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Entre más lluvias y mayor variabilidad: el escenario que enfrentará el agro este invierno

Las proyecciones apuntan a un invierno con precipitaciones dentro o sobre lo normal desde la zona centro-sur hacia el sur, temperaturas más altas y alta variabilidad. Expertos coinciden en que no será un año seco, pero llaman a seguir de cerca la evolución del clima.

El invierno 2026 se perfila con mayor disponibilidad de agua en varias zonas agrícolas del país. Sin embargo, la combinación de señales climáticas —incluido un posible desarrollo de El Niño— y un contexto de alta incertidumbre obligan a mirar el pronóstico con cautela y a ajustar decisiones en función de cómo evolucione la temporada.

Aunque los modelos climáticos entregan tendencias más que certezas, hay algunas señales que comienzan a alinearse. Desde una perspectiva de gran escala, el climatólogo Raúl Cordero plantea que “lo más probable es que, especialmente durante el segundo semestre del año, esté marcado por el desarrollo del fenómeno de El Niño”, lo que suele traducirse en “precipitaciones sobre lo normal en la zona centro y centro sur de Chile”.

En ese contexto, agrega, el escenario más probable es de “temperaturas y precipitaciones por sobre lo habitual”.

Desde la Dirección Meteorológica de Chile, Catalina Medina, de la Oficina de Servicios Climáticos, complementa que “desde la región del Maule hasta Magallanes se esperan precipitaciones en rangos normales a sobre lo normal”, mientras que entre Coquimbo y O’Higgins “se estiman precipitaciones acumuladas en rangos normales a bajo lo normal”.

Más que un invierno homogéneo, lo que se configura es un país dividido en términos de disponibilidad hídrica, con mejores perspectivas hacia el sur y mayor incertidumbre en la zona centro.

Primavera lluviosa

Si bien la posibilidad de lluvias por sobre lo normal puede leerse como una buena noticia tras años de déficit, su distribución en el tiempo también importa. Cordero advierte que el fenómeno de El Niño tiende a intensificarse hacia fines de año, por lo que “podríamos tener más que un invierno particularmente lluvioso, una primavera con mayores precipitaciones”.

Para la agricultura, ese matiz no es menor. Excesos de agua en primavera pueden complejizar manejos, afectar floraciones o interferir en cosechas, dependiendo del cultivo.

En esa misma línea, Medina señala que, si bien el pronóstico estacional no permite anticipar eventos específicos, “los eventos de precipitaciones intensas suelen concentrarse en períodos acotados, especialmente entre las regiones del Maule y Los Lagos”, lo que obliga a no perder de vista la ocurrencia de episodios puntuales de alto impacto.

Temperaturas más altas, heladas menos frecuentes

En paralelo, las temperaturas seguirán una tendencia al alza. Cordero explica que El Niño “también empuja las temperaturas al alza”, lo que hace probable un invierno más cálido de lo habitual. En ese contexto, afirma que “sería sorpresivo que este fuera un año con una alta frecuencia de heladas”.

Sin embargo, eso no implica su ausencia. Medina precisa que, entre Valparaíso y Los Lagos, “se anticipan amaneceres más fríos de lo habitual”, lo que mantiene vigente el riesgo de heladas en la zona centro-sur, especialmente tras el paso de sistemas frontales.

Se trata, en definitiva, de un escenario donde conviven tendencias cálidas con eventos fríos puntuales, una combinación que exige atención fina por parte de los productores.

Ambos especialistas llaman a la cautela. Los pronósticos estacionales, coinciden, no permiten definir escenarios cerrados.

“Todos los pronósticos estacionales están sujetos a incertidumbre”, advierte Cordero, quien además subraya que sería “extraordinariamente sorpresivo” enfrentar un año seco, reforzando la idea de que no se espera un escenario hiperárido.

Desde la Dirección Meteorológica, Medina complementa que “estos pronósticos deben interpretarse como tendencias generales y no como predicciones determinísticas”, recomendando incorporar un monitoreo continuo para la toma de decisiones.

En esa tarea, el océano vuelve a ser protagonista. Cordero destaca la importancia de seguir la evolución del indicador ONI y advierte que “si el fenómeno se desarrolla rápidamente, es probable que el año termine con precipitaciones relativamente altas”. Medina, en tanto, apunta a la temperatura superficial del mar en el Pacífico ecuatorial como indicador del estado del ENOS, junto con el seguimiento de sistemas frontales y reportes oficiales.

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Eficiencia y mejor gestión son claves para contener impacto del conflicto en Medio Oriente

El escenario internacional presiona costos y tensiona la planificación agrícola. Frente a ello, productores, gremios y autoridades coinciden en la necesidad de optimizar recursos, mejorar la productividad y fortalecer la información para sostener la actividad.

El conflicto en Medio Oriente comienza a sentirse en la agricultura a través de múltiples canales. No se trata de un solo factor, sino de una combinación de aspectos que impactan la operación diaria y las decisiones de mediano plazo.

“Tenemos efectos directos, como el alza de los fletes marítimos, que incluso se produjo antes de que el ministro de Hacienda anunciara el aumento del precio del petróleo. Luego vienen los efectos indirectos, como la subida de los combustibles, los fertilizantes y la logística”, señala Víctor Catán, presidente de Fedefruta.

En esa misma línea, Antonio Walker, presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA), advierte que “hoy el impacto se está sintiendo principalmente por la vía de los costos de los insumos y la logística”, lo que “termina estrechando márgenes y afectando la competitividad del sector”.

Más eficiencia

Ante este escenario, la respuesta inmediata del sector se está concentrando en la gestión interna de los predios. La eficiencia en el uso de recursos aparece como una de las principales herramientas para enfrentar la incertidumbre.

“Hay que ser responsables, porque el combustible tiene una incidencia importante en los costos productivos. También está la capacidad y responsabilidad de los productores para acotar ese impacto”, plantea Catán.

En concreto, esto se traduce en ajustes operativos. “Una medida es reducir el uso de combustible en ciertas labores o incluso eliminarlas”, explica, junto con precisar que “si se utilizan productos biológicos como feromonas, se podría prescindir del uso de maquinaria para aplicaciones de insecticidas químicos”, ejemplifica Catán.

También se sugiere revisar las labores tradicionales. “Si no es estrictamente necesario usar rastras u otros implementos, es mejor no hacerlo. O bien, esperar momentos más propicios, como después de lluvias, cuando el suelo está más blando, para reducir el consumo de petróleo por hectárea”, plantea Catán.

Desde la mirada sectorial, esta lógica se refuerza. La directora (s) de Odepa, Daniela Acuña, señala que “se enfatiza la necesidad de mejorar la eficiencia en el uso de fertilizantes en función de los requerimientos productivos y las condiciones de suelo”.

También se promueve la adopción de prácticas de manejo que optimicen la nutrición de los cultivos.

“Estas acciones contribuyen a disminuir la exposición a la volatilidad de precios internacionales y a mejorar la sostenibilidad económica de los sistemas productivos. En otras palabras, se requiere un esfuerzo importante de mejora de la productividad. La estrategia para estos escenarios complejos es realizar consistentes mejoras en la productividad sectorial”, añade Acuña.

En paralelo, algunas tendencias, dice Catán, podrían consolidarse. Una de ellas es el uso de energías renovables. “Ha crecido el uso de energía fotovoltaica en muchos campos, y es probable que ese desarrollo se intensifique”, señala, en línea con una búsqueda de mayor eficiencia energética.

Anticiparse

En un escenario dinámico, la capacidad de anticiparse cobra especial relevancia. La planificación de compras, la revisión de costos y la coordinación aparecen como herramientas clave para enfrentar la volatilidad.

“En el corto plazo, lo más importante es fortalecer la planificación de compras y costos, revisar con anticipación el abastecimiento de insumos críticos”, señala Walker.

Para los productores más pequeños y medianos, la anticipación es crítica, “porque son quienes tienen menos margen para absorber shocks externos. Desde la mirada gremial, además, se vuelve fundamental acompañarlos con información oportuna y herramientas que les permitan tomar decisiones antes de que el impacto llegue con mayor fuerza a la próxima temporada. Esta preocupación es especialmente relevante porque la gran mayoría de los productores en Chile son pequeños y medianos”, dice Walker.

A nivel institucional, el énfasis está puesto en el acceso a información oportuna. “El Ministerio de Agricultura a través de la Odepa realiza un monitoreo permanente de las condiciones internacionales y nacionales del mercado de fertilizantes para, por un lado, ofrecer la mayor información disponible a los agricultores para que tomen decisiones de producción de manera informada”, explica Acuña.

Asimismo, destaca que “resulta relevante fortalecer la coordinación entre actores públicos y privados, con el objetivo de facilitar el seguimiento del mercado y una adecuada toma de decisiones en un contexto internacional dinámico”.

Junto con ello, desde el mundo productivo también se pone el foco en otros costos estructurales que inciden en la actividad. Catán señala que “el Ejecutivo puede colaborar con medidas que tengan impacto en la seguridad rural, ya que también tiene un costo muy alto en el sector”.

Entre las medidas que la SNA ha planteado están aliviar costos energéticos, revisar mecanismos que permitan mitigar el impacto del diésel en la actividad agrícola, y apoyar especialmente a los pequeños productores. “Son quienes tienen menos capacidad para absorber estas alzas. También se ha planteado la importancia de medidas paliativas en materia de energía, empleo y costos operacionales, porque el agro no puede seguir absorbiendo por sí solo una sucesión de shocks externos. Proteger al sector no es defender un interés particular: es resguardar empleo, abastecimiento de alimentos, actividad regional y capacidad exportadora”, sostiene Walker.

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El Conflicto por la Incertidumbre de los Fertilizantes

El conflicto internacional dispara precios, reduce la oferta y obliga a repensar cómo acompañar al agricultor en una temporada clave.

Lo que ocurre hoy en los principales polos geopolíticos del mundo ya no se limita al ámbito diplomático o energético. La escalada del conflicto en Medio Oriente ha vuelto a tensionar mercados estratégicos a nivel global, afectando directamente a uno de los insumos más críticos para la producción de alimentos: los fertilizantes.

Las restricciones al comercio internacional, las disrupciones logísticas en rutas clave y el encarecimiento del gas natural, principal insumo para la producción de fertilizantes nitrogenados, han provocado un nuevo remezón en los precios y en la disponibilidad de estos productos. Esta situación ha encendido las alertas del sector agrícola en distintos países importadores, incluido Chile, donde ya se observan alzas en los fertilizantes nitrogenados de entre un 25% y un 35%, según datos de ODEPA.

El impacto de esta “guerra por los fertilizantes” se siente con especial fuerza en economías agrícolas dependientes del abastecimiento externo. Con cerca de un tercio del comercio mundial de fertilizantes transitando habitualmente por zonas hoy afectadas por el conflicto, las interrupciones en la oferta comienzan a trasladarse a los mercados locales en forma de mayores costos, menor disponibilidad y decisiones productivas cada vez más complejas para los agricultores, en plena antesala de una temporada clave.

Desde una perspectiva de oferta y demanda, el año comenzó de manera relativamente “normal” para el mercado de fertilizantes en Chile. Sin embargo, con el transcurso de las semanas, el escenario internacional comenzó a impactar con fuerza en los mercados de insumos agrícolas a nivel global. El alza sostenida de precios ha afectado directamente a los fertilizantes y ha derivado, además, en una menor oferta y disponibilidad en el mercado nacional, una situación particularmente delicada si se considera la dependencia estructural de la agricultura respecto de estos insumos para su productividad.

Willian Rojo, Gerente General de COMPO EXPERT Chile, comenta que en la zona sur del país ya se observa la postergación de siembras de cultivos estratégicos como trigo y avena, tanto por la escasez de fertilizantes como por el encarecimiento de estos. De no resolverse esta situación en el corto plazo, existe un riesgo concreto de que estas dificultades se extiendan hacia la próxima temporada agrícola alta, generando impactos aún más profundos en la cadena productiva.

En este contexto, los principales importadores de fertilizantes commodities se mantienen en una posición de alta cautela, evitando asumir el riesgo de incorporar inventarios a precios elevados que luego podrían no ser comercializables en un escenario de normalización de valores. Esta postura, si bien comprensible desde el punto de vista financiero, contribuye a incrementar la incertidumbre respecto de la disponibilidad futura de fertilizantes en el país.

Al respecto, Willian Rojo explica:

“En este escenario desafiante, estamos realizando un esfuerzo significativo por mantener un adecuado nivel de abastecimiento y responder oportunamente a las necesidades de nuestros clientes. Nuestra propuesta se sustenta no solo en productos de mayor eficiencia, sino también en el respaldo de un equipo técnico altamente capacitado, capaz de brindar asesoría específica y adaptada a las condiciones y requerimientos de cada agricultor, entregando soluciones eficientes.”

Asimismo, destaca el compromiso de la compañía por mantener sus precios lo más competitivos posible, en coherencia con una visión de mediano y largo plazo, basada en relaciones sustentables y en el desarrollo continuo de la agricultura nacional.

“Creemos firmemente que, en la medida en que a los agricultores les vaya bien, nuestro propio desempeño como empresa también se verá fortalecido. Por lo anterior, nos ponemos a disposición del sector agrícola para apoyar activamente la optimización del uso de fertilizantes, revisando casos específicos y ajustando dosis y estrategias de nutrición, con el objetivo de generar el máximo ahorro posible sin comprometer los rendimientos productivos.”

Frente al sostenido aumento de los precios de los fertilizantes, impulsado principalmente por el alza de la energía y los combustibles a nivel global, el desafío para la agricultura ya no pasa únicamente por el acceso a los insumos, sino por cómo utilizarlos de manera más eficiente. En este escenario, la eficiencia en el uso de fertilizantes cobra especial relevancia e invita a productores y profesionales a repensar los programas de nutrición, incorporando tecnología, datos y asesoría técnica especializada.

Desde el ámbito técnico, Rubén Araya, Gerente Técnico de COMPO EXPERT Chile, señala:

“El alza de los fertilizantes a nivel mundial nos desafía, tanto a los agricultores como a nosotros los profesionales, a ser mucho más eficientes en el uso de los recursos. Hoy nuestro objetivo es lograr los mismos resultados productivos utilizando mejor la tecnología disponible.”

En esta línea, la adopción de tecnologías de nutrición avanzada, el uso de herramientas basadas en datos y la adaptación de los programas de fertilización a la contingencia actual se vuelven claves para que los agricultores puedan reducir volúmenes de aplicación, optimizar costos y mantener los rendimientos productivos, incluso en un contexto de alta incertidumbre.

“Contamos con herramientas y tecnologías probadas que permiten utilizar menores volúmenes de fertilizante, manteniendo los rendimientos. Nuestra invitación es a trabajar con más información, más datos y una asesoría técnica cercana, para adaptar los programas de fertilización a esta nueva realidad sin sacrificar resultados.” Explica y cierra Rubén.

En un contexto global marcado por la incertidumbre, este escenario refuerza el sentido del lema de COMPO EXPERT, Experts for Growth, donde el desafío es demostrar que, a través de eficiencia, tecnología, datos y un equipo técnico y humano especializado, es posible seguir creciendo junto a los agricultores, incluso en tiempos complejos.

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Del riego a la cosecha: cómo la inteligencia artificial está redefiniendo las decisiones en el agro

Monitoreo continuo de animales, predicción de riesgos sanitarios y automatización de procesos administrativos son algunos de los usos que hoy impulsa esta tecnología en el sector. Su potencial es alto, señalan expertos, pero su implementación aún es incipiente.


La inteligencia artificial ya no es una promesa lejana para el agro. Está en los sensores que miden la humedad del suelo, en los drones que recorren los potreros y en los sistemas que ordenan la contabilidad de una temporada. Sin embargo, su verdadero impacto no radica solo en la tecnología disponible, sino en la capacidad del sector para generar datos de calidad, interpretarlos y, sobre todo, confiar en ellos.

En terreno, la IA comienza a desplegar su mayor valor en la capacidad de observar, interpretar y actuar. Cecilia Gutiérrez, Jefa de la Unidad de Proyectos de la agencia FIA (Fundación para la Innovación Agraria), da un ejemplo: “A través del reconocimiento de imágenes (diferentes estados del desarrollo y fisiología de las especies) se pueden optimizar maquinarias que hacen el reconocimiento en terreno y gatillan una acción de control, por ejemplo, en el control de malezas”.

Este principio se replica en distintas etapas del ciclo productivo. En cosecha, otro ejemplo, la alianza de la agricultura de precisión y la IA, con el uso de cámaras multiespectrales permite identificar variables clave para adelantar, atrasar o detener el proceso. “A través de la IA se puede modelar los datos obtenidos del terreno y para el reconocimiento e identificación de elementos relacionados directamente con el índice de madurez como son color, tamaño, contenidos de azúcar y acidez y materia seca”, agrega Gutiérrez.

En paralelo, comienzan a consolidarse herramientas que integran estas capacidades en soluciones concretas. Es el caso de la empresa tecnológica Miido, cuyo trabajo apunta a acompañar a las empresas agrícolas en su transformación digital, conectando distintas fuentes de información —sensores, riego, monitoreo de plagas o registros históricos— para construir una base de datos estandarizada sobre la cual operan agentes de inteligencia artificial.

En ganadería, el cambio es igualmente llamativo. Luis Porras, CEO de Ganader IA, explica que el uso de la inteligencia artificial ya permite pasar de un manejo de animales basado en observación esporádica a uno continuo y sustentado en datos”. Variables históricamente difíciles de medir, como el peso animal o el comportamiento del rodeo, hoy pueden monitorearse de forma constante. En esa línea, cuenta que la empresa utiliza drones y modelos de IA para pesar y contar animales directamente en las pasturas, sin necesidad de movilizarlos.

Decidir mejor, producir más

La promesa más concreta de la IA está en la toma de decisiones.

“La principal ventaja de la inteligencia artificial es que permite transformar la toma de decisiones, pasando de un enfoque intuitivo a uno basado en información objetiva y en tiempo real”, afirma Porras.

Desde el ámbito de la gestión, Diego González, CEO de Defontana, pone el foco en un aspecto menos visible: “Saber cuánto te costó realmente la temporada, tener la facturación al día, no perder plata por una cobranza mal gestionada. Eso suena menos glamoroso que monitorear cultivos con IA, pero es lo que separa a un productor que sobrevive de uno que crece”. Algo que se vuelve especialmente relevante en temporadas con liquidaciones por debajo de lo esperado.

En esa línea, cuenta que Defontana ofrece plataformas que integran facturación, remuneraciones, flujos de caja y cobranza, incorporando agentes de IA que automatizan tareas administrativas y permiten visualizar el negocio en tiempo real.

La eficiencia también se expresa en el tiempo. “Tenemos clientes que antes dedicaban dos o tres días a cerrar la contabilidad del mes. Hoy lo hacen en horas, con información que además les dice dónde se están yendo los costos”, suma González.

En la agroindustria, los beneficios pueden ser igualmente tangibles. Nicolás Castellón, CEO de Miido, señala: “Según nuestra experiencia, hemos observado que se pueden ahorrar y reducir costos hasta en un 30% en mano de obra, es decir, en insumos, en la aplicación de agroquímicos o en los rendimientos”.

A su juicio, más que grandes transformaciones, muchas veces el impacto está en evitar errores acumulativos. “En la agroindustria, al final, lo que suele ocurrir es que se cometen muchos pequeños errores durante el año que se repiten y que son medidas invisibles que no matan toda la cosecha, pero sí la arruinan”, advierte.

Desafío en los datos y otras barreras

El uso de la IA suena muy atractivo, pero si hay un consenso transversal entre quiénes se dedican a su aplicación en el agro u otros sectores, es que este tipo de inteligencias necesita datos.

“La IA para ser efectiva necesita una gran cantidad de datos, y la calidad del dato también es fundamental”, plantea Gutiérrez. Sin embargo, la base aún es débil. “Seré honesto: la mayoría no está lista todavía”, reconoce González. “La información financiera vive en cuadernos o en planillas que nadie más puede leer”.

Castellón es aún más directo: “No estamos preparados en absoluto”. Y agrega que “no existe estandarización de datos”, lo que dificulta implementar soluciones efectivas.

La conectividad rural, por otra parte, también sigue siendo una limitante, pero no es la única. “Las barreras en competencias digitales y conectividad en el uso de instrumentos puede ser importante para la adopción”, dice Gutiérrez, quien también advierte sobre la importancia de validar las recomendaciones.

Desde la experiencia empresarial, González introduce otro elemento: “la desconfianza acumulada”. “Muchos productores han escuchado antes que ‘esta tecnología va a cambiar todo’ y la experiencia no cumplió la promesa”, plantea.

Castellón, en tanto, apunta a la dificultad de medir el retorno, es decir, que “no se entienda cuánto me reportará la compra de este software o tecnología”.

IA frente a un agro más incierto

Una variable que no queda fuera es la escasez hídrica y la variabilidad climática, donde la IA puede ser un gran aporte al permitir anticiparse.

“La participación de la IA en la búsqueda de soluciones tiene una característica clave que es la ‘oportunidad’: utiliza datos en tiempo real, permitiendo la consulta ágil y toma de decisiones inmediatas eficientemente”, explica Gutiérrez.

En ganadería, esto se traduce en decisiones más estratégicas. “Frente a la escasez hídrica es posible ajustar la carga animal en función de la disponibilidad forrajera estimada”, señala Porras.

Castellón también aporta un ejemplo concreto: “La IA, por lo tanto, es proactiva: te alerta y te indica cómo comprar el producto adecuado”.

Mirando hacia adelante, el consenso es claro: en los próximos años se vería un agro cada vez más digitalizado, automatizado y orientado a la predicción.

“En los próximos 10 años, veo mucha menos gente en cada campo, mucha menos gente trabajando, muchos más robots, mucho más control y mucha más precisión”, proyecta Castellón. Aunque para González “la tecnología debería liberar, no reemplazar”.

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La cereza en tiempos de ajuste: las lecciones que dejó la crisis del kiwi en los años 90

El director ejecutivo de Abud & Cía., Christian Abud, ha vivido desde dentro dos momentos complejos para la fruticultura chilena: la crisis del kiwi en los años 90 y el escenario actual de la cereza. Desde su experiencia, plantea que el sector debe avanzar hacia una mayor coordinación, revisar costos a lo largo de toda la cadena y tomar decisiones técnicas con información precisa para enfrentar los próximos años.

La fruticultura chilena ha atravesado distintos ciclos a lo largo de su historia. Algunos han estado marcados por períodos de expansión acelerada y otros por momentos de ajuste, donde el mercado obliga a replantear estrategias productivas, comerciales y de gestión.

Christian Abud, director ejecutivo de Abud & Cía. —empresa productora de kiwi y cerezas, además de asesora I+D y comercializadora— ha sido testigo directo de dos de esos momentos: la crisis que vivió el kiwi en la década de los 90’ y las dificultades que hoy enfrenta la cereza.

Con una mirada experimentada, reflexiona sobre las similitudes y diferencias entre ambos procesos para rescatar aprendizajes, así como sobre los desafíos que hoy enfrenta el sector cerecero.

—Han vivido tanto la crisis del kiwi en los años 90 como la situación actual de la cereza. ¿Qué similitudes y diferencias observan entre ambos procesos?

Nosotros lo hemos vivido en toda su plenitud como productores, asesores y comercializadores. Lo que más se acerca a ambas crisis es que, cuando el precio del kiwi cayó abruptamente, gran parte de la fruta se comercializaba en Europa. Era un monomercado, como ocurre con China y la cereza.

Pero son productos muy diferentes en varios aspectos. Por ejemplo, el kiwi se puede guardar, por lo tanto, al año siguiente se estableció un programa de guarda más agresivo para no concentrar la venta en cuatro semanas. En cambio, la cereza no se puede guardar, es un producto muy delicado en cuanto a su vida de poscosecha.

Por otro lado, el mundo cambió mucho. El grupo etario que consume fruta actualmente es distinto, y la posibilidad de nuevos mercados en el caso del kiwi es muy grande. Por eso, el kiwi hoy cambió su escenario.

—Se suele decir que uno de los factores de la situación actual de la cereza fue el fuerte aumento de plantaciones. ¿Algo similar ocurrió con el kiwi en esa época?

Sí, efectivamente se plantó mucho kiwi, y en cualquier tipo de suelo y zona. Claramente, hubo muchos huertos que tenían producciones muy bajas, pero que a tres dólares el kilo funcionaban. Cuando vino la crisis, esos huertos desaparecieron o quedaron rezagados.

Se produjo una explosión de plantaciones, que es una similitud en ambas especies. Pero hay otras diferencias importantes: el boom del kiwi duró unos cuatro años, mientras que en la cereza tuvimos más de una década de bonanza.

Eso permitió que algunos productores miraran el negocio a largo plazo y dijeran que en algún momento esto iba a bajar. Pero era difícil frenarse, porque la cereza cumplía todos los récords: cuando se hablaba de producir 20 millones de cajas se pensaba que iba a pasar algo, y no pasó nada; después, 40 millones, y tampoco; luego 80 millones, y seguíamos con precios de cuatro dólares.

—Mirando en retrospectiva, ¿qué aprendizajes del kiwi podrían dar luces hoy al sector cerecero?

Lo primero fue llegar a un nivel productivo que permita sortear precios más bajos. Es decir, producir volumen y calidad suficientes para sobrevivir en un escenario de retornos más restringidos.

También fue muy importante desarrollar una cultura propia de manejo del kiwi. No copiar lo que se hacía en Nueva Zelandia o Italia, sino construir una identidad productiva local. El Comité del Kiwi ayudó mucho a consensuar parámetros básicos de cosecha que antes no estaban claros en la industria.

Otro aspecto fundamental fue definir las ecozonas o “terroirs kiwícolas”, ya que el kiwi es una especie que tiene mayores exigencias edafoclimáticas que muchas otras especies frutales.Eso permitió mejorar la calidad del producto y avanzar hacia un kiwi cada vez mejor.

—¿Qué está ocurriendo hoy con la cereza desde el punto de vista productivo y de mercado?

En cereza tenemos claro qué hay que producir, pero esta temporada dio una señal que nunca habíamos visto: los calibres grandes, que eran el refugio para pasar la barrera de los dos dólares —que es más o menos el costo de producción— en algunos casos terminaron vendiéndose parecido o levemente superior que el calibre jumbo.

Eso rompe un paradigma y nos deja en una situación compleja, porque seguimos dependiendo de un monomercado y existe potencial para producir 150 millones de cajas.

Gran parte de la cereza de diciembre está en una situación compleja, incluso habiendo restringido producción, mejorado calibres, calidad y firmeza.

—En ese escenario, ¿cuándo conviene seguir apostando por un cultivo y cuándo es mejor tomar decisiones más drásticas?

Nosotros como compañía tenemos 240 hectáreas de cereza y creemos que vamos a quedar con 180. Lo primero es desactivar cuarteles con producciones bajo 10.000 kilos, que ya pagaron la inversión o que tienen variedades que el mercado no quiere. Este proceso lo iniciamos con fuerza la temporada pasada.

Cuando la caja está ajustada y el negocio es incierto, hay que refugiarse en los cuarteles que representan las mejores unidades de negocio en términos productivos y comerciales. Es duro decirlo, pero es la realidad.

Los que podamos aguantar, yo creo que vamos a llegar a un nuevo punto de equilibrio. Pero van a salir muchos actores y proyectos del negocio. Nosotros creemos que ese proceso puede durar no menos de tres años.

—También mencionas que el problema no solo está en la producción, sino en la cadena completa.

Exactamente. Hoy hay que analizar los costos desde el FOB hasta el retorno al productor dentro del sistema exportador.

Seguir pidiéndole más esfuerzos al productor es difícil, porque ya se hicieron muchos. Entonces, hay que mirar otros eslabones de la cadena: las cartoneras, las empresas de plástico, las químicas y todo lo relacionado con los costos de packing.

En China, la cereza ya no es el regalo que era antes, como una caja de chocolates. Quizás no necesitamos embalajes tan sofisticados en todo el período de venta. En ambos frentes hay centavos de ahorro que traspasados al neto productor pueden ayudar mucho en estos años que van a ser duros.

—En los años 90 el kiwi impulsó mayor coordinación entre productores, exportadoras y técnicos. ¿Crees que hoy la cereza necesita algo similar?

Sí, absolutamente. Este año hicimos grandes esfuerzos: bajar kilos por hectárea, mejorar calidad, mejorar firmeza. Y aun así la fruta se terminó rematando a precios que da pudor contar.

El sistema exportador tiene que ordenarse más. Actualmente, hay más de 300 exportadoras de cereza. Soy fanático del libre mercado, pero ordenado, que permita hacer sostenible el negocio. Creemos también que el comité de cerezas debe tener un rol más activo en todo esto.

—¿Quién debería liderar ese proceso?

Lo que hay que hacer es un comité de crisis. Ese comité debería convocar al ministro de Agricultura, a la SNA, a representantes de exportadoras, a Frutas de Chile, a técnicos y también al mundo de la poscosecha. Y trabajar hasta llegar a una propuesta que tenga la mayor adhesión posible. Hoy hay mucha desorientación y cuando eso ocurre se toman malas decisiones.

—¿Qué tipo de información es clave para que los productores tomen decisiones en este escenario?

Lo primero es tener las cuentas claras. Parece obvio, pero no siempre lo es. Hay que analizar cada cuartel del campo como una unidad de negocio: productividad, curvas de calibre, calidad de fruta, variedades, suelos. Eso permite decidir qué huertos seguir manejando y cuáles no.

A nivel industria también es importante intentar tener los resultados de la temporada lo antes posible, porque eso permite planificar mejor.

—¿Qué rol puede jugar la tecnología en este proceso?

Siempre se habla de inteligencia artificial y de modelos de predicción. Eso puede ayudar, pero para eso se necesita una buena base de datos. Predecir el mercado no es fácil, porque cambia mucho durante la temporada. Pero mientras mejor información tengamos, mejores decisiones se pueden tomar.

Kiwi y cereza: dos momentos de ajuste en la fruticultura chilena

AspectoKiwi en los años 90Cereza en la actualidad
Expansión del cultivoFuerte aumento de plantaciones durante los años 80.Crecimiento acelerado de superficie en la última década.
Dependencia de mercadosAlta concentración en Europa.Alta dependencia del mercado chino.
Oferta vs demandaAumento de producción generó presión en los precios.Mayor volumen exportado tensiona logística y mercado.
Respuesta del sectorMejora de estándares, coordinación y manejo técnico.Debate sobre coordinación sectorial y ajuste de estrategias productivas.
Situación actualMercado más diversificado y con consumo creciente en varios países.Sector en proceso de ajuste productivo y comercial.
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Peonías chilenas: entre el boom global y los desafíos de un cultivo exigente

Es una flor en expansión, que requiere altos costos de entrada y que tiene un mercado de exportación cada vez más exigente. Aún así, se la identifica como una opción promesa que avanza entre oportunidades, riesgos y el aprendizaje colectivo de sus productores.

Con unas 200 hectáreas plantadas, principalmente en las regiones del Maule, La Araucanía, Los Lagos y O’Higgins, la peonía ya es la flor de mayor superficie cultivada en Chile y encabeza cómodamente el portafolio exportador de flores. Solo entre 2020 y 2024, según datos del Servicio Nacional de Aduanas, los envíos acumularon cerca de US $47,8 millones, muy por sobre otras especies, como ranúnculos o tulipanes.

Aunque detrás de las cifras y del creciente interés internacional (también nacional, pero bastante más pausado), se despliega un mercado joven, exigente y todavía lleno de zonas grises para los productores que apuestan por él.

En Estados Unidos —el destino más importante—, y en Europa, la flor chilena ya es reconocida por su calidad y por una ventaja natural: la ventana de producción. El ciclo de la peonía en Chile (que se concentra entre octubre y noviembre y dura unas tres semanas) coincide con el cierre de la temporada de floración en el hemisferio norte. Esa contraestación es la principal fortaleza, ya que las flores chilenas llegan cuando su oferta local se agota.

Más recientemente, Brasil —que este año recibió los primeros envíos nacionales— completan el mapa de destinos que hoy sostienen el ánimo de los agricultores chilenos. Aun así, abrir nuevos mercados, como India o China, sigue siendo un anhelo y desafío mayor, pues la logística aérea es limitada, los espacios de frío escasean en el aeropuerto y la peonía no resiste improvisaciones.

Un cultivo que no perdona errores

Juan Emilio y Pedro Rieutord, primos y productores de Granero, apostaron por las peonías en 2016 buscando un cultivo intensivo y que no coincidiera con las fechas de cosecha de sus frutales. Partieron con una hectárea; hoy suman seis propias y, junto a proyectos familiares, llegan a 10. Su primera lección fue la más evidente: la peonía exige frío, y mucho.

“El principal factor son las horas de frío”, explica Pedro. Por eso, zonas como O’Higgins, Maule u Osorno se han transformado en polos de crecimiento. En contraste, los proyectos más al norte suelen enfrentar caídas de calidad o de volumen por falta de acumulación térmica, una condición que simplemente no se puede forzar.

Pero el clima no es la única condición estricta. El cultivo es vulnerable a fitóftora, nemátodos y otros patógenos del suelo; requiere un tipo de cosecha manual que demanda ojo experto; y presenta un problema estructural que la industria aún no resuelve. “Una carencia importante es que no hay especialistas en peonía”, dice Juan Emilio.
Los equipos de cosecha deben formarse desde cero y trabajar a diario, sin excepciones. “Uno no puede descansar un domingo; si hace calor, se abre la flor y se pierde”, agrega. Y hablamos de cortes que, según la variedad, pueden repetirse dos o tres veces al día.

La cosecha, además, debe ser estricta: botón firme, vara sobre 50 centímetros y cero tolerancia fitosanitaria. A eso se suma la competencia por espacio aéreo con la industria salmonera y frutícola, un clásico de la logística nacional que, en este caso, puede definir el éxito o fracaso de la exportación.

Una cauta expansión

El aumento de plantaciones en los últimos tres años amenaza con tensionar el mercado, según advierten los Rieutord. “Ya hemos visto una baja en los precios por exceso de oferta y aún falta que entren en producción muchas de las hectáreas nuevas”, advierten los productores.

No es la primera vez que Chile vive un fenómeno de sobreinversión por entusiasmo —las cerezas son un referente cercano—, y la peonía suma una particularidad: el mercado interno todavía es demasiado pequeño. Cuando no se logra exportar, la flor se pierde. “Aquí, sí queda para el mercado local, no se absorbe. Se satura rápido. Las piden para matrimonios, por ejemplo, pero sigue siendo una flor de nicho. Hemos intentado ofrecerlas en cementerios, pero no las compran”, explica Pedro.

Eso sí, añaden ambos, no se trata de no seguir creciendo, pero sí que este crecimiento vaya de la mano de un esfuerzo por abrir y diversificar mercados, lo que a su vez requiere mejoras en la logística para exportar.

María Jesús Ariztía llegó a las peonías desde un camino distinto. Profesora de profesión, buscaba un cambio de rumbo. Conversando con su padre, —productor y gerente general de Tavan Latam, una empresa ligada a biotecnología agrícola— decidió apostar por un proyecto propio. Hoy cultiva una hectárea en Villa Alegre, en la Región del Maule, y espera llegar a cuatro en los próximos años.

“Partimos en 2023, y plantamos en 2024 con rizomas importados desde Holanda”, cuenta. En su caso, el conocimiento no vino de la academia, sino de una mezcla de estudio intenso, lectura de papers y visitas a productores en distintas zonas del país. Aprender escuchando fue parte esencial del proceso: “Una cosa es el papel y otra es lo que se vive en terreno”, afirma.

Su entusiasmo se mezcla con la cautela propia de quien se inicia. Al no ser agrónoma, reconoce que el apoyo técnico es clave. El de su padre—con experiencia agrícola y hoy también involucrado desde el mundo de la biotecnología— le permitió enfrentar las dudas del día a día sin paralizarse.

La espera para plantar, la adaptación del terreno y la logística de traer rizomas en pleno verano fueron algunos de los retos iniciales. Pero hoy siente que las expectativas se están cumpliendo.

“El mercado está creciendo poco a poco. La peonía tiene cada día más fama, tanto dentro como fuera del país”, sostiene. Su apuesta es clara: exportar desde el próximo año y seguir creciendo de la mano de capacitación y colaboración con otros productores.

¿Hacia dónde van las peonías chilenas?

Chile tiene ventajas naturales —ventana productiva, calidad y condiciones de frío— y un creciente espíritu asociativo entre agricultores. Pero también enfrenta desafíos estructurales: costos de inversión cercanos a los $100 millones por hectárea, falta de infraestructura de frío, ausencia de especialistas y una logística aérea limitada.

Aun así, los productores coinciden en que la demanda internacional seguirá creciendo. Japón, Rusia y China —aunque complejos en logística— aparecen como destinos atractivos. Y detrás del boom, lo que se consolida es una identidad productiva que recién empieza a tomar forma.

“Es una industria que está creciendo y donde los agricultores estamos muy unidos”, resume Juan Emilio, y agrega que los grupos de trabajo regionales, la transferencia técnica y una visión compartida sobre el potencial competitivo de la flor chilena también es clave para que la industria siga siendo rentable.

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Agua, innovación y competitividad: exministros delinean prioridades para impulsar el agro

Carlos Furche y Antonio Walker proyectan los desafíos que deberá abordar el próximo gobierno; entre otros, sumar infraestructura hídrica, acelerar la adopción de tecnologías y atraer nuevos talentos, además de diversificar los mercados.

La agricultura chilena, sector que ha sido un aporte constante al desarrollo económico y exportador del país, enfrenta un escenario donde la escasez de agua, la competencia global, el cambio climático, la necesidad de mayor innovación y la incorporación de nuevas generaciones se han transformado en desafíos estructurales.

Para profundizar en cuáles deberían ser las prioridades del período 2026-2030, conversamos con dos voces que suman décadas de experiencia directa en el sector: Carlos Furche, actual director nacional del INIA y ministro de Agricultura entre 2014 y 2018, y Antonio Walker, hoy presidente de la SNA y también ministro de la cartera entre 2018 y 2021.

A partir de sus diagnósticos, se delinea una hoja de ruta con focos clave para que el país no solo mantenga su liderazgo agrícola en los próximos años, sino que siga conquistando nuevos espacios.

1.    El agua como punto de partida

Tanto para Furche como para Walker, la gestión hídrica aparece como un primer desafío ineludible que no puede seguir siendo postergado. Para Furche, el cambio climático dejó de ser una advertencia y se convirtió en un nuevo marco operativo en el que la agricultura debe aprender a producir.

“Probablemente, el mayor impacto es la menor disponibilidad de recursos hídricos. Esa es un área clave de política pública y de inversión público-privada si queremos mantener una agricultura competitiva y rentable”, sostiene el director nacional del INIA.

Walker coincide en la urgencia hídrica, con énfasis en la brecha regional que Chile enfrenta respecto de otros productores del hemisferio sur.

“Solo regamos 900 mil hectáreas en un país de 75 millones de hectáreas, y el 50% tiene riego tecnificado. Perú pronto estará regando 2,6 millones de hectáreas, entonces, necesitamos invertir en infraestructura hídrica, además de vial y digital”, señala el presidente de la SNA.

Furche coincide en que el país debe retomar la construcción de obras de riego, —incluidos embalses medianos con menor impacto ambiental y mayor viabilidad—, tecnificación del riego, infiltración de acuíferos y desaladoras siguiendo modelos ya aprobados internacionalmente si quiere sostener su posición exportadora en el mediano plazo.

2.    Seguridad rural y condiciones para invertir

Aunque la falta de agua condiciona todo, Walker pone sobre la mesa un tema que en los últimos años se ha vuelto ineludible: la seguridad rural. “Estamos con un nivel de inseguridad rural muy grande. Sin seguridad no hay inversión y sin inversión no hay desarrollo”, afirma, aludiendo al aumento del robo de maquinaria, insumos y también a los episodios de violencia en zonas críticas del sur.

En paralelo, ambos ex ministros insisten en que la competitividad de la agricultura chilena depende también de contar con infraestructura acorde al crecimiento del sector. En el caso de Walker, la urgencia incluye caminos rurales, puertos, aeropuertos y conectividad digital. Para Furche, la logística es una desventaja estructural que el país debe minimizar con mayor inteligencia operativa: “Tenemos la distancia más grande y los costos mayores frente a nuestros competidores. Eso hace que la logística sea un tema crucial”.

3.    Tecnología para producir más con menos

La innovación es otro punto central en los diagnósticos. La agricultura chilena deberá responder a una demanda mundial creciente, pero produciendo con menos tierra disponible, debido al deterioro de suelos y urbanización, menos agua y menos mano de obra disponible.

Aquí Furche identifica un reto institucional clave: fortalecer el sistema nacional de investigación, adopción y transferencia tecnológica, con INIA como articulador natural. “Es la única institución que tiene una mirada e infraestructura a nivel nacional”, señala.

Walker complementa esa mirada desde la urgencia productiva. La recuperación de la productividad agrícola —y del sector económico chileno en general— exige acelerar la transición hacia la robotización, mecanización y agricultura de precisión.

Y agrega otro punto estratégico: una agricultura moderna también es la forma de atraer a los jóvenes. “Las tecnologías, en general, son algo muy atractivo para los jóvenes”.

4.    Mercados que exigen profesionalización

El entorno comercial global también está cambiando. Furche identifica una pérdida del orden multilateral que marcó el desarrollo agrícola de Chile durante décadas. “Vivimos un periodo de gran incertidumbre, con más medidas unilaterales y arancelarias. Hay que hacer seguimiento profesional y sistemático de los mercados internacionales”, apunta. Además, plantea una discusión interna de largo plazo: identificar qué cultivos serán las nuevas “grandes apuestas” de la fruticultura chilena durante los próximos veinte años.

En una línea similar, Walker refuerza la importancia de darle continuidad a la política de apertura. “Hay que seguir conquistando India, Asia, Medio Oriente y el norte de África”, dice, señalando que la diversificación comercial sigue siendo una fuente esencial de sostenibilidad para el sector.

5.    Agricultura familiar

Tanto Furche como Walker coinciden en que la competitividad nacional depende también de la capacidad de integrar y hacer crecer a pequeños y medianos productores, que aportan buena parte de la oferta hortícola y alimentaria del país.

Furche atribuye al Estado un rol esencial en ese proceso. “INDAP debe ser la institución promotora de la articulación de la pequeña y mediana agricultura al desarrollo tecnológico y a los mercados formales”, plantea.

Walker enfatiza un punto que se ha vuelto recurrente en el sector: la asociatividad como condición de éxito. “Juntos llegamos más lejos. El cooperativismo moderno es una alternativa real y necesitamos financiamiento que lo impulse”, señala.

Pero también amplía el análisis hacia un ámbito más profundo, que cerrar las brechas de desarrollo rural para que vivir en el campo sea una opción y no una renuncia. Ello incluye vivienda, conectividad, transporte, infraestructura social y servicios de calidad. Y suma que la política migratoria debe actualizarse para asegurar mano de obra regulada y disminuir la informalidad laboral.

6.    Capital humano y relevo generacional

Ambos ex ministros advierten que Chile enfrenta una transición demográfica que reducirá la cantidad de trabajadores disponibles para tareas agrícolas, muchas de ellas físicamente exigentes.

Furche lo resume así: “Vamos a ser menos personas y mayores. La tecnificación no es solo necesaria, sino que es la única forma de ser más productivos, con menos esfuerzo físico y más eficiencia”.

Walker coincide, y suma que el sector tiene herramientas para entusiasmar a nuevas generaciones si comunica mejor su potencial. “Tenemos que mostrar un sector vivo, rentable, exportador. Muchas veces no le damos ese relato al sector, y lo tiene”.

Para ambos, los liceos agrícolas y la educación técnica aparecen como una vía clave de formación, especialmente considerando la creciente sofisticación tecnológica del trabajo en terreno.

7.    Una oportunidad que no se puede postergar

Chile cuenta con ventajas naturales y productivas que lo han hecho destacar durante por décadas en los mercados internacionales: inocuidad, trazabilidad, calidad y un clima mediterráneo que permite producir cuando otros países no pueden, generando oferta fresca para mercados exigentes.

Sin embargo, ambos ex ministros concuerdan en que el país está frente a un punto de inflexión. “Chile tiene una agricultura singular, distinta a cualquier otra en el mundo. La estamos aprovechando, pero todavía tenemos espacio para más”, reflexiona Furche.

Walker expresa la misma idea desde la mirada productiva: “La ventaja no será cuánto producimos, sino cómo producimos”.

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Coagra impulsa innovador programa para formar a los futuros líderes del agro

En alianza con Impulso Docente y SNA Educa, Coagra está transformando la educación técnico profesional agrícola con un modelo que une la formación técnica, el desarrollo socioemocional y la conexión directa con el mundo laboral. El programa ya se implementa en dos liceos del Maule y proyecta seguir creciendo.

Entre tractores, huertos y laboratorios, un grupo de estudiantes del Liceo Bicentenario Agrícola Marta Martínez Cruz de Yerbas Buenas y la Escuela Agrícola Superior Molina, ambas en la Región del Maule, viven una experiencia educativa diferente. No solo aprenden sobre producción, riego o manejo animal, sino que también descubren cómo liderar con empatía, trabajar en equipo y mirar el campo como una oportunidad de desarrollo personal y profesional.

Porque es así cómo se vive “Cosechando el futuro: líderes agrícolas en formación”, el innovador programa que Coagra implementa junto a Impulso Docente para fortalecer la educación técnico profesional agrícola con una mirada integral.

“El mundo agrícola necesita jóvenes preparados técnica y emocionalmente para liderar los desafíos del futuro”, explica Evelyn Gaymer, Gerente de Personas y Sustentabilidad de Coagra, quien lidera el proyecto. “Queremos que los estudiantes no solo aprendan los aspectos técnicos del agro, sino que también desarrollen habilidades para convivir, liderar y proyectarse dentro del sector. Eso es lo que realmente transforma comunidades”, suma.

Con las manos en la tierra, y la mirada en el futuro

El programa nació en 2024, también con el apoyo de SNA Educa, red que agrupa a 12 liceos agrícolas del país. Comenzó como un piloto en Yerbas Buenas, y este año se amplió a Molina, consolidando una alianza que combina la experiencia técnica de Coagra con el acompañamiento pedagógico de Impulso Docente.

El propósito es doble. Por un lado, se busca fortalecer la convivencia escolar y el bienestar de los estudiantes, y por otro, acercar el mundo educativo al laboral con actividades que los conecten con la realidad del sector. Por ejemplo, se organizan visitas a las sucursales de Coagra en Linares y Curicó, donde los estudiantes han podido observar procesos logísticos, de seguridad y asesoría técnica, conectando teoría y práctica de una manera vivencial.

“La salida me pareció muy buena, aprendimos cosas que no sabíamos. Lo que más me quedó fue el cómo trabajan aquí en Coagra. Es muy sorprendente cómo una empresa exporta a casi todo el país”, destaca Nicolás González, estudiante de la Escuela Agrícola Superior Molina, entusiasmado con la experiencia.

Charlas, mentorías y experiencias reales

Además de las visitas, los estudiantes participan en charlas motivacionales y mentorías impartidas por gerentes y profesionales de Coagra. Son espacios donde los jóvenes pueden conocer historias reales de esfuerzo, innovación y compromiso con el agro.

“Estamos muy contentos de hacer estas actividades con la Escuela Superior de Molina. Los niños vienen muy contentos, preguntan mucho y les interesa. Ha sido una experiencia muy enriquecedora para todos”, comenta Camila Gamboa, directora comercial de Coagra Curicó.

La ejecutiva también ha acompañado a los equipos en sesiones de mentoría con los proyectos de 3° y 4° medio: “Nos presentaron sus ideas, y nosotros les dimos feedback sobre cómo mejorarlas, cómo presentar mejor, qué querían vender. Fue una conversación muy entretenida. Había proyectos muy bonitos respecto a la agricultura”, agrega.

Impacto en la escuela y en la sala de clases

Pero el trabajo no se limita a los estudiantes. Con el acompañamiento de Impulso Docente, los equipos directivos y docentes han fortalecido sus prácticas pedagógicas y estrategias de convivencia escolar.

“La alianza con Coagra impacta directamente en el proceso de enseñanza y aprendizaje de nuestros estudiantes y fortalece las habilidades socioemocionales que ellos van a desempeñar en el campo laboral más adelante”, afirma María Victoria Salinas, jefa docente del Liceo Marta Martínez Cruz.

María José González, coordinadora académica de la Escuela Agrícola Superior Molina, añade: “Es un programa que nos ha acompañado en la planificación de actividades y de cómo podemos incorporar el aprendizaje socioemocional en el aula. Hemos aprendido a observar clases de mejor manera y de una forma muy objetiva”.

A dos años de su inicio, “Cosechando el futuro” se ha convertido en una experiencia transformadora tanto para las escuelas como para los equipos de Coagra. “El valor de este proyecto es que conecta la educación con la realidad del campo”, destaca Gaymer.

El entusiasmo también lo comparte Bernardita Yuraszeck, presidenta ejecutiva de Impulso Docente: “Estamos ante una oportunidad única de impactar de manera profunda y sostenible en la educación técnico profesional agrícola. Este es solo el comienzo de un proyecto que, con el compromiso de todos, seguirá creciendo y fortaleciendo el futuro de los estudiantes”.

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Cereza chilena: se proyecta una temporada de menor volumen, pero mejores precios

El asesor Ricardo Miño analiza las proyecciones para la campaña 2025-2026, marcada por heladas, lluvias y una primavera inestable, fenómenos que redujeron la producción nacional, pero que abre un espacio para lograr fruta de excelente condición y así mejores retornos. Aquí sus recomendaciones.

Las primeras cerezas chilenas ya llegaron a China, generando expectación sobre cómo se comportará esta temporada. El arranque ha sido complejo: una primavera irregular, con heladas y lluvias en momentos clave, afectó el potencial productivo de varios huertos. Sin embargo, el asesor y especialista en cerezos Ricardo Miño es optimista: pese a la merma en volumen, la fruta que se está cosechando muestra buena firmeza, calibre y condición, lo que podría traducirse en retornos más favorables para los productores.

A continuación, comparte su análisis técnico sobre la campaña 2025-26, los desafíos en manejo y sanidad, y las lecciones que deja este año para la industria.

¿Cuál es la proyección de producción para esta temporada y qué factores la condicionaron?
La estimación inicial rondaba los 138 a 140 millones de cajas, pero las heladas de fines de agosto —especialmente los días 23 y 24—, sumadas a lluvias y granizos posteriores, redujeron de forma importante el potencial productivo. Hoy proyectamos una cosecha cercana a los 115 millones de cajas, es decir, alrededor de un 20% menos que lo esperado. Las zonas más afectadas han sido las regiones de O’Higgins y Maule, donde hubo daño directo en flores y primordios, además de pérdidas localizadas por granizo.

¿Cómo podría impactar esa merma en los mercados internacionales?
Una menor oferta suele favorecer mejores precios, y la buena noticia es que la fruta que se está obteniendo tiene una calidad superior. Los productores han hecho un trabajo muy serio en manejo y nutrición, y eso se nota en la firmeza, el color y la condición de las cerezas. Sin embargo, el mercado todavía no ha sentido plenamente la reducción de volumen, porque los primeros embarques salieron con volúmenes altos —mucho mayores a los de la temporada pasada—, lo que moderó los precios iniciales. Aun así, la expectativa es positiva: si la condición se mantiene, deberíamos ver resultados económicos más equilibrados que el año anterior.

¿Qué variedades fueron las más afectadas por las condiciones climáticas?
Las variedades tempranas, como Santina y Lapins, fueron las que más sufrieron en términos de floración y cuaja. En contraste, las variedades de media y tardía estación presentan buena carga y un comportamiento más estable, lo que ayudará a compensar parcialmente la caída de producción.

¿Qué panorama sanitario observa esta primavera?
En general, los programas de control de hongos funcionaron bien, especialmente contra monilia y pudriciones. Donde hemos visto más problemas es en bacteriosis, que ha tenido una presencia importante en varias zonas. En algunos huertos hubo descuidos preventivos o intentos de reducir costos en ese aspecto, y eso se ha traducido en daños visibles. No se puede bajar la guardia en bacterias: un mal manejo ahora puede comprometer la productividad futura del huerto.

¿Qué manejos recomienda priorizar el resto de la temporada?
Es fundamental mantener el equilibrio entre nutrición y carga. Un buen manejo del riego, el aporte oportuno de calcio y potasio, y la aplicación de bioestimulantes y reguladores de crecimiento de forma estratégica son claves para consolidar calibre y condición. En lo productivo, conviene ajustar la carga para no sobreexigir árboles debilitados por el clima y cuidar la sanidad de raíces y suelo, algo que a veces se subestima. En términos simples: la consistencia del huerto se construye con decisiones pequeñas, pero sostenidas.

¿Qué cuidados son esenciales en la cosecha y postcosecha?
La calidad lograda en el campo puede perderse fácilmente si no hay un control riguroso en la cosecha. Es importante cosechar en el punto óptimo de color y firmeza, evitar manipular la fruta en exceso y reforzar la capacitación del personal. También hay que poner especial atención al proceso de enfriamiento y embalaje: una cereza bien manejada en esas etapas no solo llega mejor a destino, sino que mantiene su valor comercial.

Después de varias temporadas exigentes, ¿qué aprendizajes deja esta campaña?
Creo que lo principal es la importancia de mirar el huerto de forma integral. No basta con tener buenos programas de fertilización o control fitosanitario si no se cuida la estructura del suelo y el equilibrio fisiológico del árbol. También es evidente que las tecnologías de protección —como cubiertas o macrotúneles— marcarán una diferencia cada vez mayor frente a primaveras erráticas. Finalmente, esta temporada refuerza una lección de fondo: la gestión económica y técnica van de la mano. Los productores que manejan bien sus costos y planifican con información son los que logran sostenerse incluso en años difíciles.

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Jaime Heinrich Commentz: “El sur de Chile tiene todo para consolidarse como motor lechero de las próximas décadas”

Con más de un siglo de tradición familiar en la lechería, lidera su predio en Los Ríos y, además, preside Aproval. Desde ese doble rol, impulsa una mirada optimista y de futuro para el sector, en la que la asociatividad, la innovación tecnológica y la sostenibilidad son caminos concretos de desarrollo.

Lleva más de veinte años dedicado a la producción de leche en la Región de Los Ríos. Jaime Heinrich Commentz es la tercera generación de una familia ligada al rubro desde inicios del siglo XX. Hoy combina ese rol de productor —que comparte día a día con su esposa y en el que también participan sus hijos— con la presidencia de Aproval, gremio que reúne a los lecheros de la región. Desde ahí impulsa una visión de futuro, convencido de que la lechería chilena tiene condiciones únicas para proyectarse con fuerza en las próximas décadas.

—Partió en la lechería en el 2000. ¿Cómo ve hoy el panorama del sector, tanto en Los Ríos como a nivel nacional?
“Lo veo positivo. Si uno revisa los números de los centros de gestión, la mayoría de los productores está con márgenes operacionales, y eso es una señal de que el negocio funciona. Obviamente, no todos están en la misma situación, pero las proyecciones de precio acompañan y, al menos en el corto plazo, se ven estables. Además, el consumo de lácteos en el mundo está creciendo. En la Unión Europea y otros mercados maduros hay restricciones ambientales que limitan la producción, lo que abre espacios para países como Chile, que tiene ventajas naturales en clima, pluviometría y sanidad animal”.

—¿Qué rol juega la asociatividad en este escenario?
“En la Región de Los Ríos casi el 90% de la leche ya se produce y procesa al alero de una cooperativa, por lo tanto la asociatividad es parte de nuestra identidad. Desde Aproval no estamos en la tarea de crear nuevas unidades productivas de carácter cooperativo, sino de apoyar lo que existe: representar a los productores, promover el consumo y articularnos con la industria y las instituciones públicas. La asociatividad ha sido una palanca para inversiones de largo plazo, mejores precios de insumos y acceso a tecnologías, y eso explica parte del dinamismo que tiene esta región frente a otras zonas del país”.

—Hablando de tecnología, usted ha puesto bastante énfasis en validar innovaciones productivas. ¿Qué ejemplos destacaría?
“Un caso concreto es el riego. Hace unos años muchos decían que en Los Ríos no era necesario, o que la energía que se requería lo hacía poco rentable. Como gremio hicimos un proyecto de cinco temporadas donde medimos en campo los resultados. La conclusión fue clara: el riego es rentable, permite aumentar productividad. Con esos datos en mano logramos que más productores se convencieran y que la Comisión Nacional de Riego apoyara proyectos en la zona. Hoy estamos en otra conversación: inteligencia artificial, robótica en el ordeño y sensores para medir diversos aspectos del proceso productivo que ayudan en la gestión general de la empresa. Quizás aún no son masivos, pero están a la vuelta de la esquina y debemos prepararnos”.

—Uno de los problemas históricos de la lechería ha sido la mano de obra. ¿Cómo lo han abordado?
“Es cierto, cada vez cuesta más atraer y retener trabajadores, porque las nuevas generaciones tienen otras expectativas. En Aproval venimos ocupándonos de este tema hace mucho tiempo e incluso una docena de asociados acaba de terminar el primer año de ejecución de un proyecto apoyado por Corfo que les permitió constituirse como Grupo de Transferencia Tecnológica (GTT), a través del cual se reúnen mensualmente para abordar temáticas para mejorar la gestión de personas en sus lecherías. Este grupo es un resultado concreto de un diagnóstico que realizamos al respecto y que también nos arrojó algunas conclusiones importantes, como la necesidad de mirar el entorno laboral femenino o personas que nunca han tenido vinculación con el agro, como nuevas opciones para incorporar capacidades para el sector.

Adicionalmente, este estudio nos mostró algo muy sencillo pero revelador: para muchos ordeñadores el “turno cortado” les incomoda porque quedan con “horas muertas” en la mitad del día, donde no alcanzan a hacer mucho. Buscar alternativas a esta modalidad histórica de organizar la ordeña es un gran desafío, pero puede ser una gran oportunidad para captar nuevos trabajadores para esta función. Cada vez tendremos que ir pensando mucho más en medidas que impacten favorablemente en la calidad de vida del trabajador y, en consecuencia, en la estabilidad de los equipos”.

—En sustentabilidad, ¿qué avances destacaría?
“Decidimos adelantarnos a la presión de los consumidores y la industria, y bajo el alero del Consorcio Lechero adaptamos un programa de sustentabilidad a la realidad chilena. Hoy ya tenemos cerca del 25% de la leche regional certificada, y esperamos poder llegar al 30% bajo este estándar hacia fines de este año. Eso incluye manejo de bosques en los predios, eficiencia en el uso del agua, bienestar animal, reducción de la huella de carbono y vinculación con el entorno. Como gremio creemos que no se trata solo de cumplir con exigencias externas, sino de hacer más sustentable nuestro negocio para las próximas generaciones”.

—Otro reto clave es el recambio generacional. ¿Cómo lo están enfrentando?
“Hace tres años creamos el Área Jóvenes de Aproval, que partió con diez hijos de productores y hoy ya son veinte. Ellos funcionan con actividades mensuales y bajo una modalidad muy parecida a la que tienen los Grupos GTT: visitan predios propios y de terceros, comparten experiencias y visitan empresas e instituciones del sector. En 2023 participaron actívamente en el 5° Encuentro Panamericano de Jóvenes Lecheros organizado por Fepale, en Paraguay, y durante septiembre un grupo asistirá a la 6ª versión en Costa Rica. En abril pasado realizaron una interesante gira tecnológica a Irlanda y Países Bajos.

Estas actividades generan comunidad y entusiasmo. Para que un joven decida quedarse en la lechería, la empresa tiene que ser atractiva: profesionalizada, con posibilidades de crecer, con tecnologías modernas. En mi caso, incorporamos robots de ordeño y eso entusiasmó a uno de mis hijos que estudia Física, que ahora quiere aprender de su funcionamiento. Ese tipo de innovaciones generan un vínculo nuevo con el campo”.

—Frente al auge de las bebidas vegetales, ¿cómo proyecta la demanda de lácteos en el futuro?
“La demanda por lácteos sigue creciendo tanto en Chile como en el mundo. Las bebidas vegetales tuvieron un boom hace algunos años, pero hoy están planas e incluso bajando. Nosotros no estamos en contra de que existan, lo que pedimos es que no se vendan como “leche”. Como Aproval logramos que en Chile se etiqueten como “bebidas vegetales” y eso fue un tremendo logro para el sector porque conseguimos, con el respaldo de la normativa vigente, marcar la diferencia evidente que existe entre la leche y estos productos de origen vegetal. El desafío es seguir promoviendo el consumo con respaldo científico, mostrando que la leche es un alimento completo, asociado a salud, nutrición y bienestar”.

—Si mira hacia diez o veinte años, ¿qué características debería tener la lechería chilena para consolidarse?
“El sur de Chile tiene todo para consolidarse como motor lechero de las próximas décadas. Tenemos suelos, clima, sanidad animal y productores con capacidad de inversión. Si incorporamos mayor superficie de riego, el potencial de crecimiento es enorme. Hoy tenemos un 5%  más de volumen que hace diez años, pero además con una mejora significativa en la calidad de la leche. Podemos proyectar un sector competitivo a nivel global y un aporte fundamental al desarrollo regional. En Aproval siempre hemos tratado de ver la lechería con optimismo. Si algo no resulta, hay que meterle números, tecnología y análisis. Esa es la actitud que nos permitirá proyectar este rubro hacia el futuro”.

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