Con 114 mil toneladas de producción y la proyección de llegar a 80 mil hectáreas al 2030, el país afianza su posición como segundo productor mundial de avellano europeo, desplazando a Italia. Expertos coinciden en que el cultivo vive un momento auspicioso, pero advierten que la clave será sostener calidad, sustentabilidad y rigor técnico.
En menos de una década, el avellano europeo pasó de ser una alternativa emergente a transformarse en uno de los pilares de la fruticultura chilena. Viveristas, asesores y productores coinciden en que hoy la industria vive un punto de inflexión: alta demanda, plantaciones en expansión, interés internacional y retornos atractivos que vienen impulsando nuevos proyectos.
Chile ya aparece en el podio global. La última cosecha cerró en 114 mil toneladas, consolidando al país como segundo productor mundial, superando a Italia y quedando solo detrás de Turquía. “Somos parte del hemisferio que está diversificando la oferta mundial, ofreciendo estabilidad, contra estación y un modelo de producción moderno y sostenible. Chile ya no es una promesa: Chile es país de avellanas”, afirma Rodrigo Viñambres, presidente del Comité del Avellano, y suma “Chile ya es un país de avellanas”.
El fenómeno no es casual. Mientras Turquía, Italia y España enfrentan problemas de clima, plagas, menor disponibilidad de agua y menor mecanización, los productores chilenos han elevado sus estándares. La mecanización, la inversión en secado, la mejora de plantas de proceso, la incorporación de genética más moderna y el trabajo técnico constante han permitido que la fruta chilena gane terreno y preferencia en los mercados internacionales.
Un mercado que mira a Chile
La demanda global también ha cambiado el escenario. Turquía, pese a producir 460 mil toneladas, enfrenta restricciones fitosanitarias y productivas que están afectando su competitividad. Italia, históricamente un referente, ha visto caer sus rendimientos por problemas de clima, chinche asiático y falta de agua.
En este contexto, la homogeneidad productiva chilena se ha convertido en un sello. “Somos un nicho muy atractivo para el mundo. La fruta chilena es pareja, con muy buenas propiedades organolépticas y con estándares de entrega cada vez más altos”, sostiene Joaquín Delorenzo, socio y gerente de producción e I+D de Vivero Cuatro Vientos.

El interés internacional también se ha intensificado. Viñambres comenta que incluso empresas de Canadá han iniciado contactos para explorar acuerdos comerciales. Andrés Reyes, director del Grupo Avexa, agrega para el año 2025-2026 se espera un incremento de nuevos productores interesados en el establecimiento del avellano, principalmente por la facilidad de la mecanización, estabilidad económica del precio, aumento en el interés de esta fruta, y por la estabilidad comercial que ha entregado Ferrero en los últimos 15 años.
La proyección del presidente del Comité del Avellano es clara: Chile podría alcanzar 80.000 hectáreas hacia 2030, con una producción cercana a 130.000 toneladas, manteniéndose sin dificultad como segundo productor mundial. Solo para 2025 y 2026 anticipa un incremento de 5 mil hectáreas adicionales, especialmente en Maule, Ñuble, Biobío y La Araucanía.
En la Región de Ñuble, el productor Tomás Viñuela ha observado un crecimiento simultáneo en resultados productivos y comerciales. La subida de precios internacionales, impulsada por la situación en Turquía, sumada al crecimiento natural de los huertos ya establecidos, ha permitido ampliar la superficie y avanzar hacia una mayor mecanización. “Hemos seguido aumentando la superficie para lograr una masa crítica y aprovechar suelos donde el avellano es competitivo. También hemos invertido en maquinaria para mejorar y eficientar los manejos del huerto y la cosecha”, comenta.
Viñuela sostiene que el camino para mantener la rentabilidad a largo plazo pasa por conservar buenos precios, proteger la sanidad del huerto y utilizar fertilizantes y bioestimulantes de manera eficiente para sostener producciones altas y constantes.

Plantas de mayor rendimiento
La velocidad de expansión del cultivo ha ido acompañada por una transformación profunda en el viverismo. En el Maule, Vivero Cuatro Vientos comenzó hace una década ofreciendo plantas de estaca ante la escasa y heterogénea oferta disponible en el país. Sin embargo, la industria cambió, y la actual transición hacia plantas in vitro ha marcado un punto de inflexión. “Partimos con un 10% de in vitro. Este año estaremos en 50% y el próximo en 90%. Para 2027 esperamos superar el millón de plantas”, describe Delorenzo.
El vivero trabaja con material propagado por meristema, libre de virus y bacterias, y seleccionado desde huertos locales de alto rendimiento donde se identificaron árboles que consistentemente produjeron sobre la media. La homogeneidad que ofrece este tipo de planta permite, según explica Delorenzo, aumentos de entre 15-20% por factor de planta in vitro y eso puede aumentar considerando la selección del material. A esto se suma el desarrollo de programas fitosanitarios más rigurosos y de líneas de selección local que buscan adaptar mejor las plantas a las condiciones del país.

Los desafíos por delante
Como todo avance de cultivos, el del avellano europeo viene acompañado de desafíos crecientes. Para Andrés Reyes, el principal riesgo técnico hoy se relaciona con el estrés climático. La diferencia entre temperatura y humedad ambiental, especialmente en zonas como el Maule, provoca estrés oxidativo, radiativo e hídrico, afectando la floración, las reservas de la planta y la productividad futura. Por eso, afirma, el foco debe estar en “mantener plantas activas mediante estrategias de bioestimulación foliar y radicular, en suelos bien descompactados que permitan un mejor uso del agua y en tecnologías que permitan enfrentar climas más extremos”.
La sanidad es otro punto crítico. Viñambres advierte que el chinche asiático representa una amenaza severa y que la barrera sanitaria es hoy una prioridad para el Comité del Avellano en su trabajo conjunto con el SAG. “Esta es una amenaza seria, podría ser la muerte de la avellana en Chile. Por esto, la prevención es fundamental y ha sido un aspecto relevante del trabajo como gremio”, señala Viñambres, insistiendo en que la prevención es clave.
El manejo técnico también ha evolucionado. La nutrición basada en análisis integrales del suelo, la poda constante para evitar emboscamiento y el control de plagas como cabritos, pulgones, ácaros y chinches se han transformado en prácticas decisivas para alcanzar rendimientos que hoy pueden llegar a 3 o 3,5 toneladas por hectárea en huertos bien manejados. La trazabilidad, la certificación y la calidad se proyectan como elementos esenciales para abrir nuevas líneas comerciales.

El riesgo del crecimiento sin orden
Los especialistas consultados coinciden en la importancia de evitar errores que ya se han visto en otros frutales. Viñambres recuerda el caso de las cerezas, donde la falta de acuerdos y la presión por exportar calibres pequeños deterioraron resultados. “La invitación es a trabajar juntos con profesionalismo y visión compartida, mantener la imagen país y no perder la calidad del cultivo”, afirma.
El Banco Mundial, advierte, ha puesto especial atención en temas de trazabilidad, deforestación y uso de suelos, por lo que mantener el estándar ambiental es hoy una responsabilidad ineludible.
En el viverismo, Delorenzo observa otro error recurrente: la prisa. Muchos productores quieren plantar en un año sin mucha planificación y optan por material no certificado o implementan riego y preparación de suelos sin diagnósticos técnicos. “Hacer el proyecto con tiempo es clave”, sostiene.
Pese a los desafíos, la percepción es unánime: el avellano seguirá creciendo, considerando que el consumo mundial aumenta entre 6% y 8% anual. Las plantaciones ya se distribuyen desde Curicó hasta Osorno y el requerimiento hídrico, de cerca de 5.600 m³ al año, se considera manejable en comparación con otros frutales.
La industria, añade Reyes, está lejos de enfrentar un mercado incierto. La combinación de tecnología, interés internacional, estabilidad comercial y calidad de fruta mantiene a Chile en una posición de liderazgo.
El desafío ahora —insisten todos— será sostener ese liderazgo con sustentabilidad, coordinación gremial y decisiones técnicas tomadas con anticipación. El país ya es protagonista del mercado mundial de avellanas, y lo que viene dependerá de cómo gestione ese lugar.







