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Con mayores rendimientos y un costo por kilo menor que el de Perú, el arándano vuelve a ganar atractivo en nuestro país. A eso se suma una ventaja que los mercados reconocen: el sabor. El desafío, advierte el especialista, es que esa competitividad vaya acompañada de fruta de calidad y un estándar de exportación consistente.

Durante los últimos años, el arándano chileno pareció quedar relegado frente al avance de Perú y al boom de otros cultivos, particularmente la cereza. Sin embargo, para Sebastián Ochoa, socio consultor de Consultora Agrícola y Comercial Santa María (conocida también como CASM Blueberries), la historia es bastante más compleja. El problema, sostiene, no fue que el cultivo dejara de ser rentable, sino que parte de la industria no evolucionó al ritmo que exigían los mercados.

A su juicio, el recambio varietal, el desarrollo de nuevas genéticas y una producción capaz de alcanzar mayores rendimientos están abriendo nuevamente oportunidades para el cultivo. Al mismo tiempo, advierte que Chile debe evitar uno de los errores que, según su experiencia, dañaron su posicionamiento: exportar fruta que no cumple con el estándar esperado por los consumidores.

—¿Cómo describirías el momento que vive hoy la industria del arándano en Chile?

“Para explicar eso, hay que ir más atrás. El arándano nunca dejó de ser un buen negocio. Lo que pasó es parecido a lo que ocurrió con la cereza, que había un grupo de productores pequeños, mal manejados y muy atomizados. Muchos producían poco y con variedades antiguas.

Después empezó a aumentar el volumen mundial y también el de Chile. Al mismo tiempo, Perú comenzó a producir mucho, con condiciones climáticas muy favorables: no tiene lluvias, granizo o heladas, las temperaturas son parejas y, además, logra fruta de muy buena calidad; grande, con buen bloom, firme y con buena vida de poscosecha.

A su vez, la demanda aumentó de manera brutal a nivel global, pero también la exigencia de calidad. Ahí Chile se empezó a quedar corto. Muchos productores comenzaron a quedarse fuera por calidad, con fruta que llegaba blanda, con algún grado de pudrición o con mal calibre. Esos huertos no se renovaron, hasta el punto de que algunos quebraron. Pero no todos. Nosotros asesoramos a productores que tienen huertos de fines de los años 80 y que fueron cambiando sus variedades. Son profesionales, tienen otros cultivos, se dedican a la fruticultura, saben hacerlo y siempre fueron evolucionando.

Cuando una variedad empezaba a tener un problema grave, inmediatamente la destinaban a congelado; no forzaban la exportación de ese tipo de fruta.

Entonces, el negocio no es malo. Los negocios evolucionan y hay que estar encima y trabajando sobre esa evolución. Si te quedas atrás, claro que empiezas a perder plata”.

—¿Y qué pasa hoy con el cultivo?

“Todo el mundo empezó a mirar la cereza, excepto algunos productores que tenían claro que el arándano seguía siendo una oportunidad. A algunos productores, hoy les va mucho mejor con el arándano que con la cereza, y además se está plantando mucho arándano en Chile.

Entonces, toda la gente, como caballo cochero, no miraba el arándano porque era algo que dejaba US$30 mil por hectárea y no US$50 mil o US$60 mil. Ahora, se produce la crisis con las cerezas y vuelven a mirar nuevamente el arándano. Y a eso hay que sumar el desarrollo genético de variedades de alto requerimiento de frío y también de bajo requerimiento de frío.

En los últimos años se liberó un programa genético muy potente, el programa Sekoya de Fall Creek, y ahí los huertos y las inversiones están entrando con fuerza. Estamos asesorando a productores que eran 100% cereza y que están plantando arándanos, y a productores que tenían otros cultivos y ahora también lo están mirando.

No es que el negocio haya pasado de ser malo a ser bueno de un momento a otro. Eran los que hacían las cosas bien versus los que hacían las cosas mal. Y hubo mucho ruido de parte de los que hacían las cosas mal.

Porque ganaban plata con cinco toneladas por hectárea y eso ya no existe. Tienes que producir sobre 15 a 18 toneladas por hectárea para que sea un buen negocio”.

—Perú tiene buenas condiciones climáticas y calibres grandes. ¿Cuáles son las fortalezas que tiene Chile?

Primero, el sabor, que por el delta térmico es muy superior al que tiene Perú, a pesar de la genética nueva, y los clientes se dan cuenta.

La otra gran fortaleza de Chile frente a Perú es la concentración de la cosecha. En Perú, una cosecha de una variedad puede durar seis meses. En cambio, en Chile dura entre un mes y un mes y medio.

Entonces, el costo de Chile es mucho menor. En Perú puedes gastar entre 12 mil y 14 mil metros cúbicos de agua por hectárea; en Chile, entre 4 mil y 5 mil. En Perú, como es un invernadero constante, tienes que aplicar todas las semanas insecticidas porque hay presión de plagas constantemente, además de fungicidas. En Chile haces tu programa en primavera para floración y cosecha.

El costo en Chile también es menor por kilo. En Perú no baja de los US$3 por kilo; en Chile anda alrededor de los US$2 por kilo”.

—¿En qué se juega el tema de la calidad y el calibre?

“La genética es fundamental. El potencial de las nuevas variedades permite tener calibres grandes haciendo los manejos adecuados. Hoy existen variedades en que el 90% de la fruta está sobre los 20 milímetros, que son espectaculares”.

—¿Cuáles son las variedades que están destacando en Chile?

“Para la zona sur está el programa Sekoya, con variedades como Crunch, Grande, Fiesta y Nova. Después está el programa Collection, también de Fall Creek, donde están Loreto y Arabella. Para la zona centro hay tres programas bien potentes: el Ozblu, el MBO y la variedad Pop del programa Sekoya”.

—¿Qué tan competitiva es hoy la producción chilena frente a Perú?

“Con variedades nuevas y haciendo las cosas bien, Chile es más competitivo por el costo. Puedes sacar producciones similares, porque en Chile puedes obtener 25 o 30 toneladas por hectárea, que es lo que saca Perú, pero con una concentración mucho mayor, un costo mucho menor y mejor sabor. Y hay otra gran ventaja: Chile tiene protocolo con Corea y Perú no lo tiene. Es un muy buen mercado para los arándanos”.

—¿Chile y Perú son complementarios o competidores?

“Son competidores”.

El recambio varietal toma fuerza

—¿Cómo está hoy el recambio varietal y qué características están buscando los productores?

“El recambio varietal se está haciendo. Antes llegaron variedades como Blue Ribbon, que es muy buena y funciona, y que salió en 2013. Hay bastantes productores que la tienen.

También hay otras variedades no tan antiguas que fueron utilizadas por los productores que se mantuvieron en el negocio. Y ahora tenemos esta nueva camada de variedades que llegó hasta 2020. Primero las probamos, las pusimos en distintas zonas a baja escala, vimos que funcionaban y ahora ya se están plantando a escala comercial desde hace unos tres años”.

—¿Hay zonas nuevas donde se esté plantando arándano?

“Sí. El arándano es la única especie frutícola que tiene una gama tan amplia de genética, con distintos requerimientos climáticos, que permite plantarlo literalmente en cualquier parte. Con la nueva genética ya no necesariamente te importa el suelo: buscas clima y agua. Puedes ir a plantar a un suelo que no es apto y solucionarlo con maceta. Diría que el huerto más austral está a la altura de Puerto Varas. Y hacia el norte puedes plantar hasta donde quieras. Hay huertos en Vicuña y en distintas zonas.

—¿Cuál es el error más frecuente de los productores que inician una plantación?

“La elección de la variedad es un error común. También hay errores en la preparación de suelo o, si se usa maceta, en la elección del sustrato correcto. El diseño del riego tampoco siempre se hace bien”.

—¿Qué manejos productivos están marcando hoy la diferencia entre un huerto de buenos resultados y uno de malos resultados?

“Primero tienes que partir de una base bien hecha. Puedes hacer un buen manejo, pero si preparaste mal el suelo, pusiste un sustrato incorrecto o no puedes regar bien porque el diseño de riego no es adecuado, no vas a lograr nada.

Los manejos funcionan cuando tienes una base sólida: una planta de buena calidad, un buen riego y un buen suelo o sustrato.

Tomando eso como base, los manejos fundamentales son regar correctamente, fertilizar correctamente y la poda, que también marca la carga de la temporada”.

—¿Y en términos de enfermedades hay alguna que hoy esté fuera de control?

“Son las mismas que en los demás frutales: botrytis en flor, alternaria, hongos de madera. En insectos, chanchito blanco y pulgón. No hay, por ejemplo, una enfermedad o plaga como ocurre en el kiwi con la Psa, que pueda destruir el huerto”.

—¿Cómo está impactando el cambio climático y las nuevas condiciones agroclimáticas?

“El arándano es tremendamente rústico. Por ejemplo, en general no se parte. Si tienes una lluvia en cosecha, esperas que se seque, aplicas un fungicida y sigues cosechando.

No te queda la embarrada como te pasa con un cerezo que se parte o con una uva que se llena de botrytis con una lluvia en verano. Obviamente, una primavera más lluviosa o lluvias durante la cosecha te van a afectar, porque no puedes entrar a cosechar y se te pasa el huerto.

Si tienes una primavera lluviosa, tienes que hacer más aplicaciones, vas a gastar más plata y vas a tener más presión de botrytis”.

—¿Cómo describirías un arándano de calidad impecable?

“Tiene buen calibre y un alto nivel de pruina (un polvo blanco que lo cubre, que en la jerga del arándano se dice bloom). Es la misma cera que cubre a la ciruela y a la uva. Se busca un alto nivel de pruina, para que se vea lo más blanco posible.

También calibres sobre los 18 milímetros, idealmente un alto porcentaje sobre 20. Hay variedades como Crunch que tienen cerca del 90% sobre 20 milímetros y eso tiene un precio mayor. Además, tiene que ser fruta con buen sabor, buen equilibrio de azúcar/acidez y muy buena vida de poscosecha”.

—¿Hoy el arándano es más atractivo para fresco o para agroindustria?

“Las dos cosas son muy potentes a nivel global. La agroindustria es muy buen negocio y también se están plantando huertos exclusivamente para agroindustria y cosecha mecanizada. Funciona muy bien. Puede dejar tranquilamente unos US$0,80 por kilo y sacar 30 toneladas por hectárea: unos US$25 mil por hectárea con cosecha mecanizada”.

—¿En fresco la mano de obra es un desafío?

“Sí. Uno de los puntos de las nuevas variedades siempre es la disponibilidad de la fruta para el cosechero, la facilidad para sacarla y la concentración de la cosecha. Todo eso también está dentro de las características de una buena variedad. Hay un trabajo tanto de la genética como de la configuración del huerto y de la poda, para que sea más fácil cosechar, además de mucha capacitación al cosechero”.

—¿Existe un número de hectáreas mínimo para que sea un negocio rentable?

“Si eres un productor que tiene otros cultivos, economías de escala, porque ya tienes tractores, gente y administrador, y quieres poner cinco hectáreas y exportas con un tercero, cinco hectáreas pueden funcionar. Pero diría que una superficie mínima para poder operar son 20 hectáreas”.

Recuperar el estándar

—Mirando los próximos años, ¿dónde están las principales oportunidades para que el arándano chileno siga recuperando competitividad y siendo atractivo para los productores?

“Lo que hay que hacer es no cometer los errores del pasado. Cuando Perú empezó a exportar, todos decíamos: “Su fruta no le va a gustar al recibidor de Europa, porque es ácida”. Y de hecho, eso pasó al principio. Pero Chile, como exportaba variedades que no debía y si el fruto estaba sobremaduro lo exportaba igual, terminó generando un problema. La fruta llegaba con pudriciones. Y eso hizo que finalmente el recibidor y el supermercado dijeran: “Prefiero tener fruta ácida, pero sana”. Ese error el chileno no lo puede volver a cometer”.

—Para los productores de cerezas que están arrancando o pensando en renovar, ¿el arándano puede ser una oportunidad de recambio?

“Absolutamente. Además, la gracia que tiene el arándano, a diferencia de la cereza, es que no es monomercado. Se consume literalmente en todo el mundo y la demanda aumenta. Nosotros estamos asesorando proyectos incluso en Irán, Panamá y Líbano para consumo interno. El consumo aumenta porque todos los países quieren comer arándanos: por lo saludable que es, por lo fácil que es de comer, porque funciona como snack y por todas las características que tiene en nutracéutica. Es la fruta número uno a nivel mundial en ese sentido”.

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