El control oportuno del tizón, la polinización asistida y una adecuada gestión del riego serán claves para enfrentar una temporada marcada por lluvias y granizos. Patricio Murúa, asesor técnico senior de Abud & Cía., entrega recomendaciones para resguardar la sanidad de los huertos y la calidad de la fruta.
Las lluvias por sobre lo normal y los eventos de granizo están obligando a los productores de kiwi a extremar las medidas de manejo en una temporada marcada por la influencia de El Niño.
Las consecuencias pueden ir más allá de los daños inmediatos en los huertos, ya que la humedad persistente favorece el desarrollo de enfermedades producidas por hongos y bacterias, mientras que las condiciones desfavorables durante la floración pueden comprometer la formación de semillas, el calibre y la capacidad de conservación de la fruta.
Para Patricio Murúa, asesor técnico senior de Abud & Cía., uno de los principales focos de atención está en la Pseudomonas syringae pv. actinidiae (PSA), bacteria asociada al tizón de botón y flor, cuyo desarrollo puede provocar la caída de botones florales y afectar directamente la productividad.
A esto se suma el riesgo de asfixia radicular en suelos con exceso de humedad y mal drenaje, además de los daños que pueden ocasionar las granizadas, incluso con consecuencias para la temporada siguiente.
Frente a este escenario, el especialista destaca la importancia de mantener un monitoreo sanitario permanente, ajustar los programas de aplicación y anticiparse a las dificultades de polinización que podrían presentarse durante noviembre. De cara al verano, el manejo del riego será otro factor determinante para evitar el estrés de las plantas y resguardar el desarrollo de la fruta.
¿Cómo están observando el desarrollo de esta temporada y qué condiciones climáticas asociadas a El Niño les generan mayor preocupación?
“En general, estamos observando eventos de precipitaciones por sobre lo normal para la fecha, además de episodios anormales de granizo que pueden llegar a ser muy graves, dependiendo de su intensidad. Estos eventos pueden provocar daños vegetativos, afectar la producción y comprometer la sanidad del huerto”.
¿Qué efectos pueden tener las lluvias, la humedad y las temperaturas sobre el desarrollo del kiwi, desde la brotación y floración hasta la cosecha?
“Desde la brotación se presenta el mayor riesgo de desarrollo de tizón de botón y flor, producido por bacterias como Pseudomonas, debido a condiciones de alta humedad persistente, especialmente cuando se registran temperaturas superiores a 20 °C.
Los primeros síntomas aparecen en las hojas, con manchas opacas que posteriormente se necrosan. Luego puede desarrollarse el tizón en los botones florales y, si no se logra detener su avance, se produce la caída de estos, con un impacto económico directo.
Durante la floración, el tizón sigue siendo una preocupación y también resulta importante el control con fungicidas. De lo contrario, puede aumentar la incidencia de pudriciones en la fruta terminada.
En la etapa de maduración también es relevante reducir la presión de hongos, especialmente cuando se acumulan montones de fruta. Más cerca de la cosecha puede aparecer la mancha de agua, aunque actualmente se maneja mejor, ya que cada vez más exportadoras realizan drenching en planta, mediante el cual se lava la fruta.
Finalmente, durante la cosecha, la presencia de hongos puede afectar el comportamiento de la fruta en guarda, acortando su período de conservación o reduciendo el porcentaje exportable”.
¿Qué riesgos representan estas condiciones para la sanidad de los huertos? ¿Qué enfermedades o problemas fitosanitarios requieren mayor vigilancia?
“En este momento, la mayor vigilancia debe centrarse en los síntomas de PSA en las hojas y en el posterior desarrollo de tizón de botón.
Además, el exceso de humedad en suelos arcillosos o con mal drenaje puede provocar la muerte de plantas por asfixia radicular. Por eso, junto con el monitoreo sanitario, es importante prestar atención a las condiciones del suelo y a la evacuación del agua”.
¿Cómo podrían afectar las condiciones climáticas la productividad, el calibre, la materia seca y la calidad de los kiwis?
“En términos de productividad, si no se detiene el desarrollo del tizón de botón, los botones florales caen y la producción se ve directamente afectada.
Por otra parte, si se cumple el pronóstico de temperaturas extremadamente altas durante el verano, también podría verse comprometido el calibre. El kiwi se estresa cuando las temperaturas superan los 30-32 °C y detiene su crecimiento, lo que afecta negativamente el desarrollo de la fruta.
La calidad y la materia seca también pueden verse perjudicadas si las condiciones de polinización son desfavorables. Para que las abejas tengan una hora efectiva de actividad, se requieren temperaturas de al menos 15 °C y una radiación de 300 W/m². Cuando llueve, estas condiciones no se cumplen y las abejas no vuelan.
Considerando que se pronostica un noviembre lluvioso, es importante tener este factor presente y complementar una dotación segura de colmenas —20 por hectárea— con polinización asistida.
Un kiwi con menos semillas tiende a ser más redondo, de menor calibre y con menor aptitud de guarda. Por otro lado, las temperaturas extremas del verano, si no se ajusta adecuadamente el riego, pueden generar estrés hídrico y reducir la materia seca”.
¿Qué impacto puede tener una temporada más húmeda en la cosecha, la condición de la fruta y su capacidad de conservación en poscosecha?
“No controlar adecuadamente los hongos con fungicidas durante la floración puede favorecer la aparición de pudriciones en poscosecha.
Además, las condiciones húmedas durante la floración repercuten negativamente en la polinización, lo que puede traducirse en un menor número de semillas y, por consiguiente, en una menor aptitud de guarda”.
Desde su experiencia como productores, ¿qué diferencias observan en la exposición a estos eventos según la zona productiva, la variedad y las características del huerto?
“Como los eventos climáticos han sido generalizados, estamos observando una situación bastante similar en las distintas zonas productivas.
Sin embargo, los huertos con menor historial de PSA, principalmente en zonas más cálidas, presentan una menor incidencia de tizón y, al mismo tiempo, una tendencia a una mayor brotación en comparación con las zonas más frías”.
¿Qué medidas de manejo están tomando o consideran prioritarias para enfrentar esta temporada, especialmente en materia de drenaje, monitoreo sanitario y manejo del huerto?
“En primer lugar, en este momento es fundamental mantener las aplicaciones de bactericidas, principalmente antibióticos, alternándolos con controladores biológicos y otros ingredientes activos para evitar la generación de resistencia. La recomendación es realizar aplicaciones semanales para detener el avance del tizón, que puede ser muy agresivo bajo las condiciones actuales.
Durante la floración también es importante complementar las colmenas con polinización asistida, como respaldo frente a condiciones de vuelo desfavorables. Actualmente se utiliza la polinización manual con pomponeras y cada día está más validada la aplicación de polen mediante máquinas electrostáticas.
De cara al verano, el objetivo es mantener a la planta en buenas condiciones frente a las altas temperaturas. Para ello, resulta fundamental ajustar la programación del riego según los requerimientos de cada etapa fenológica y complementarla con aplicaciones de productos antiestrés vía riego”.
Mirando los próximos meses, ¿cuáles son los principales riesgos que enfrenta la industria chilena del kiwi y qué deberían tener en cuenta los productores para proteger la calidad y la rentabilidad de su fruta?
“El granizo puede provocar daños muy agresivos y llegar a afectar la producción de dos temporadas: la actual y la siguiente, si se dañan los brotes de la zona de renovación.
En los huertos afectados, también es fundamental aplicar bactericidas lo antes posible e implementar un programa de recuperación que permita evitar que los daños comprometan la sanidad del huerto a futuro”.






