Distintas iniciativas están cambiando la forma en que el sector entiende sus desechos. Expertos coinciden en que esto dejó de ser una tendencia ambiental y comenzó a instalarse como una necesidad productiva, cultural y estratégica para el futuro del rubro.
Envases abandonados en predios, restos orgánicos enviados a rellenos sanitarios o subproductos industriales sin valorización formaron parte de una escena habitual en el mundo agro. Sin embargo, ese paradigma comienza a cambiar.
Impulsada por nuevas exigencias regulatorias, presión de los mercados internacionales y una creciente conciencia ambiental, la economía circular avanza con fuerza en la agricultura chilena. Aquí se destacan algunas iniciativas.
CampoLimpio: cerrar el ciclo de los envases agrícolas

Uno de los cambios más profundos que vive hoy el agro tiene relación con la manera en que entiende sus residuos. Para Francisca Gebauer, directora ejecutiva de CampoLimpio, la economía circular obliga a dejar atrás la idea de que el desecho representa el final del proceso productivo.
“Durante mucho tiempo, el residuo fue simplemente el fin del camino. La economía circular propone exactamente lo contrario: que no existe un fin, sino ciclos donde cada material puede reincorporarse”, plantea.
CampoLimpio nació hace más de 25 años, impulsado por la propia industria fitosanitaria, ante una problemática que comenzaba a hacerse evidente, con miles de envases de productos agrícolas que terminaban abandonados en campos y predios, sin un sistema formal para su manejo.
Con la entrada en vigencia de la Ley REP, la iniciativa evolucionó hasta convertirse en el único sistema de gestión de envases agroindustriales autorizado por el Ministerio del Medio Ambiente. Actualmente opera con una red de centros fijos y puntos móviles distribuidos a lo largo del país, donde los agricultores pueden entregar gratuitamente sus envases luego de realizar el Triple Lavado, procedimiento que permite transformar un residuo peligroso en un material reciclable.
Según Gebauer, uno de los avances más relevantes ha sido cultural. “Hoy hay productores que conocen el Triple Lavado, saben dónde está el punto de recolección más cercano y utilizan el sistema de manera habitual. Hace veinte años esa conversación prácticamente no existía”, afirma.
Sin embargo, advierte que aún existen desafíos importantes. La dispersión geográfica del agro chileno, las brechas de información y la necesidad de fortalecer la coordinación entre instituciones siguen dificultando una adopción más transversal.
Aun así, se muestra optimista respecto del futuro. “Veo un sector que avanza y madura en su comprensión de la sostenibilidad, entendiendo que competitividad y responsabilidad ambiental deben ir de la mano”, sostiene.
Infood Protein: residuos orgánicos convertidos en bioinsumos

La economía circular también comienza a abrir espacio a nuevas soluciones biotecnológicas dentro de la agricultura. Ese es el caso de Infood Protein, empresa fundada por tres científicos que decidieron mirar los residuos orgánicos desde otra perspectiva.
Fernando Jabalquinto, CEO de la compañía, explica que el punto de partida fue comprender que muchos desechos contienen valor aún no aprovechado. “Antes la pregunta era cómo deshacerse de un residuo. Hoy la pregunta es qué valor tiene eso que estoy botando”, señala.
La empresa trabaja con mosca soldado negro, un insecto capaz de transformar residuos orgánicos en proteína para alimentación animal y bioestimulantes agrícolas.
Más allá de la innovación tecnológica, Jabalquinto enfatiza que el principal cambio está en la lógica productiva. “La naturaleza no entiende el concepto de residuo; todo se transforma. El desafío es aprender a observar esos procesos y convertirlos en soluciones reales para la agricultura”, comenta.
En un contexto de cambio climático y presión sobre los recursos, cree que Chile tiene la oportunidad de posicionarse como un referente en agricultura tecnológica y circular. “Tenemos condiciones para exportar no solo fruta, sino también tecnología agrícola y conocimiento”, proyecta.
Neogreen: bioestimulantes desde la industria salmonera

Otra industria que comienza a integrarse a los ciclos productivos agrícolas es la salmonicultura. Desde Neogreen, empresa chilena dedicada al desarrollo de bioestimulantes, buscan transformar excedentes salmoneros en soluciones orientadas a regenerar suelos y fortalecer la resiliencia de los cultivos.
Francisco Ascui, CEO de la compañía, explica que la propuesta responde a dos problemáticas cada vez más visibles: la degradación de los suelos y el estrés climático que enfrentan las plantas.
“El agricultor hoy necesita producir más con menos agua y en condiciones mucho más exigentes”, señala.
Los productos desarrollados por Neogreen utilizan materia prima proveniente 100% de salmón chileno originalmente destinado a consumo humano. A partir de ese origen generan bioestimulantes ricos en aminoácidos, materia orgánica y compuestos activos que pueden aplicarse tanto al suelo como vía foliar.
Ascui destaca que el componente circular no es un relato accesorio, sino parte central del modelo. “Tomamos excedentes de la industria salmonera y los transformamos en un insumo que vuelve a la tierra. El ciclo se cierra de manera muy concreta”, afirma.
Aunque reconoce que todavía existen barreras culturales y desconocimiento respecto de este tipo de soluciones, asegura que la demanda por herramientas más sostenibles seguirá creciendo, impulsada tanto por los mercados internacionales como por las propias necesidades productivas del agro.
“El productor primero mira resultados y costos, pero cada vez hay más presión desde exportadoras, retailers y consumidores sobre cómo se producen los alimentos”, comenta.
ProREP: articular la cadena para reciclar más

Desde la mirada de los sistemas de gestión, Lucile Richard, jefa de economía circular de ProREP, sostiene que avanzar hacia una economía circular requiere coordinación entre empresas, sistemas de gestión, autoridades y generadores.
A su juicio, la Ley REP abrió una conversación que antes prácticamente no existía, obligando a las compañías a revisar sus estrategias y asumir responsabilidad sobre los residuos que generan directa o indirectamente.
“Las empresas comprometidas han iniciado un trabajo profundo en toda su cadena de valor, instalando capacidades internas y desarrollando proyectos que permitan minimizar impactos”, explica.
Sin embargo, advierte que el agro aún enfrenta desafíos relevantes para avanzar hacia una gestión realmente circular y eficiente. El principal, asegura, sigue siendo la educación.
“Los residuos deben ser tratados como materiales desde el momento en que se generan, siendo correctamente segregados y almacenados para conservar su reciclabilidad”, plantea.
Para avanzar, ProREP trabaja actualmente en distintos proyectos orientados a la valorización de residuos que hoy no cuentan con soluciones de reciclaje espontáneo, incluyendo las campañas piloto AgroCircular, de la cuales Coagra ha sido parte, para la valorización de sacos y maxisacos agrícolas. La iniciativa ya suma dos pilotos que superaron las expectativas y actualmente prepara una tercera versión para noviembre.

El objetivo es reincorporar polipropileno de buena calidad a la cadena productiva, evitando que estos materiales terminen quemados o degradándose en suelos y cursos de agua.
Richard considera que el avance de la economía circular requerirá fortalecer simultáneamente la infraestructura, la fiscalización y la capacitación. “Es un cambio muy profundo y progresivo, donde cada eslabón de la cadena debe adaptarse”, sostiene.
Talca: compostaje urbano para devolver vida al suelo

La economía circular también comienza a instalarse desde los territorios. En Talca, el municipio impulsa una planta de compostaje que busca transformar residuos orgánicos domiciliarios y restos vegetales en compost para áreas verdes y uso agrícola.
Mariana Fuentes, directora de planificación municipal, explica que el proyecto forma parte de una estrategia de sostenibilidad iniciada hace varios años, incluso antes de la entrada en vigencia de varias normativas ambientales.
La iniciativa comenzó con programas de reciclaje domiciliario y posteriormente evolucionó hacia el tratamiento de residuos orgánicos, considerando que más del 50% de la basura generada en los hogares corresponde a este tipo de material.
Actualmente, el piloto trabaja principalmente con residuos provenientes de la Macroferia de Talca y podas urbanas. Solo durante noviembre y diciembre de 2025, la planta procesó 119 toneladas de residuos orgánicos.
“La idea es que esos residuos vuelvan convertidos en sustrato útil para áreas verdes y, más adelante, también para los vecinos”, explica.
La planta funciona mediante un sistema de ventilación forzada que acelera el proceso de compostaje, reduciendo los tiempos de transformación desde nueve meses a cerca de dos meses.
Fuentes subraya que uno de los mayores aprendizajes ha sido entender que la economía circular requiere cambios de hábitos y procesos de largo plazo. “La comunidad necesita certezas, educación y soluciones concretas. Cuando eso ocurre, las personas se involucran”, afirma.






