de lácteos en el mundo está creciendo. En la Unión Europea y otros mercados maduros hay restricciones ambientales que limitan la producción, lo que abre espacios para países como Chile, que tiene ventajas naturales en clima, pluviometría y sanidad animal”.

—¿Qué rol juega la asociatividad en este escenario?
“En la Región de Los Ríos casi el 90% de la leche ya se produce y procesa al alero de una cooperativa, por lo tanto la asociatividad es parte de nuestra identidad. Desde Aproval no estamos en la tarea de crear nuevas unidades productivas de carácter cooperativo, sino de apoyar lo que existe: representar a los productores, promover el consumo y articularnos con la industria y las instituciones públicas. La asociatividad ha sido una palanca para inversiones de largo plazo, mejores precios de insumos y acceso a tecnologías, y eso explica parte del dinamismo que tiene esta región frente a otras zonas del país”.

—Hablando de tecnología, usted ha puesto bastante énfasis en validar innovaciones productivas. ¿Qué ejemplos destacaría?
“Un caso concreto es el riego. Hace unos años muchos decían que en Los Ríos no era necesario, o que la energía que se requería lo hacía poco rentable. Como gremio hicimos un proyecto de cinco temporadas donde medimos en campo los resultados. La conclusión fue clara: el riego es rentable, permite aumentar productividad. Con esos datos en mano logramos que más productores se convencieran y que la Comisión Nacional de Riego apoyara proyectos en la zona. Hoy estamos en otra conversación: inteligencia artificial, robótica en el ordeño y sensores para medir diversos aspectos del proceso productivo que ayudan en la gestión general de la empresa. Quizás aún no son masivos, pero están a la vuelta de la esquina y debemos prepararnos”.

—Uno de los problemas históricos de la lechería ha sido la mano de obra. ¿Cómo lo han abordado?
“Es cierto, cada vez cuesta más atraer y retener trabajadores, porque las nuevas generaciones tienen otras expectativas. En Aproval venimos ocupándonos de este tema hace mucho tiempo e incluso una docena de asociados acaba de terminar el primer año de ejecución de un proyecto apoyado por Corfo que les permitió constituirse como Grupo de Transferencia Tecnológica (GTT), a través del cual se reúnen mensualmente para abordar temáticas para mejorar la gestión de personas en sus lecherías. Este grupo es un resultado concreto de un diagnóstico que realizamos al respecto y que también nos arrojó algunas conclusiones importantes, como la necesidad de mirar el entorno laboral femenino o personas que nunca han tenido vinculación con el agro, como nuevas opciones para incorporar capacidades para el sector.

Adicionalmente, este estudio nos mostró algo muy sencillo pero revelador: para muchos ordeñadores el “turno cortado” les incomoda porque quedan con “horas muertas” en la mitad del día, donde no alcanzan a hacer mucho. Buscar alternativas a esta modalidad histórica de organizar la ordeña es un gran desafío, pero puede ser una gran oportunidad para captar nuevos trabajadores para esta función. Cada vez tendremos que ir pensando mucho más en medidas que impacten favorablemente en la calidad de vida del trabajador y, en consecuencia, en la estabilidad de los equipos”.

—En sustentabilidad, ¿qué avances destacaría?
“Decidimos adelantarnos a la presión de los consumidores y la industria, y bajo el alero del Consorcio Lechero adaptamos un programa de sustentabilidad a la realidad chilena. Hoy ya tenemos cerca del 25% de la leche regional certificada, y esperamos poder llegar al 30% bajo este estándar hacia fines de este año. Eso incluye manejo de bosques en los predios, eficiencia en el uso del agua, bienestar animal, reducción de la huella de carbono y vinculación con el entorno. Como gremio creemos que no se trata solo de cumplir con exigencias externas, sino de hacer más sustentable nuestro negocio para las próximas generaciones”.

—Otro reto clave es el recambio generacional. ¿Cómo lo están enfrentando?
“Hace tres años creamos el Área Jóvenes de Aproval, que partió con diez hijos de productores y hoy ya son veinte. Ellos funcionan con actividades mensuales y bajo una modalidad muy parecida a la que tienen los Grupos GTT: visitan predios propios y de terceros, comparten experiencias y visitan empresas e instituciones del sector. En 2023 participaron actívamente en el 5° Encuentro Panamericano de Jóvenes Lecheros organizado por Fepale, en Paraguay, y durante septiembre un grupo asistirá a la 6ª versión en Costa Rica. En abril pasado realizaron una interesante gira tecnológica a Irlanda y Países Bajos.

Estas actividades generan comunidad y entusiasmo. Para que un joven decida quedarse en la lechería, la empresa tiene que ser atractiva: profesionalizada, con posibilidades de crecer, con tecnologías modernas. En mi caso, incorporamos robots de ordeño y eso entusiasmó a uno de mis hijos que estudia Física, que ahora quiere aprender de su funcionamiento. Ese tipo de innovaciones generan un vínculo nuevo con el campo”.

—Frente al auge de las bebidas vegetales, ¿cómo proyecta la demanda de lácteos en el futuro?
“La demanda por lácteos sigue creciendo tanto en Chile como en el mundo. Las bebidas vegetales tuvieron un boom hace algunos años, pero hoy están planas e incluso bajando. Nosotros no estamos en contra de que existan, lo que pedimos es que no se vendan como “leche”. Como Aproval logramos que en Chile se etiqueten como “bebidas vegetales” y eso fue un tremendo logro para el sector porque conseguimos, con el respaldo de la normativa vigente, marcar la diferencia evidente que existe entre la leche y estos productos de origen vegetal. El desafío es seguir promoviendo el consumo con respaldo científico, mostrando que la leche es un alimento completo, asociado a salud, nutrición y bienestar”.

—Si mira hacia diez o veinte años, ¿qué características debería tener la lechería chilena para consolidarse?
“El sur de Chile tiene todo para consolidarse como motor lechero de las próximas décadas. Tenemos suelos, clima, sanidad animal y productores con capacidad de inversión. Si incorporamos mayor superficie de riego, el potencial de crecimiento es enorme. Hoy tenemos un 5%  más de volumen que hace diez años, pero además con una mejora significativa en la calidad de la leche. Podemos proyectar un sector competitivo a nivel global y un aporte fundamental al desarrollo regional. En Aproval siempre hemos tratado de ver la lechería con optimismo. Si algo no resulta, hay que meterle números, tecnología y análisis. Esa es la actitud que nos permitirá proyectar este rubro hacia el futuro”.

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Nutrición de precisión: claves para una lechería eficiente y sustentable

Álvaro Morales, académico de la Universidad Austral, explica cómo enfrentar la transición invierno–primavera y los desafíos de la alimentación en sistemas pastoriles.

En la producción lechera, la nutrición animal no solo representa el principal costo del sistema, sino que también es el eje que conecta productividad, eficiencia, salud, reproducción y sostenibilidad. Así lo plantea Álvaro Morales, académico del Instituto de Ciencia Animal de la Facultad de Ciencias Veterinarias en la Universidad Austral de Chile y coordinador del Dairy Club UACh, quien se ha especializado en nutrición de precisión aplicada a sistemas pastoriles. Su trabajo integra fisiología, genética, modelamiento y ciencia de datos para diseñar estrategias que mejoran la eficiencia y el bienestar de los animales, a la vez que reducen el impacto ambiental.

En esta conversación, Morales aborda los desafíos de la transición de invierno a primavera en el manejo nutricional de vacas lecheras, los riesgos metabólicos más comunes y el papel de la ciencia de datos en la prevención de desbalances. También comparte su visión sobre la formación de los futuros veterinarios y las proyecciones de la nutrición de precisión en Chile.

–¿Qué lo motivó a dedicarse al área de nutrición de bovinos en el contexto de la producción lechera?
“La nutrición siempre me pareció estratégica dentro de la producción animal, no solo porque es el principal costo, sino porque impacta directamente en la producción, eficiencia, salud, reproducción, bienestar e incluso en el medioambiente. Eso la convierte en un desafío apasionante que exige preparación y una mirada integrada. En Chile, la formación suele centrarse en el uso de alimentos, pero con menor énfasis en la comprensión de los requerimientos nutricionales desde un enfoque cuantitativo y local. Eso me impulsó a profundizar y, con el tiempo, integrar herramientas como fisiología, genética, modelamiento y análisis de datos, que hoy conforman la nutrición de precisión”.

–Su doctorado se enfocó en modelos matemáticos de requerimientos nutricionales. ¿Cómo estas herramientas apoyan la nutrición de precisión?
“Los modelos permiten integrar información sobre dieta, funcionamiento animal y manejo, para predecir cómo se usarán los nutrientes en distintas condiciones. A diferencia de trabajar con promedios o tablas extranjeras, ayudan a representar mejor la realidad local, anticipar desbalances e identificar áreas de mejora. En sistemas pastoriles, donde la calidad de la pradera cambia constantemente, son muy útiles para simular escenarios, ajustar dietas y tomar decisiones con respaldo técnico”.

–¿Qué beneficios observa al aplicar un enfoque de precisión en la alimentación?
“Mejora la eficiencia al ajustar nutrientes a lo que realmente necesita el animal, reduciendo costos por uso óptimo de suplementos. También disminuye el impacto ambiental al reducir la excreción de nitrógeno y emisiones de metano. Y mejora el bienestar animal, al prevenir problemas como cetosis, acidosis o hipocalcemia, lo que se traduce en vacas más sanas y longevas”.

–Con mayor disponibilidad de pasto fresco en primavera, ¿qué ajustes recomienda en la dieta?
“La pradera primaveral es rica en proteína soluble y baja en fibra efectiva, lo que genera desbalances y mayor riesgo de ineficiencia y problemas ruminales. Se recomienda complementar con fuentes de energía (almidones, fibra soluble, azúcares) y fibra efectiva de buena calidad, además de limitar parcialmente el acceso a pradera para permitir inclusión de suplementos. El desafío es transformar esa proteína soluble en producción, no en pérdidas”.

–¿Qué riesgos metabólicos son más frecuentes en esta época y cómo prevenirlos?
“Destacan la acidosis subclínica, la hipocalcemia y la cetosis. La primera se previene con fibra de buena calidad, adaptación gradual a suplementos y, en algunos casos, buffers. La hipocalcemia requiere un manejo de preparto adecuado y un suministro mineral correcto en posparto. La cetosis se previene controlando la condición corporal al parto y asegurando fuentes de energía al inicio de la lactancia”.

–¿Qué rol cumplen los buffers en dietas con alto contenido de forraje fresco?
“Pueden apoyar la estabilidad del ambiente ruminal, pero no reemplazan una formulación adecuada. Su uso debe evaluarse caso a caso, considerando riesgos reales y efectos en indicadores productivos o de comportamiento. La clave sigue siendo la fibra efectiva y el equilibrio entre nutrientes”.

–¿Cómo ayudan los datos y el modelamiento a anticiparse a estos desbalances?
“Permiten simular escenarios, estimar requerimientos y proyectar respuestas con mayor precisión. Facilitan evaluar la sincronía entre proteína y energía, ajustar dietas según la etapa de la vaca y monitorear indicadores como grasa en leche, MUN, BHB o NEFA. No sustituyen la observación en terreno, pero complementan el conocimiento con decisiones más precisas”.

–¿Cómo nació el Dairy Club y qué aporta en la formación de estudiantes?
Surgió en 2023 junto a mis tesistas, inspirado en experiencias internacionales. Busca complementar la formación tradicional con charlas, congresos, proyectos y visitas a predios. Su objetivo es fortalecer el interés por el rubro, generar redes y acercar a los estudiantes a la realidad de la producción lechera moderna”.

–¿Por qué es clave que los futuros veterinarios apliquen nutrición de precisión en terreno?
“Porque no es una disciplina aislada. Ya muchos predios han alcanzado altos niveles de productividad y avanzar requiere afinar decisiones con criterios ajustados a cada sistema. Eso demanda veterinarios capaces de usar herramientas tecnológicas, interpretar datos y aplicar estrategias adaptadas”.

–¿Qué competencias necesitan los estudiantes para enfrentar una lechería más tecnológica y sustentable?
“Además de una sólida base técnica, deben manejar softwares, interpretar datos e indicadores, y adaptarse a nuevas tecnologías como sensores o plataformas de gestión. También requieren pensamiento crítico y capacidad diagnóstica, ya que no basta aplicar recetas: cada sistema tiene sus particularidades”.

–¿Qué avances marcarán la nutrición de precisión en la lechería chilena en los próximos años?
“La integración de información en terreno con plataformas digitales y modelos adaptados a condiciones locales. Se pasará de un manejo grupal a uno más individual, incorporando variables productivas, económicas, de salud y ambientales, como eficiencia en el uso del nitrógeno y huella de carbono”.

–Para cerrar, ¿qué mensaje entregaría a productores y estudiantes sobre la importancia de adoptar una mirada científica y de precisión?
“La precisión no reemplaza la experiencia, la potencia. Para los productores, sistematizar datos permite dimensionar el impacto real de las decisiones y detectar oportunidades de mejora. Para los estudiantes, especializarse en lechería de precisión es una ventaja competitiva, pues aún son pocos los profesionales capacitados en esta área”.

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