La tendencia global —acelerada por el chocolate viral de Dubái— impulsó un alza histórica en los precios y mayor interés por el cultivo. En el país el movimiento es incipiente: crecen las consultas y algunos proyectos, pero el desarrollo productivo sigue limitado por costos, manejo y falta de infraestructura.
En el último año, el pistacho ha ganado una visibilidad global inesperada. El popular chocolate de Dubái —una mezcla de cacao y crema de pistacho que se volvió viral en redes sociales— empujó a panaderías, heladerías y chocolaterías a replicarlo en distintos países, generando una mayor demanda por el fruto seco. Combinado con una mala cosecha en Estados Unidos, el principal productor mundial, el resultado fue una presión sobre la oferta y un alza en los precios internacionales.
Según Financial Times, el precio por libra subió un tercio entre 2024 y 2025, pasando de US $7,65 a US $10,30, reflejo de una demanda que crece más rápido que la superficie plantada. Lo que se inició como una tendencia en redes sociales, terminó empujando al pistacho no como un snack, sino que como un insumo.
Sin embargo, ese movimiento global no ha provocado un cambio estructural en Chile. El país sigue teniendo una superficie reducida —157 hectáreas según ODEPA en 2024— y un desarrollo aún experimental. La industria local ha observado más consultas, pero sin un salto masivo en nuevas plantaciones ni señales de que el boom viral esté empujando proyectos de manera decisiva. En términos simples, el mundo está acelerado; Chile, no. Aunque eso no significa que no exista un potencial hasta ahora poco aprovechado.

Daniela Canessa, ingeniera agrónoma y gerente de producción y logística del Vivero Limache, señala que ha notado un mayor interés y consultas sobre este cultivo, aunque matiza el fenómeno. “Este último año ha habido más consultas respecto de plantas de pistacho, principalmente de agricultores pequeños y medianos, en zonas con déficit hídrico o buscando alternativas al almendro, nogal, viñedos o uvas. Se han acercado para pedir información técnica y de disponibilidad”, señala.
No obstante, Canessa recalca que el movimiento sigue siendo moderado. “Es un cultivo incipiente; falta mucha investigación e información sobre las variedades a utilizar en las distintas zonas de Chile”, afirma. El vivero trabaja con portainjertos modernos como UCB1 y está reforzando su oferta, pero la lentitud natural del cultivo —que demora siete a ocho años en llegar a producción comercial— cree que frena cualquier expansión masiva. Es uno de los frutales que más se demora en recuperar la inversión”, subraya. El portainjerto clonal o alternativas nuevas, suma, podrían generar mayor precocidad de producción.
Chile y sus condiciones favorables
Para Juan Cabrera, gerente general de la empresa Pistachos JM, dedicada a la producción, desarrollo y asesoría del cultivo del pistacho, también observa un interés que avanza por este fruto seco, pero sin vínculos directos con el fenómeno del chocolate. “Sí aumentaron los proyectos, pero no por la moda o el chocolate de Dubái. Es porque el pistacho es considerado un alimento con muchas propiedades, además de tener un buen mercado económico”, sostiene.
Sus estimaciones sobre superficie plantada son más altas que las cifras oficiales de ODEPA. Señala que “hoy hay aproximadamente 2.000 hectáreas, desde pequeños a grandes agricultores. Se está creciendo al orden de 40 a 50 hectáreas anuales”. Pero coincide en que la mayor parte son huertos jóvenes o en etapa de evaluación.
Para Cabrera, el potencial climático es claro, con zonas favorables que van desde Coquimbo hasta sectores de la zona centro-sur, siempre que no existan napas altas. Pero insiste en que la clave está en el manejo y la selección varietal. Dice que la producción parte recién en el quinto año con 300 kg/ha y escala lentamente. “La poda es lo más importante, y es difícil hacer entender a los agricultores”, afirma.
Desde lo comercial, asegura que el interés internacional existe, pero sigue siendo incipiente. “Aumentó el interés, pero porque el pistacho chileno es más sabroso”, comenta, destacando atributos organolépticos, aunque esto aún no se traduce en una demanda significativa.
Cristián Díaz, ingeniero agrónomo del Fundo Miraflores, ubicado en Codegua, ha visto el desarrollo productivo desde dentro. Para él, el país sigue en una fase temprana. “El mercado del pistacho es bastante pequeño y las producciones, en algunos huertos, son sus primeras cosechas; nada muy significativo hasta el momento”, afirma.
El añerismo ha sido uno de los principales desafíos. “No hemos podido evitar el añerismo (tendencia del árbol a tener una cosecha muy abundante un año y otra cosecha muy escasa al siguiente), ni que su efecto sea menos marcado”, explica, pese a trabajar con podas destinadas a reducirlo.
En cuanto al boom global, Díaz es categórico: “Ha habido un interés comercial por el pistacho, pero personalmente no se lo atribuyo al chocolate de Dubái, al menos no en Chile”.
Cómo aprovechar el boom
Para que Chile pueda realmente subirse al carro del pistacho, uno de los elementos centrales es cerrar las brechas técnicas que hoy limitan el desarrollo del cultivo.
Daniela Canessa advierte que el país aún está en una etapa de aprendizaje, con poca información local sobre variedades, horas frío, polinizantes y comportamiento en distintas zonas. A esto se suma la necesidad de contar con material vegetal moderno y homogéneo —como portainjertos UCB1 clonales— y de asegurar que las combinaciones entre variedades comerciales y polinizantes sean correctas, y mejorar los manejos técnicos agronómicos para una mejor producción.
Para Cristián Díaz, en tanto, el desafío no pasa solo por el manejo agronómico, sino por la estructura que rodea al cultivo. Aunque reconoce que Chile tiene “condiciones excepcionales” para el pistacho en el norte y centro-norte, afirma que todavía no existe una base productiva capaz de sustentar un crecimiento mayor. “El establecimiento es excesivamente costoso, y los primeros años son duros económicamente”, explica.
A esto se suma la falta de plantas de proceso: “Chile no tiene una red consolidada de plantas de proceso. Todavía es un mercado incipiente sin una red consolidada de comercialización”.
Para Díaz, antes de pensar en una expansión significativa se requiere generar una cadena productiva completa: investigación local, infraestructura de poscosecha, mayor desarrollo varietal y una comercialización organizada. Solo con esa base —coinciden ambos— el país podrá evaluar con realismo si está en condiciones de aprovechar las buenas condiciones climáticas que tiene para el pistacho.







