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El director ejecutivo de Abud & Cía., Christian Abud, ha vivido desde dentro dos momentos complejos para la fruticultura chilena: la crisis del kiwi en los años 90 y el escenario actual de la cereza. Desde su experiencia, plantea que el sector debe avanzar hacia una mayor coordinación, revisar costos a lo largo de toda la cadena y tomar decisiones técnicas con información precisa para enfrentar los próximos años.

La fruticultura chilena ha atravesado distintos ciclos a lo largo de su historia. Algunos han estado marcados por períodos de expansión acelerada y otros por momentos de ajuste, donde el mercado obliga a replantear estrategias productivas, comerciales y de gestión.

Christian Abud, director ejecutivo de Abud & Cía. —empresa productora de kiwi y cerezas, además de asesora I+D y comercializadora— ha sido testigo directo de dos de esos momentos: la crisis que vivió el kiwi en la década de los 90’ y las dificultades que hoy enfrenta la cereza.

Con una mirada experimentada, reflexiona sobre las similitudes y diferencias entre ambos procesos para rescatar aprendizajes, así como sobre los desafíos que hoy enfrenta el sector cerecero.

—Han vivido tanto la crisis del kiwi en los años 90 como la situación actual de la cereza. ¿Qué similitudes y diferencias observan entre ambos procesos?

Nosotros lo hemos vivido en toda su plenitud como productores, asesores y comercializadores. Lo que más se acerca a ambas crisis es que, cuando el precio del kiwi cayó abruptamente, gran parte de la fruta se comercializaba en Europa. Era un monomercado, como ocurre con China y la cereza.

Pero son productos muy diferentes en varios aspectos. Por ejemplo, el kiwi se puede guardar, por lo tanto, al año siguiente se estableció un programa de guarda más agresivo para no concentrar la venta en cuatro semanas. En cambio, la cereza no se puede guardar, es un producto muy delicado en cuanto a su vida de poscosecha.

Por otro lado, el mundo cambió mucho. El grupo etario que consume fruta actualmente es distinto, y la posibilidad de nuevos mercados en el caso del kiwi es muy grande. Por eso, el kiwi hoy cambió su escenario.

—Se suele decir que uno de los factores de la situación actual de la cereza fue el fuerte aumento de plantaciones. ¿Algo similar ocurrió con el kiwi en esa época?

Sí, efectivamente se plantó mucho kiwi, y en cualquier tipo de suelo y zona. Claramente, hubo muchos huertos que tenían producciones muy bajas, pero que a tres dólares el kilo funcionaban. Cuando vino la crisis, esos huertos desaparecieron o quedaron rezagados.

Se produjo una explosión de plantaciones, que es una similitud en ambas especies. Pero hay otras diferencias importantes: el boom del kiwi duró unos cuatro años, mientras que en la cereza tuvimos más de una década de bonanza.

Eso permitió que algunos productores miraran el negocio a largo plazo y dijeran que en algún momento esto iba a bajar. Pero era difícil frenarse, porque la cereza cumplía todos los récords: cuando se hablaba de producir 20 millones de cajas se pensaba que iba a pasar algo, y no pasó nada; después, 40 millones, y tampoco; luego 80 millones, y seguíamos con precios de cuatro dólares.

—Mirando en retrospectiva, ¿qué aprendizajes del kiwi podrían dar luces hoy al sector cerecero?

Lo primero fue llegar a un nivel productivo que permita sortear precios más bajos. Es decir, producir volumen y calidad suficientes para sobrevivir en un escenario de retornos más restringidos.

También fue muy importante desarrollar una cultura propia de manejo del kiwi. No copiar lo que se hacía en Nueva Zelandia o Italia, sino construir una identidad productiva local. El Comité del Kiwi ayudó mucho a consensuar parámetros básicos de cosecha que antes no estaban claros en la industria.

Otro aspecto fundamental fue definir las ecozonas o “terroirs kiwícolas”, ya que el kiwi es una especie que tiene mayores exigencias edafoclimáticas que muchas otras especies frutales.Eso permitió mejorar la calidad del producto y avanzar hacia un kiwi cada vez mejor.

—¿Qué está ocurriendo hoy con la cereza desde el punto de vista productivo y de mercado?

En cereza tenemos claro qué hay que producir, pero esta temporada dio una señal que nunca habíamos visto: los calibres grandes, que eran el refugio para pasar la barrera de los dos dólares —que es más o menos el costo de producción— en algunos casos terminaron vendiéndose parecido o levemente superior que el calibre jumbo.

Eso rompe un paradigma y nos deja en una situación compleja, porque seguimos dependiendo de un monomercado y existe potencial para producir 150 millones de cajas.

Gran parte de la cereza de diciembre está en una situación compleja, incluso habiendo restringido producción, mejorado calibres, calidad y firmeza.

—En ese escenario, ¿cuándo conviene seguir apostando por un cultivo y cuándo es mejor tomar decisiones más drásticas?

Nosotros como compañía tenemos 240 hectáreas de cereza y creemos que vamos a quedar con 180. Lo primero es desactivar cuarteles con producciones bajo 10.000 kilos, que ya pagaron la inversión o que tienen variedades que el mercado no quiere. Este proceso lo iniciamos con fuerza la temporada pasada.

Cuando la caja estáajustada y el negocio es incierto, hay que refugiarse en los cuarteles que representan las mejores unidades de negocio en términos productivos y comerciales. Es duro decirlo, pero es la realidad.

Los que podamos aguantar, yo creo que vamos a llegar a un nuevo punto de equilibrio. Pero van a salir muchos actores y proyectos del negocio. Nosotros creemos que ese proceso puede durar no menos de tres años.

—También mencionas que el problema no solo está en la producción, sino en la cadena completa.

Exactamente. Hoy hay que analizar los costos desde el FOB hasta el retorno al productor dentro del sistema exportador.

Seguir pidiéndole más esfuerzos al productor es difícil, porque ya se hicieron muchos. Entonces, hay que mirar otros eslabones de la cadena: las cartoneras, las empresas de plástico, las químicas y todo lo relacionado con los costos de packing.

En China, la cereza ya no es el regalo que era antes, como una caja de chocolates. Quizás no necesitamos embalajes tan sofisticados en todo el período de venta. En ambos frentes hay centavos de ahorro que traspasados al neto productor pueden ayudar mucho en estos años que van a ser duros.

—En los años 90 el kiwi impulsó mayor coordinación entre productores, exportadoras y técnicos. ¿Crees que hoy la cereza necesita algo similar?

Sí, absolutamente. Este año hicimos grandes esfuerzos: bajar kilos por hectárea, mejorar calidad, mejorar firmeza. Y aun así la fruta se terminó rematando a precios que da pudor contar.

El sistema exportador tiene que ordenarse más. Actualmente, hay más de 300 exportadoras de cereza. Soy fanático del libre mercado, pero ordenado, que permita hacer sostenible el negocio. Creemos también que el comité de cerezas debe tener un rol más activo en todo esto.

—¿Quién debería liderar ese proceso?

Lo que hay que hacer es un comité de crisis. Ese comité debería convocar al ministro de Agricultura, a la SNA, a representantes de exportadoras, a Frutas de Chile, a técnicos y también al mundo de la poscosecha. Y trabajar hasta llegar a una propuesta que tenga la mayor adhesión posible. Hoy hay mucha desorientación y cuando eso ocurre se toman malas decisiones.

—¿Qué tipo de información es clave para que los productores tomen decisiones en este escenario?

Lo primero es tener las cuentas claras. Parece obvio, pero no siempre lo es. Hay que analizar cada cuartel del campo como una unidad de negocio: productividad, curvas de calibre, calidad de fruta, variedades, suelos. Eso permite decidir qué huertos seguir manejando y cuáles no.

A nivel industria también es importante intentar tener los resultados de la temporada lo antes posible, porque eso permite planificar mejor.

—¿Qué rol puede jugar la tecnología en este proceso?

Siempre se habla de inteligencia artificial y de modelos de predicción. Eso puede ayudar, pero para eso se necesita una buena base de datos. Predecir el mercado no es fácil, porque cambia mucho durante la temporada. Pero mientras mejor información tengamos, mejores decisiones se pueden tomar.

Kiwi y cereza: dos momentos de ajuste en la fruticultura chilena

AspectoKiwi en los años 90Cereza en la actualidad
Expansión del cultivoFuerte aumento de plantaciones durante los años 80.Crecimiento acelerado de superficie en la última década.
Dependencia de mercadosAlta concentración en Europa.Alta dependencia del mercado chino.
Oferta vs demandaAumento de producción generó presión en los precios.Mayor volumen exportado tensiona logística y mercado.
Respuesta del sectorMejora de estándares, coordinación y manejo técnico.Debate sobre coordinación sectorial y ajuste de estrategias productivas.
Situación actualMercado más diversificado y con consumo creciente en varios países.Sector en proceso de ajuste productivo y comercial.
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