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Las proyecciones apuntan a un invierno con precipitaciones dentro o sobre lo normal desde la zona centro-sur hacia el sur, temperaturas más altas y alta variabilidad. Expertos coinciden en que no será un año seco, pero llaman a seguir de cerca la evolución del clima.

El invierno 2026 se perfila con mayor disponibilidad de agua en varias zonas agrícolas del país. Sin embargo, la combinación de señales climáticas —incluido un posible desarrollo de El Niño— y un contexto de alta incertidumbre obligan a mirar el pronóstico con cautela y a ajustar decisiones en función de cómo evolucione la temporada.

Aunque los modelos climáticos entregan tendencias más que certezas, hay algunas señales que comienzan a alinearse. Desde una perspectiva de gran escala, el climatólogo Raúl Cordero plantea que “lo más probable es que, especialmente durante el segundo semestre del año, esté marcado por el desarrollo del fenómeno de El Niño”, lo que suele traducirse en “precipitaciones sobre lo normal en la zona centro y centro sur de Chile”.

En ese contexto, agrega, el escenario más probable es de “temperaturas y precipitaciones por sobre lo habitual”.

Desde la Dirección Meteorológica de Chile, Catalina Medina, de la Oficina de Servicios Climáticos, complementa que “desde la región del Maule hasta Magallanes se esperan precipitaciones en rangos normales a sobre lo normal”, mientras que entre Coquimbo y O’Higgins “se estiman precipitaciones acumuladas en rangos normales a bajo lo normal”.

Más que un invierno homogéneo, lo que se configura es un país dividido en términos de disponibilidad hídrica, con mejores perspectivas hacia el sur y mayor incertidumbre en la zona centro.

Primavera lluviosa

Si bien la posibilidad de lluvias por sobre lo normal puede leerse como una buena noticia tras años de déficit, su distribución en el tiempo también importa. Cordero advierte que el fenómeno de El Niño tiende a intensificarse hacia fines de año, por lo que “podríamos tener más que un invierno particularmente lluvioso, una primavera con mayores precipitaciones”.

Para la agricultura, ese matiz no es menor. Excesos de agua en primavera pueden complejizar manejos, afectar floraciones o interferir en cosechas, dependiendo del cultivo.

En esa misma línea, Medina señala que, si bien el pronóstico estacional no permite anticipar eventos específicos, “los eventos de precipitaciones intensas suelen concentrarse en períodos acotados, especialmente entre las regiones del Maule y Los Lagos”, lo que obliga a no perder de vista la ocurrencia de episodios puntuales de alto impacto.

Temperaturas más altas, heladas menos frecuentes

En paralelo, las temperaturas seguirán una tendencia al alza. Cordero explica que El Niño “también empuja las temperaturas al alza”, lo que hace probable un invierno más cálido de lo habitual. En ese contexto, afirma que “sería sorpresivo que este fuera un año con una alta frecuencia de heladas”.

Sin embargo, eso no implica su ausencia. Medina precisa que, entre Valparaíso y Los Lagos, “se anticipan amaneceres más fríos de lo habitual”, lo que mantiene vigente el riesgo de heladas en la zona centro-sur, especialmente tras el paso de sistemas frontales.

Se trata, en definitiva, de un escenario donde conviven tendencias cálidas con eventos fríos puntuales, una combinación que exige atención fina por parte de los productores.

Ambos especialistas llaman a la cautela. Los pronósticos estacionales, coinciden, no permiten definir escenarios cerrados.

“Todos los pronósticos estacionales están sujetos a incertidumbre”, advierte Cordero, quien además subraya que sería “extraordinariamente sorpresivo” enfrentar un año seco, reforzando la idea de que no se espera un escenario hiperárido.

Desde la Dirección Meteorológica, Medina complementa que “estos pronósticos deben interpretarse como tendencias generales y no como predicciones determinísticas”, recomendando incorporar un monitoreo continuo para la toma de decisiones.

En esa tarea, el océano vuelve a ser protagonista. Cordero destaca la importancia de seguir la evolución del indicador ONI y advierte que “si el fenómeno se desarrolla rápidamente, es probable que el año termine con precipitaciones relativamente altas”. Medina, en tanto, apunta a la temperatura superficial del mar en el Pacífico ecuatorial como indicador del estado del ENOS, junto con el seguimiento de sistemas frontales y reportes oficiales.

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