Con más de dos décadas de experiencia en terreno, la asesora frutícola analiza los desafíos actuales de la cereza: sobreproducción, variabilidad climática y mayores exigencias de calidad. Desde la nutrición y el manejo de suelo, plantea una agricultura más precisa, basada en diagnóstico, diferenciación por cuarteles y uso estratégico de los recursos.
El campo no siempre fue como lo vemos hoy. Hubo un tiempo en que ciertos valles no tenían riego ni desarrollo frutícola, y el paisaje era distinto. En ese contexto creció Valeria Lepe, en Pencahue, antes de que se consolidara como polo productivo. Desde ahí comenzó un camino que la llevaría a trabajar directamente con productores y decisiones técnicas en terreno.
“Siempre me gustó la agricultura, desde pequeña, incluso antes de entrar a la universidad”, recuerda. Hija de agricultores, creció entre cultivos tradicionales, en un sector que luego se extendió a vides, arándanos, olivos y, más recientemente, cerezas, en el que se especializa como asesora en nutrición. Hoy, incluso, le toca asesorar en esa misma zona donde creció.
Su entrada al mundo profesional fue temprana. Tras egresar, se integró a la Universidad de Talca, donde trabajó durante 21 años en el Centro de Pomáceas. Pero lejos de quedar confinada a lo académico, su vínculo con el mundo productivo fue inmediato.
“Desde que empecé, siempre estuve relacionada con productores. Ese vínculo es algo que siempre he destacado”, dice.
El paso a la asesoría independiente —hace casi ocho años— marcaría un punto de inflexión: “A veces uno tiene suficientes conocimientos, pero no se atreve a dar el paso. Siempre se necesita que alguien crea en ti. Para mí, ese fue un momento que cambió el rumbo de mi carrera”.
Así, Valeria ha construido su espacio con una lógica clara: profesionalismo, confianza y trabajo colaborativo. “Las mujeres siempre sentimos que tenemos que hacerlo bien. A veces, también es autoexigencia. Pero creo que la clave está en cómo uno enfrenta las cosas y en ser confiable en lo que hace”, plantea.
No se trata —dice— de competir, sino de complementar. “Tenemos que intentar desarrollar un trabajo conjunto, no buscar tanta separación entre hombres y mujeres”.
Y en ese camino, hay principios que no negocia, como la confianza, el aprendizaje continuo y la capacidad de reconocer lo que no se sabe: “No tenemos por qué saber todo. Podemos preguntar, consultar, estudiar más aspectos. Lo importante es cómo enfrentamos eso frente a los equipos”.
Cerezas: decisiones en tiempos exigentes
Hoy la cereza vive un contexto de sobreproducción, mayores exigencias de mercado y condiciones climáticas cada vez más variables. Desde su experiencia en nutrición vegetal, la asesora aborda los principales desafíos y ajustes que hoy exige el rubro.
—La cereza ha tenido temporadas complejas. ¿Qué factores están incidiendo en los resultados actuales?
“Diría que el primer factor es la sobreproducción. Ese es el desencadenante de todo lo demás. Frente a eso, aumentan las exigencias de calidad y los estándares en destino”.
—¿Qué rol está jugando el clima en este escenario?
“Es una especie muy dependiente de las condiciones climáticas. Acumulación de frío, heladas, lluvias precosecha, temperaturas altas que generan estrés térmico, especialmente en períodos cercanos a cosecha… todo impacta. El ciclo productivo, además, parte mucho antes de lo que parece, desde la poscosecha, ya estamos construyendo el siguiente ciclo, hecho muy relevante en zonas tempranas. Todo lo que ocurra ahí afecta la siguiente temporada”.
—¿Dónde deberían estar hoy las prioridades de manejo?
“Hoy se requiere mucha precisión. Tener información, mirar cuartel a cuartel, y evaluar si realmente cumple con los estándares productivos bajo el nuevo escenario de rentabilidad. No se puede generalizar”.
—Desde tu especialidad, ¿qué importancia tiene la nutrición del suelo?
“Es el soporte de todo. Lo primero es entender las limitantes: pH, desbalances de nutrientes, condiciones de drenaje de suelo, entre otros. Desde ahí se construye el sistema productivo”.
—¿Ves un deterioro en los suelos respecto a años anteriores?
“Sí, especialmente en zonas tempranas, donde muchas veces los suelos tienen más limitaciones. Eso obliga a ser mucho más preciso en el manejo nutricional y en mejorar las condiciones para el desarrollo de raíces”.
—¿Cómo se debe abordar hoy el cuidado del suelo?
“Hay que combinar la nutrición tradicional con una mirada más integral. No podemos descuidar la vida del suelo. La biología es clave, especialmente en suelos que han perdido fertilidad o han sido replantados”.
—¿Qué rol cumplen los bioestimulantes en ese contexto?
“Son parte de un proceso continuo. La nutrición no es algo fragmentado. Los bioestimulantes ayudan a mejorar condiciones a nivel de suelo y planta. Hoy, incluso, en escenarios de menor presupuesto, puede ser necesario redistribuir recursos hacia ese tipo de herramientas”.
—¿Qué recomendarías a los productores pensando en la próxima temporada?
“Ser muy críticos, pero en un sentido constructivo. Evaluar qué cuarteles realmente tienen potencial. Y desde ahí, trabajar con precisión en cada centro de costo. Hoy los manejos no se pueden generalizar. Los detalles son los que marcan la diferencia”.






