Ante los daños que puedan causar las lluvias y granizos, el presidente de Fedefruta llama a no ceder a la presión de enviar fruta que no esté en condiciones óptimas y advierte que la producción de cerezas podría bordear las 100 millones de cajas.
Las lluvias y el granizo han vuelto a poner a prueba a la fruticultura chilena, justo cuando comienza una etapa decisiva para varios cultivos. El problema es que esta vez los daños no siguen un patrón fácil de anticipar: hay huertos afectados junto a otros que prácticamente no registran consecuencias, e incluso especies que todavía no entraban en floración o cuaja han sufrido daños.
Víctor Catán, presidente de Fedefruta, explica que el gremio está levantando información para dimensionar el impacto de los últimos eventos meteorológicos, aunque advierte que todavía es temprano para establecer un balance definitivo. Hay, sin embargo, una estimación que adelanta para la cereza: la producción podría quedar muy por debajo de las proyecciones iniciales y bordear las 100 millones de cajas, o incluso menos.
En paralelo, el dirigente aborda los desafíos de preparación de los productores, la necesidad de cuidar la calidad de la fruta destinada a los mercados internacionales y las inversiones en infraestructura que, a su juicio, Chile debe impulsar para aprovechar mejor el agua.
—Las lluvias y granizadas han afectado a distintas zonas de la zona central. ¿Qué se sabe hasta ahora sobre su impacto en los principales frutales?
“Lo que ya hemos podido recoger es que hay zonas puntuales con afectaciones importantes, pero, como ocurre con estos eventos, un campo puede tener daños y el que está al lado, a un kilómetro o incluso menos, no registrar mayores afecciones. Entonces, es bien errático poder hacer algunas estimaciones.
Normalmente, teníamos escenarios en que un lado de la carretera Norte-Sur, hacia el oriente, podía verse afectado, mientras que hacia el poniente prácticamente no había consecuencias. Este año, con este “Niño mal portado”, como digo yo, eso no se ha dado. Las afectaciones se han presentado de manera muy rápida de un lado a otro. Hay zonas, como Peumo, donde es poco habitual que caiga granizo y que también han tenido daños”.
—¿Hay cultivos que estén más complicados por el estado en que se encuentran?
“Hay que hacer una distinción. Todo lo que son siembras de pradera ha tenido bastantes problemas, no solamente por el granizo, sino también por el agua. En algunos casos se ha perdido toda la siembra y van a tener que resembrar, si es que el tiempo se los permite.
Las siembras de tomate industrial y algunas otras hortalizas también están viviendo momentos complejos.
En el caso de la fruta, uno podría pensar que el daño depende de las especies, pero hay cultivos que ni siquiera están en cuaja o en floración y se han visto dañados por completo. Por eso, es un poco pronto para poner números y tener una dimensión completa de los efectos. Estamos monitoreando y vamos a seguir observando. Esperamos que este “Niño mal portado” nos dé una tregua”.
—Los productores de cerezas vienen de varias temporadas complejas. ¿Qué impacto proyecta para esta cosecha?
“Proyectamos una merma importante respecto de las estimaciones originales. Me atrevería a anunciar que vamos a bordear las 100 millones de cajas, incluso pueden ser menos”.
Mantener la calidad
—En un escenario de daños y presión sobre los resultados económicos, ¿cómo se resguarda la imagen de Chile en los mercados internacionales?
“No me voy a cansar de repetirlo: el primer filtro de calidad que debe existir en esta industria es el productor.
Si el productor embala una fruta que tiene problemas, no solamente va a tener un resultado económico por esa fruta, sino que también va a golpear el resultado final de su operación.
Por mucho que le digan que hay capacidad de embalaje o que el mercado está bueno, uno conoce, como productor, cuándo su fruta está en buenas condiciones para viajar y venderse, y cuándo no cumple con los requisitos.
Eso no hay que perderlo de vista, porque van a existir tentaciones, no solamente en las cerezas, sino también en otras especies. Después vienen los lamentos.
Y ahí se daña también la fruta buena y se perjudica su resultado económico. Creo que todavía no terminamos de aprender las lecciones”.
—Una vez que pase este nuevo frente, ¿en qué deberían poner atención los productores desde el punto de vista técnico?
“Yo diría que los ojos había que ponerlos antes de estos episodios, con aplicaciones preventivas. Después de los eventos, lógicamente, hay que evaluar aplicaciones curativas o preventivas para los próximos episodios que pudieran venir, porque esto no para”.
—Las lluvias fuera de temporada son una amenaza para los cultivos, pero el agua también es un recurso que Chile necesita. ¿Cómo se puede aprovechar mejor esta situación?
“Nosotros lo planteamos en la Fruittrade hace unas semanas, durante la visita del Presidente de la República. Le dijimos que necesitábamos dar respuesta a tres seguridades, entre ellas la seguridad hídrica.
Sin agua no hay agricultura. Todos hablamos de ahorrar agua y de hacer grandes inversiones, lo cual no está mal, pero tenemos una cordillera que es bastante generosa y perdemos mucha agua.
En las condiciones actuales del cambio climático, con eventos más intensos, se requieren obras civiles, como embalses y sistemas de presurización, entre otras, para tener seguridad hídrica.
Piense que tres regiones importantes para el país, como Valparaíso, con el río Aconcagua; la Metropolitana, con el Maipo; y O’Higgins, no tienen embalses de cabecera. Usted me va a decir que el Maipo tiene El Yeso, pero ese embalse está concebido para asegurar el abastecimiento de agua potable del Gran Santiago, para consumo humano.
Necesitamos avanzar en eso. También habrá que considerar que los agricultores hagan un aporte al financiamiento de esas obras. El Estado tiene múltiples necesidades y hay que buscar mecanismos. Probablemente, las concesiones pueden ser una alternativa”.






