Oportunidades
Seguimiento Diesel
Sucursales
Portal Clientes
Sin categoría

Entre más lluvias y mayor variabilidad: el escenario que enfrentará el agro este invierno

Las proyecciones apuntan a un invierno con precipitaciones dentro o sobre lo normal desde la zona centro-sur hacia el sur, temperaturas más altas y alta variabilidad. Expertos coinciden en que no será un año seco, pero llaman a seguir de cerca la evolución del clima.

El invierno 2026 se perfila con mayor disponibilidad de agua en varias zonas agrícolas del país. Sin embargo, la combinación de señales climáticas —incluido un posible desarrollo de El Niño— y un contexto de alta incertidumbre obligan a mirar el pronóstico con cautela y a ajustar decisiones en función de cómo evolucione la temporada.

Aunque los modelos climáticos entregan tendencias más que certezas, hay algunas señales que comienzan a alinearse. Desde una perspectiva de gran escala, el climatólogo Raúl Cordero plantea que “lo más probable es que, especialmente durante el segundo semestre del año, esté marcado por el desarrollo del fenómeno de El Niño”, lo que suele traducirse en “precipitaciones sobre lo normal en la zona centro y centro sur de Chile”.

En ese contexto, agrega, el escenario más probable es de “temperaturas y precipitaciones por sobre lo habitual”.

Desde la Dirección Meteorológica de Chile, Catalina Medina, de la Oficina de Servicios Climáticos, complementa que “desde la región del Maule hasta Magallanes se esperan precipitaciones en rangos normales a sobre lo normal”, mientras que entre Coquimbo y O’Higgins “se estiman precipitaciones acumuladas en rangos normales a bajo lo normal”.

Más que un invierno homogéneo, lo que se configura es un país dividido en términos de disponibilidad hídrica, con mejores perspectivas hacia el sur y mayor incertidumbre en la zona centro.

Primavera lluviosa

Si bien la posibilidad de lluvias por sobre lo normal puede leerse como una buena noticia tras años de déficit, su distribución en el tiempo también importa. Cordero advierte que el fenómeno de El Niño tiende a intensificarse hacia fines de año, por lo que “podríamos tener más que un invierno particularmente lluvioso, una primavera con mayores precipitaciones”.

Para la agricultura, ese matiz no es menor. Excesos de agua en primavera pueden complejizar manejos, afectar floraciones o interferir en cosechas, dependiendo del cultivo.

En esa misma línea, Medina señala que, si bien el pronóstico estacional no permite anticipar eventos específicos, “los eventos de precipitaciones intensas suelen concentrarse en períodos acotados, especialmente entre las regiones del Maule y Los Lagos”, lo que obliga a no perder de vista la ocurrencia de episodios puntuales de alto impacto.

Temperaturas más altas, heladas menos frecuentes

En paralelo, las temperaturas seguirán una tendencia al alza. Cordero explica que El Niño “también empuja las temperaturas al alza”, lo que hace probable un invierno más cálido de lo habitual. En ese contexto, afirma que “sería sorpresivo que este fuera un año con una alta frecuencia de heladas”.

Sin embargo, eso no implica su ausencia. Medina precisa que, entre Valparaíso y Los Lagos, “se anticipan amaneceres más fríos de lo habitual”, lo que mantiene vigente el riesgo de heladas en la zona centro-sur, especialmente tras el paso de sistemas frontales.

Se trata, en definitiva, de un escenario donde conviven tendencias cálidas con eventos fríos puntuales, una combinación que exige atención fina por parte de los productores.

Ambos especialistas llaman a la cautela. Los pronósticos estacionales, coinciden, no permiten definir escenarios cerrados.

“Todos los pronósticos estacionales están sujetos a incertidumbre”, advierte Cordero, quien además subraya que sería “extraordinariamente sorpresivo” enfrentar un año seco, reforzando la idea de que no se espera un escenario hiperárido.

Desde la Dirección Meteorológica, Medina complementa que “estos pronósticos deben interpretarse como tendencias generales y no como predicciones determinísticas”, recomendando incorporar un monitoreo continuo para la toma de decisiones.

En esa tarea, el océano vuelve a ser protagonista. Cordero destaca la importancia de seguir la evolución del indicador ONI y advierte que “si el fenómeno se desarrolla rápidamente, es probable que el año termine con precipitaciones relativamente altas”. Medina, en tanto, apunta a la temperatura superficial del mar en el Pacífico ecuatorial como indicador del estado del ENOS, junto con el seguimiento de sistemas frontales y reportes oficiales.

Sin categoría

Eficiencia y mejor gestión son claves para contener impacto del conflicto en Medio Oriente

El escenario internacional presiona costos y tensiona la planificación agrícola. Frente a ello, productores, gremios y autoridades coinciden en la necesidad de optimizar recursos, mejorar la productividad y fortalecer la información para sostener la actividad.

El conflicto en Medio Oriente comienza a sentirse en la agricultura a través de múltiples canales. No se trata de un solo factor, sino de una combinación de aspectos que impactan la operación diaria y las decisiones de mediano plazo.

“Tenemos efectos directos, como el alza de los fletes marítimos, que incluso se produjo antes de que el ministro de Hacienda anunciara el aumento del precio del petróleo. Luego vienen los efectos indirectos, como la subida de los combustibles, los fertilizantes y la logística”, señala Víctor Catán, presidente de Fedefruta.

En esa misma línea, Antonio Walker, presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA), advierte que “hoy el impacto se está sintiendo principalmente por la vía de los costos de los insumos y la logística”, lo que “termina estrechando márgenes y afectando la competitividad del sector”.

Más eficiencia

Ante este escenario, la respuesta inmediata del sector se está concentrando en la gestión interna de los predios. La eficiencia en el uso de recursos aparece como una de las principales herramientas para enfrentar la incertidumbre.

“Hay que ser responsables, porque el combustible tiene una incidencia importante en los costos productivos. También está la capacidad y responsabilidad de los productores para acotar ese impacto”, plantea Catán.

En concreto, esto se traduce en ajustes operativos. “Una medida es reducir el uso de combustible en ciertas labores o incluso eliminarlas”, explica, junto con precisar que “si se utilizan productos biológicos como feromonas, se podría prescindir del uso de maquinaria para aplicaciones de insecticidas químicos”, ejemplifica Catán.

También se sugiere revisar las labores tradicionales. “Si no es estrictamente necesario usar rastras u otros implementos, es mejor no hacerlo. O bien, esperar momentos más propicios, como después de lluvias, cuando el suelo está más blando, para reducir el consumo de petróleo por hectárea”, plantea Catán.

Desde la mirada sectorial, esta lógica se refuerza. La directora (s) de Odepa, Daniela Acuña, señala que “se enfatiza la necesidad de mejorar la eficiencia en el uso de fertilizantes en función de los requerimientos productivos y las condiciones de suelo”.

También se promueve la adopción de prácticas de manejo que optimicen la nutrición de los cultivos.

“Estas acciones contribuyen a disminuir la exposición a la volatilidad de precios internacionales y a mejorar la sostenibilidad económica de los sistemas productivos. En otras palabras, se requiere un esfuerzo importante de mejora de la productividad. La estrategia para estos escenarios complejos es realizar consistentes mejoras en la productividad sectorial”, añade Acuña.

En paralelo, algunas tendencias, dice Catán, podrían consolidarse. Una de ellas es el uso de energías renovables. “Ha crecido el uso de energía fotovoltaica en muchos campos, y es probable que ese desarrollo se intensifique”, señala, en línea con una búsqueda de mayor eficiencia energética.

Anticiparse

En un escenario dinámico, la capacidad de anticiparse cobra especial relevancia. La planificación de compras, la revisión de costos y la coordinación aparecen como herramientas clave para enfrentar la volatilidad.

“En el corto plazo, lo más importante es fortalecer la planificación de compras y costos, revisar con anticipación el abastecimiento de insumos críticos”, señala Walker.

Para los productores más pequeños y medianos, la anticipación es crítica, “porque son quienes tienen menos margen para absorber shocks externos. Desde la mirada gremial, además, se vuelve fundamental acompañarlos con información oportuna y herramientas que les permitan tomar decisiones antes de que el impacto llegue con mayor fuerza a la próxima temporada. Esta preocupación es especialmente relevante porque la gran mayoría de los productores en Chile son pequeños y medianos”, dice Walker.

A nivel institucional, el énfasis está puesto en el acceso a información oportuna. “El Ministerio de Agricultura a través de la Odepa realiza un monitoreo permanente de las condiciones internacionales y nacionales del mercado de fertilizantes para, por un lado, ofrecer la mayor información disponible a los agricultores para que tomen decisiones de producción de manera informada”, explica Acuña.

Asimismo, destaca que “resulta relevante fortalecer la coordinación entre actores públicos y privados, con el objetivo de facilitar el seguimiento del mercado y una adecuada toma de decisiones en un contexto internacional dinámico”.

Junto con ello, desde el mundo productivo también se pone el foco en otros costos estructurales que inciden en la actividad. Catán señala que “el Ejecutivo puede colaborar con medidas que tengan impacto en la seguridad rural, ya que también tiene un costo muy alto en el sector”.

Entre las medidas que la SNA ha planteado están aliviar costos energéticos, revisar mecanismos que permitan mitigar el impacto del diésel en la actividad agrícola, y apoyar especialmente a los pequeños productores. “Son quienes tienen menos capacidad para absorber estas alzas. También se ha planteado la importancia de medidas paliativas en materia de energía, empleo y costos operacionales, porque el agro no puede seguir absorbiendo por sí solo una sucesión de shocks externos. Proteger al sector no es defender un interés particular: es resguardar empleo, abastecimiento de alimentos, actividad regional y capacidad exportadora”, sostiene Walker.

Sin categoría

El Conflicto por la Incertidumbre de los Fertilizantes

El conflicto internacional dispara precios, reduce la oferta y obliga a repensar cómo acompañar al agricultor en una temporada clave.

Lo que ocurre hoy en los principales polos geopolíticos del mundo ya no se limita al ámbito diplomático o energético. La escalada del conflicto en Medio Oriente ha vuelto a tensionar mercados estratégicos a nivel global, afectando directamente a uno de los insumos más críticos para la producción de alimentos: los fertilizantes.

Las restricciones al comercio internacional, las disrupciones logísticas en rutas clave y el encarecimiento del gas natural, principal insumo para la producción de fertilizantes nitrogenados, han provocado un nuevo remezón en los precios y en la disponibilidad de estos productos. Esta situación ha encendido las alertas del sector agrícola en distintos países importadores, incluido Chile, donde ya se observan alzas en los fertilizantes nitrogenados de entre un 25% y un 35%, según datos de ODEPA.

El impacto de esta “guerra por los fertilizantes” se siente con especial fuerza en economías agrícolas dependientes del abastecimiento externo. Con cerca de un tercio del comercio mundial de fertilizantes transitando habitualmente por zonas hoy afectadas por el conflicto, las interrupciones en la oferta comienzan a trasladarse a los mercados locales en forma de mayores costos, menor disponibilidad y decisiones productivas cada vez más complejas para los agricultores, en plena antesala de una temporada clave.

Desde una perspectiva de oferta y demanda, el año comenzó de manera relativamente “normal” para el mercado de fertilizantes en Chile. Sin embargo, con el transcurso de las semanas, el escenario internacional comenzó a impactar con fuerza en los mercados de insumos agrícolas a nivel global. El alza sostenida de precios ha afectado directamente a los fertilizantes y ha derivado, además, en una menor oferta y disponibilidad en el mercado nacional, una situación particularmente delicada si se considera la dependencia estructural de la agricultura respecto de estos insumos para su productividad.

Willian Rojo, Gerente General de COMPO EXPERT Chile, comenta que en la zona sur del país ya se observa la postergación de siembras de cultivos estratégicos como trigo y avena, tanto por la escasez de fertilizantes como por el encarecimiento de estos. De no resolverse esta situación en el corto plazo, existe un riesgo concreto de que estas dificultades se extiendan hacia la próxima temporada agrícola alta, generando impactos aún más profundos en la cadena productiva.

En este contexto, los principales importadores de fertilizantes commodities se mantienen en una posición de alta cautela, evitando asumir el riesgo de incorporar inventarios a precios elevados que luego podrían no ser comercializables en un escenario de normalización de valores. Esta postura, si bien comprensible desde el punto de vista financiero, contribuye a incrementar la incertidumbre respecto de la disponibilidad futura de fertilizantes en el país.

Al respecto, Willian Rojo explica:

“En este escenario desafiante, estamos realizando un esfuerzo significativo por mantener un adecuado nivel de abastecimiento y responder oportunamente a las necesidades de nuestros clientes. Nuestra propuesta se sustenta no solo en productos de mayor eficiencia, sino también en el respaldo de un equipo técnico altamente capacitado, capaz de brindar asesoría específica y adaptada a las condiciones y requerimientos de cada agricultor, entregando soluciones eficientes.”

Asimismo, destaca el compromiso de la compañía por mantener sus precios lo más competitivos posible, en coherencia con una visión de mediano y largo plazo, basada en relaciones sustentables y en el desarrollo continuo de la agricultura nacional.

“Creemos firmemente que, en la medida en que a los agricultores les vaya bien, nuestro propio desempeño como empresa también se verá fortalecido. Por lo anterior, nos ponemos a disposición del sector agrícola para apoyar activamente la optimización del uso de fertilizantes, revisando casos específicos y ajustando dosis y estrategias de nutrición, con el objetivo de generar el máximo ahorro posible sin comprometer los rendimientos productivos.”

Frente al sostenido aumento de los precios de los fertilizantes, impulsado principalmente por el alza de la energía y los combustibles a nivel global, el desafío para la agricultura ya no pasa únicamente por el acceso a los insumos, sino por cómo utilizarlos de manera más eficiente. En este escenario, la eficiencia en el uso de fertilizantes cobra especial relevancia e invita a productores y profesionales a repensar los programas de nutrición, incorporando tecnología, datos y asesoría técnica especializada.

Desde el ámbito técnico, Rubén Araya, Gerente Técnico de COMPO EXPERT Chile, señala:

“El alza de los fertilizantes a nivel mundial nos desafía, tanto a los agricultores como a nosotros los profesionales, a ser mucho más eficientes en el uso de los recursos. Hoy nuestro objetivo es lograr los mismos resultados productivos utilizando mejor la tecnología disponible.”

En esta línea, la adopción de tecnologías de nutrición avanzada, el uso de herramientas basadas en datos y la adaptación de los programas de fertilización a la contingencia actual se vuelven claves para que los agricultores puedan reducir volúmenes de aplicación, optimizar costos y mantener los rendimientos productivos, incluso en un contexto de alta incertidumbre.

“Contamos con herramientas y tecnologías probadas que permiten utilizar menores volúmenes de fertilizante, manteniendo los rendimientos. Nuestra invitación es a trabajar con más información, más datos y una asesoría técnica cercana, para adaptar los programas de fertilización a esta nueva realidad sin sacrificar resultados.” Explica y cierra Rubén.

En un contexto global marcado por la incertidumbre, este escenario refuerza el sentido del lema de COMPO EXPERT, Experts for Growth, donde el desafío es demostrar que, a través de eficiencia, tecnología, datos y un equipo técnico y humano especializado, es posible seguir creciendo junto a los agricultores, incluso en tiempos complejos.

Sin categoría

Del riego a la cosecha: cómo la inteligencia artificial está redefiniendo las decisiones en el agro

Monitoreo continuo de animales, predicción de riesgos sanitarios y automatización de procesos administrativos son algunos de los usos que hoy impulsa esta tecnología en el sector. Su potencial es alto, señalan expertos, pero su implementación aún es incipiente.


La inteligencia artificial ya no es una promesa lejana para el agro. Está en los sensores que miden la humedad del suelo, en los drones que recorren los potreros y en los sistemas que ordenan la contabilidad de una temporada. Sin embargo, su verdadero impacto no radica solo en la tecnología disponible, sino en la capacidad del sector para generar datos de calidad, interpretarlos y, sobre todo, confiar en ellos.

En terreno, la IA comienza a desplegar su mayor valor en la capacidad de observar, interpretar y actuar. Cecilia Gutiérrez, Jefa de la Unidad de Proyectos de la agencia FIA (Fundación para la Innovación Agraria), da un ejemplo: “A través del reconocimiento de imágenes (diferentes estados del desarrollo y fisiología de las especies) se pueden optimizar maquinarias que hacen el reconocimiento en terreno y gatillan una acción de control, por ejemplo, en el control de malezas”.

Este principio se replica en distintas etapas del ciclo productivo. En cosecha, otro ejemplo, la alianza de la agricultura de precisión y la IA, con el uso de cámaras multiespectrales permite identificar variables clave para adelantar, atrasar o detener el proceso. “A través de la IA se puede modelar los datos obtenidos del terreno y para el reconocimiento e identificación de elementos relacionados directamente con el índice de madurez como son color, tamaño, contenidos de azúcar y acidez y materia seca”, agrega Gutiérrez.

En paralelo, comienzan a consolidarse herramientas que integran estas capacidades en soluciones concretas. Es el caso de la empresa tecnológica Miido, cuyo trabajo apunta a acompañar a las empresas agrícolas en su transformación digital, conectando distintas fuentes de información —sensores, riego, monitoreo de plagas o registros históricos— para construir una base de datos estandarizada sobre la cual operan agentes de inteligencia artificial.

En ganadería, el cambio es igualmente llamativo. Luis Porras, CEO de Ganader IA, explica que el uso de la inteligencia artificial ya permite pasar de un manejo de animales basado en observación esporádica a uno continuo y sustentado en datos”. Variables históricamente difíciles de medir, como el peso animal o el comportamiento del rodeo, hoy pueden monitorearse de forma constante. En esa línea, cuenta que la empresa utiliza drones y modelos de IA para pesar y contar animales directamente en las pasturas, sin necesidad de movilizarlos.

Decidir mejor, producir más

La promesa más concreta de la IA está en la toma de decisiones.

“La principal ventaja de la inteligencia artificial es que permite transformar la toma de decisiones, pasando de un enfoque intuitivo a uno basado en información objetiva y en tiempo real”, afirma Porras.

Desde el ámbito de la gestión, Diego González, CEO de Defontana, pone el foco en un aspecto menos visible: “Saber cuánto te costó realmente la temporada, tener la facturación al día, no perder plata por una cobranza mal gestionada. Eso suena menos glamoroso que monitorear cultivos con IA, pero es lo que separa a un productor que sobrevive de uno que crece”. Algo que se vuelve especialmente relevante en temporadas con liquidaciones por debajo de lo esperado.

En esa línea, cuenta que Defontana ofrece plataformas que integran facturación, remuneraciones, flujos de caja y cobranza, incorporando agentes de IA que automatizan tareas administrativas y permiten visualizar el negocio en tiempo real.

La eficiencia también se expresa en el tiempo. “Tenemos clientes que antes dedicaban dos o tres días a cerrar la contabilidad del mes. Hoy lo hacen en horas, con información que además les dice dónde se están yendo los costos”, suma González.

En la agroindustria, los beneficios pueden ser igualmente tangibles. Nicolás Castellón, CEO de Miido, señala: “Según nuestra experiencia, hemos observado que se pueden ahorrar y reducir costos hasta en un 30% en mano de obra, es decir, en insumos, en la aplicación de agroquímicos o en los rendimientos”.

A su juicio, más que grandes transformaciones, muchas veces el impacto está en evitar errores acumulativos. “En la agroindustria, al final, lo que suele ocurrir es que se cometen muchos pequeños errores durante el año que se repiten y que son medidas invisibles que no matan toda la cosecha, pero sí la arruinan”, advierte.

Desafío en los datos y otras barreras

El uso de la IA suena muy atractivo, pero si hay un consenso transversal entre quiénes se dedican a su aplicación en el agro u otros sectores, es que este tipo de inteligencias necesita datos.

“La IA para ser efectiva necesita una gran cantidad de datos, y la calidad del dato también es fundamental”, plantea Gutiérrez. Sin embargo, la base aún es débil. “Seré honesto: la mayoría no está lista todavía”, reconoce González. “La información financiera vive en cuadernos o en planillas que nadie más puede leer”.

Castellón es aún más directo: “No estamos preparados en absoluto”. Y agrega que “no existe estandarización de datos”, lo que dificulta implementar soluciones efectivas.

La conectividad rural, por otra parte, también sigue siendo una limitante, pero no es la única. “Las barreras en competencias digitales y conectividad en el uso de instrumentos puede ser importante para la adopción”, dice Gutiérrez, quien también advierte sobre la importancia de validar las recomendaciones.

Desde la experiencia empresarial, González introduce otro elemento: “la desconfianza acumulada”. “Muchos productores han escuchado antes que ‘esta tecnología va a cambiar todo’ y la experiencia no cumplió la promesa”, plantea.

Castellón, en tanto, apunta a la dificultad de medir el retorno, es decir, que “no se entienda cuánto me reportará la compra de este software o tecnología”.

IA frente a un agro más incierto

Una variable que no queda fuera es la escasez hídrica y la variabilidad climática, donde la IA puede ser un gran aporte al permitir anticiparse.

“La participación de la IA en la búsqueda de soluciones tiene una característica clave que es la ‘oportunidad’: utiliza datos en tiempo real, permitiendo la consulta ágil y toma de decisiones inmediatas eficientemente”, explica Gutiérrez.

En ganadería, esto se traduce en decisiones más estratégicas. “Frente a la escasez hídrica es posible ajustar la carga animal en función de la disponibilidad forrajera estimada”, señala Porras.

Castellón también aporta un ejemplo concreto: “La IA, por lo tanto, es proactiva: te alerta y te indica cómo comprar el producto adecuado”.

Mirando hacia adelante, el consenso es claro: en los próximos años se vería un agro cada vez más digitalizado, automatizado y orientado a la predicción.

“En los próximos 10 años, veo mucha menos gente en cada campo, mucha menos gente trabajando, muchos más robots, mucho más control y mucha más precisión”, proyecta Castellón. Aunque para González “la tecnología debería liberar, no reemplazar”.

Sin categoría

La cereza en tiempos de ajuste: las lecciones que dejó la crisis del kiwi en los años 90

El director ejecutivo de Abud & Cía., Christian Abud, ha vivido desde dentro dos momentos complejos para la fruticultura chilena: la crisis del kiwi en los años 90 y el escenario actual de la cereza. Desde su experiencia, plantea que el sector debe avanzar hacia una mayor coordinación, revisar costos a lo largo de toda la cadena y tomar decisiones técnicas con información precisa para enfrentar los próximos años.

La fruticultura chilena ha atravesado distintos ciclos a lo largo de su historia. Algunos han estado marcados por períodos de expansión acelerada y otros por momentos de ajuste, donde el mercado obliga a replantear estrategias productivas, comerciales y de gestión.

Christian Abud, director ejecutivo de Abud & Cía. —empresa productora de kiwi y cerezas, además de asesora I+D y comercializadora— ha sido testigo directo de dos de esos momentos: la crisis que vivió el kiwi en la década de los 90’ y las dificultades que hoy enfrenta la cereza.

Con una mirada experimentada, reflexiona sobre las similitudes y diferencias entre ambos procesos para rescatar aprendizajes, así como sobre los desafíos que hoy enfrenta el sector cerecero.

—Han vivido tanto la crisis del kiwi en los años 90 como la situación actual de la cereza. ¿Qué similitudes y diferencias observan entre ambos procesos?

Nosotros lo hemos vivido en toda su plenitud como productores, asesores y comercializadores. Lo que más se acerca a ambas crisis es que, cuando el precio del kiwi cayó abruptamente, gran parte de la fruta se comercializaba en Europa. Era un monomercado, como ocurre con China y la cereza.

Pero son productos muy diferentes en varios aspectos. Por ejemplo, el kiwi se puede guardar, por lo tanto, al año siguiente se estableció un programa de guarda más agresivo para no concentrar la venta en cuatro semanas. En cambio, la cereza no se puede guardar, es un producto muy delicado en cuanto a su vida de poscosecha.

Por otro lado, el mundo cambió mucho. El grupo etario que consume fruta actualmente es distinto, y la posibilidad de nuevos mercados en el caso del kiwi es muy grande. Por eso, el kiwi hoy cambió su escenario.

—Se suele decir que uno de los factores de la situación actual de la cereza fue el fuerte aumento de plantaciones. ¿Algo similar ocurrió con el kiwi en esa época?

Sí, efectivamente se plantó mucho kiwi, y en cualquier tipo de suelo y zona. Claramente, hubo muchos huertos que tenían producciones muy bajas, pero que a tres dólares el kilo funcionaban. Cuando vino la crisis, esos huertos desaparecieron o quedaron rezagados.

Se produjo una explosión de plantaciones, que es una similitud en ambas especies. Pero hay otras diferencias importantes: el boom del kiwi duró unos cuatro años, mientras que en la cereza tuvimos más de una década de bonanza.

Eso permitió que algunos productores miraran el negocio a largo plazo y dijeran que en algún momento esto iba a bajar. Pero era difícil frenarse, porque la cereza cumplía todos los récords: cuando se hablaba de producir 20 millones de cajas se pensaba que iba a pasar algo, y no pasó nada; después, 40 millones, y tampoco; luego 80 millones, y seguíamos con precios de cuatro dólares.

—Mirando en retrospectiva, ¿qué aprendizajes del kiwi podrían dar luces hoy al sector cerecero?

Lo primero fue llegar a un nivel productivo que permita sortear precios más bajos. Es decir, producir volumen y calidad suficientes para sobrevivir en un escenario de retornos más restringidos.

También fue muy importante desarrollar una cultura propia de manejo del kiwi. No copiar lo que se hacía en Nueva Zelandia o Italia, sino construir una identidad productiva local. El Comité del Kiwi ayudó mucho a consensuar parámetros básicos de cosecha que antes no estaban claros en la industria.

Otro aspecto fundamental fue definir las ecozonas o “terroirs kiwícolas”, ya que el kiwi es una especie que tiene mayores exigencias edafoclimáticas que muchas otras especies frutales.Eso permitió mejorar la calidad del producto y avanzar hacia un kiwi cada vez mejor.

—¿Qué está ocurriendo hoy con la cereza desde el punto de vista productivo y de mercado?

En cereza tenemos claro qué hay que producir, pero esta temporada dio una señal que nunca habíamos visto: los calibres grandes, que eran el refugio para pasar la barrera de los dos dólares —que es más o menos el costo de producción— en algunos casos terminaron vendiéndose parecido o levemente superior que el calibre jumbo.

Eso rompe un paradigma y nos deja en una situación compleja, porque seguimos dependiendo de un monomercado y existe potencial para producir 150 millones de cajas.

Gran parte de la cereza de diciembre está en una situación compleja, incluso habiendo restringido producción, mejorado calibres, calidad y firmeza.

—En ese escenario, ¿cuándo conviene seguir apostando por un cultivo y cuándo es mejor tomar decisiones más drásticas?

Nosotros como compañía tenemos 240 hectáreas de cereza y creemos que vamos a quedar con 180. Lo primero es desactivar cuarteles con producciones bajo 10.000 kilos, que ya pagaron la inversión o que tienen variedades que el mercado no quiere. Este proceso lo iniciamos con fuerza la temporada pasada.

Cuando la caja está ajustada y el negocio es incierto, hay que refugiarse en los cuarteles que representan las mejores unidades de negocio en términos productivos y comerciales. Es duro decirlo, pero es la realidad.

Los que podamos aguantar, yo creo que vamos a llegar a un nuevo punto de equilibrio. Pero van a salir muchos actores y proyectos del negocio. Nosotros creemos que ese proceso puede durar no menos de tres años.

—También mencionas que el problema no solo está en la producción, sino en la cadena completa.

Exactamente. Hoy hay que analizar los costos desde el FOB hasta el retorno al productor dentro del sistema exportador.

Seguir pidiéndole más esfuerzos al productor es difícil, porque ya se hicieron muchos. Entonces, hay que mirar otros eslabones de la cadena: las cartoneras, las empresas de plástico, las químicas y todo lo relacionado con los costos de packing.

En China, la cereza ya no es el regalo que era antes, como una caja de chocolates. Quizás no necesitamos embalajes tan sofisticados en todo el período de venta. En ambos frentes hay centavos de ahorro que traspasados al neto productor pueden ayudar mucho en estos años que van a ser duros.

—En los años 90 el kiwi impulsó mayor coordinación entre productores, exportadoras y técnicos. ¿Crees que hoy la cereza necesita algo similar?

Sí, absolutamente. Este año hicimos grandes esfuerzos: bajar kilos por hectárea, mejorar calidad, mejorar firmeza. Y aun así la fruta se terminó rematando a precios que da pudor contar.

El sistema exportador tiene que ordenarse más. Actualmente, hay más de 300 exportadoras de cereza. Soy fanático del libre mercado, pero ordenado, que permita hacer sostenible el negocio. Creemos también que el comité de cerezas debe tener un rol más activo en todo esto.

—¿Quién debería liderar ese proceso?

Lo que hay que hacer es un comité de crisis. Ese comité debería convocar al ministro de Agricultura, a la SNA, a representantes de exportadoras, a Frutas de Chile, a técnicos y también al mundo de la poscosecha. Y trabajar hasta llegar a una propuesta que tenga la mayor adhesión posible. Hoy hay mucha desorientación y cuando eso ocurre se toman malas decisiones.

—¿Qué tipo de información es clave para que los productores tomen decisiones en este escenario?

Lo primero es tener las cuentas claras. Parece obvio, pero no siempre lo es. Hay que analizar cada cuartel del campo como una unidad de negocio: productividad, curvas de calibre, calidad de fruta, variedades, suelos. Eso permite decidir qué huertos seguir manejando y cuáles no.

A nivel industria también es importante intentar tener los resultados de la temporada lo antes posible, porque eso permite planificar mejor.

—¿Qué rol puede jugar la tecnología en este proceso?

Siempre se habla de inteligencia artificial y de modelos de predicción. Eso puede ayudar, pero para eso se necesita una buena base de datos. Predecir el mercado no es fácil, porque cambia mucho durante la temporada. Pero mientras mejor información tengamos, mejores decisiones se pueden tomar.

Kiwi y cereza: dos momentos de ajuste en la fruticultura chilena

AspectoKiwi en los años 90Cereza en la actualidad
Expansión del cultivoFuerte aumento de plantaciones durante los años 80.Crecimiento acelerado de superficie en la última década.
Dependencia de mercadosAlta concentración en Europa.Alta dependencia del mercado chino.
Oferta vs demandaAumento de producción generó presión en los precios.Mayor volumen exportado tensiona logística y mercado.
Respuesta del sectorMejora de estándares, coordinación y manejo técnico.Debate sobre coordinación sectorial y ajuste de estrategias productivas.
Situación actualMercado más diversificado y con consumo creciente en varios países.Sector en proceso de ajuste productivo y comercial.
2026

Chile como potencia avellanera: crecimiento sostenido, nuevas tecnologías y el reto de mantener la “cara limpia”

Con 114 mil toneladas de producción y la proyección de llegar a 80 mil hectáreas al 2030, el país afianza su posición como segundo productor mundial de avellano europeo, desplazando a Italia. Expertos coinciden en que el cultivo vive un momento auspicioso, pero advierten que la clave será sostener calidad, sustentabilidad y rigor técnico.

En menos de una década, el avellano europeo pasó de ser una alternativa emergente a transformarse en uno de los pilares de la fruticultura chilena. Viveristas, asesores y productores coinciden en que hoy la industria vive un punto de inflexión: alta demanda, plantaciones en expansión, interés internacional y retornos atractivos que vienen impulsando nuevos proyectos.

Chile ya aparece en el podio global. La última cosecha cerró en 114 mil toneladas, consolidando al país como segundo productor mundial, superando a Italia y quedando solo detrás de Turquía. “Somos parte del hemisferio que está diversificando la oferta mundial, ofreciendo estabilidad, contra estación y un modelo de producción moderno y sostenible. Chile ya no es una promesa: Chile es país de avellanas”, afirma Rodrigo Viñambres, presidente del Comité del Avellano, y suma “Chile ya es un país de avellanas”.

El fenómeno no es casual. Mientras Turquía, Italia y España enfrentan problemas de clima, plagas, menor disponibilidad de agua y menor mecanización, los productores chilenos han elevado sus estándares. La mecanización, la inversión en secado, la mejora de plantas de proceso, la incorporación de genética más moderna y el trabajo técnico constante han permitido que la fruta chilena gane terreno y preferencia en los mercados internacionales.

Un mercado que mira a Chile

La demanda global también ha cambiado el escenario. Turquía, pese a producir 460 mil toneladas, enfrenta restricciones fitosanitarias y productivas que están afectando su competitividad. Italia, históricamente un referente, ha visto caer sus rendimientos por problemas de clima, chinche asiático y falta de agua.

En este contexto, la homogeneidad productiva chilena se ha convertido en un sello. “Somos un nicho muy atractivo para el mundo. La fruta chilena es pareja, con muy buenas propiedades organolépticas y con estándares de entrega cada vez más altos”, sostiene Joaquín Delorenzo, socio y gerente de producción e I+D de Vivero Cuatro Vientos.

El interés internacional también se ha intensificado. Viñambres comenta que incluso empresas de Canadá han iniciado contactos para explorar acuerdos comerciales. Andrés Reyes, director del Grupo Avexa, agrega para el año 2025-2026 se espera un incremento de nuevos productores interesados en el establecimiento del avellano, principalmente por la facilidad de la mecanización, estabilidad económica del precio, aumento en el interés de esta fruta, y por la estabilidad comercial que ha entregado Ferrero en los últimos 15 años.

La proyección del presidente del Comité del Avellano es clara: Chile podría alcanzar 80.000 hectáreas hacia 2030, con una producción cercana a 130.000 toneladas, manteniéndose sin dificultad como segundo productor mundial. Solo para 2025 y 2026 anticipa un incremento de 5 mil hectáreas adicionales, especialmente en Maule, Ñuble, Biobío y La Araucanía.

En la Región de Ñuble, el productor Tomás Viñuela ha observado un crecimiento simultáneo en resultados productivos y comerciales. La subida de precios internacionales, impulsada por la situación en Turquía, sumada al crecimiento natural de los huertos ya establecidos, ha permitido ampliar la superficie y avanzar hacia una mayor mecanización. “Hemos seguido aumentando la superficie para lograr una masa crítica y aprovechar suelos donde el avellano es competitivo. También hemos invertido en maquinaria para mejorar y eficientar los manejos del huerto y la cosecha”, comenta.

Viñuela sostiene que el camino para mantener la rentabilidad a largo plazo pasa por conservar buenos precios, proteger la sanidad del huerto y utilizar fertilizantes y bioestimulantes de manera eficiente para sostener producciones altas y constantes.

Plantas de mayor rendimiento

La velocidad de expansión del cultivo ha ido acompañada por una transformación profunda en el viverismo. En el Maule, Vivero Cuatro Vientos comenzó hace una década ofreciendo plantas de estaca ante la escasa y heterogénea oferta disponible en el país. Sin embargo, la industria cambió, y la actual transición hacia plantas in vitro ha marcado un punto de inflexión. “Partimos con un 10% de in vitro. Este año estaremos en 50% y el próximo en 90%. Para 2027 esperamos superar el millón de plantas”, describe Delorenzo.

El vivero trabaja con material propagado por meristema, libre de virus y bacterias, y seleccionado desde huertos locales de alto rendimiento donde se identificaron árboles que consistentemente produjeron sobre la media. La homogeneidad que ofrece este tipo de planta permite, según explica Delorenzo, aumentos de entre 15-20% por factor de planta in vitro y eso puede aumentar considerando la selección del material. A esto se suma el desarrollo de programas fitosanitarios más rigurosos y de líneas de selección local que buscan adaptar mejor las plantas a las condiciones del país.

Los desafíos por delante

Como todo avance de cultivos, el del avellano europeo viene acompañado de desafíos crecientes. Para Andrés Reyes, el principal riesgo técnico hoy se relaciona con el estrés climático. La diferencia entre temperatura y humedad ambiental, especialmente en zonas como el Maule, provoca estrés oxidativo, radiativo e hídrico, afectando la floración, las reservas de la planta y la productividad futura. Por eso, afirma, el foco debe estar en “mantener plantas activas mediante estrategias de bioestimulación foliar y radicular, en suelos bien descompactados que permitan un mejor uso del agua y en tecnologías que permitan enfrentar climas más extremos”.

La sanidad es otro punto crítico. Viñambres advierte que el chinche asiático representa una amenaza severa y que la barrera sanitaria es hoy una prioridad para el Comité del Avellano en su trabajo conjunto con el SAG. “Esta es una amenaza seria, podría ser la muerte de la avellana en Chile. Por esto, la prevención es fundamental y ha sido un aspecto relevante del trabajo como gremio”, señala Viñambres, insistiendo en que la prevención es clave.

El manejo técnico también ha evolucionado. La nutrición basada en análisis integrales del suelo, la poda constante para evitar emboscamiento y el control de plagas como cabritos, pulgones, ácaros y chinches se han transformado en prácticas decisivas para alcanzar rendimientos que hoy pueden llegar a 3 o 3,5 toneladas por hectárea en huertos bien manejados. La trazabilidad, la certificación y la calidad se proyectan como elementos esenciales para abrir nuevas líneas comerciales.

El riesgo del crecimiento sin orden

Los especialistas consultados coinciden en la importancia de evitar errores que ya se han visto en otros frutales. Viñambres recuerda el caso de las cerezas, donde la falta de acuerdos y la presión por exportar calibres pequeños deterioraron resultados. “La invitación es a trabajar juntos con profesionalismo y visión compartida, mantener la imagen país y no perder la calidad del cultivo”, afirma.

El Banco Mundial, advierte, ha puesto especial atención en temas de trazabilidad, deforestación y uso de suelos, por lo que mantener el estándar ambiental es hoy una responsabilidad ineludible.

En el viverismo, Delorenzo observa otro error recurrente: la prisa. Muchos productores quieren plantar en un año sin mucha planificación y optan por material no certificado o implementan riego y preparación de suelos sin diagnósticos técnicos. “Hacer el proyecto con tiempo es clave”, sostiene.

Pese a los desafíos, la percepción es unánime: el avellano seguirá creciendo, considerando que el consumo mundial aumenta entre 6% y 8% anual. Las plantaciones ya se distribuyen desde Curicó hasta Osorno y el requerimiento hídrico, de cerca de 5.600 m³ al año, se considera manejable en comparación con otros frutales.

La industria, añade Reyes, está lejos de enfrentar un mercado incierto. La combinación de tecnología, interés internacional, estabilidad comercial y calidad de fruta mantiene a Chile en una posición de liderazgo.

El desafío ahora —insisten todos— será sostener ese liderazgo con sustentabilidad, coordinación gremial y decisiones técnicas tomadas con anticipación. El país ya es protagonista del mercado mundial de avellanas, y lo que viene dependerá de cómo gestione ese lugar.

2026

El boom mundial del pistacho y su efecto en Chile: ¿oportunidad o sobreexpectativa?

La tendencia global —acelerada por el chocolate viral de Dubái— impulsó un alza histórica en los precios y mayor interés por el cultivo. En el país el movimiento es incipiente: crecen las consultas y algunos proyectos, pero el desarrollo productivo sigue limitado por costos, manejo y falta de infraestructura.


En el último año, el pistacho ha ganado una visibilidad global inesperada. El popular chocolate de Dubái —una mezcla de cacao y crema de pistacho que se volvió viral en redes sociales— empujó a panaderías, heladerías y chocolaterías a replicarlo en distintos países, generando una mayor demanda por el fruto seco. Combinado con una mala cosecha en Estados Unidos, el principal productor mundial, el resultado fue una presión sobre la oferta y un alza en los precios internacionales.

Según Financial Times, el precio por libra subió un tercio entre 2024 y 2025, pasando de US $7,65 a US $10,30, reflejo de una demanda que crece más rápido que la superficie plantada. Lo que se inició como una tendencia en redes sociales, terminó empujando al pistacho no como un snack, sino que como un insumo.

Sin embargo, ese movimiento global no ha provocado un cambio estructural en Chile. El país sigue teniendo una superficie reducida —157 hectáreas según ODEPA en 2024— y un desarrollo aún experimental. La industria local ha observado más consultas, pero sin un salto masivo en nuevas plantaciones ni señales de que el boom viral esté empujando proyectos de manera decisiva. En términos simples, el mundo está acelerado; Chile, no. Aunque eso no significa que no exista un potencial hasta ahora poco aprovechado.

Daniela Canessa, ingeniera agrónoma y gerente de producción y logística del Vivero Limache, señala que ha notado un mayor interés y consultas sobre este cultivo, aunque matiza el fenómeno. “Este último año ha habido más consultas respecto de plantas de pistacho, principalmente de agricultores pequeños y medianos, en zonas con déficit hídrico o buscando alternativas al almendro, nogal, viñedos o uvas. Se han acercado para pedir información técnica y de disponibilidad”, señala.

No obstante, Canessa recalca que el movimiento sigue siendo moderado. “Es un cultivo incipiente; falta mucha investigación e información sobre las variedades a utilizar en las distintas zonas de Chile”, afirma. El vivero trabaja con portainjertos modernos como UCB1 y está reforzando su oferta, pero la lentitud natural del cultivo —que demora siete a ocho años en llegar a producción comercial— cree que frena cualquier expansión masiva. Es uno de los frutales que más se demora en recuperar la inversión”, subraya. El portainjerto clonal o alternativas nuevas, suma, podrían generar mayor precocidad de producción.

Chile y sus condiciones favorables

Para Juan Cabrera, gerente general de la empresa Pistachos JM, dedicada a la producción, desarrollo y asesoría del cultivo del pistacho, también observa un interés que avanza por este fruto seco, pero sin vínculos directos con el fenómeno del chocolate. “Sí aumentaron los proyectos, pero no por la moda o el chocolate de Dubái. Es porque el pistacho es considerado un alimento con muchas propiedades, además de tener un buen mercado económico”, sostiene.

Sus estimaciones sobre superficie plantada son más altas que las cifras oficiales de ODEPA. Señala que “hoy hay aproximadamente 2.000 hectáreas, desde pequeños a grandes agricultores. Se está creciendo al orden de 40 a 50 hectáreas anuales”. Pero coincide en que la mayor parte son huertos jóvenes o en etapa de evaluación.

Para Cabrera, el potencial climático es claro, con zonas favorables que van desde Coquimbo hasta sectores de la zona centro-sur, siempre que no existan napas altas. Pero insiste en que la clave está en el manejo y la selección varietal. Dice que la producción parte recién en el quinto año con 300 kg/ha y escala lentamente. “La poda es lo más importante, y es difícil hacer entender a los agricultores”, afirma.

Desde lo comercial, asegura que el interés internacional existe, pero sigue siendo incipiente. “Aumentó el interés, pero porque el pistacho chileno es más sabroso”, comenta, destacando atributos organolépticos, aunque esto aún no se traduce en una demanda significativa.

Cristián Díaz, ingeniero agrónomo del Fundo Miraflores, ubicado en Codegua, ha visto el desarrollo productivo desde dentro. Para él, el país sigue en una fase temprana. “El mercado del pistacho es bastante pequeño y las producciones, en algunos huertos, son sus primeras cosechas; nada muy significativo hasta el momento”, afirma.

El añerismo ha sido uno de los principales desafíos. “No hemos podido evitar el añerismo (tendencia del árbol a tener una cosecha muy abundante un año y otra cosecha muy escasa al siguiente), ni que su efecto sea menos marcado”, explica, pese a trabajar con podas destinadas a reducirlo.

En cuanto al boom global, Díaz es categórico: “Ha habido un interés comercial por el pistacho, pero personalmente no se lo atribuyo al chocolate de Dubái, al menos no en Chile”.

Cómo aprovechar el boom

Para que Chile pueda realmente subirse al carro del pistacho, uno de los elementos centrales es cerrar las brechas técnicas que hoy limitan el desarrollo del cultivo.

Daniela Canessa advierte que el país aún está en una etapa de aprendizaje, con poca información local sobre variedades, horas frío, polinizantes y comportamiento en distintas zonas. A esto se suma la necesidad de contar con material vegetal moderno y homogéneo —como portainjertos UCB1 clonales— y de asegurar que las combinaciones entre variedades comerciales y polinizantes sean correctas, y mejorar los manejos técnicos agronómicos para una mejor producción.

Para Cristián Díaz, en tanto, el desafío no pasa solo por el manejo agronómico, sino por la estructura que rodea al cultivo. Aunque reconoce que Chile tiene “condiciones excepcionales” para el pistacho en el norte y centro-norte, afirma que todavía no existe una base productiva capaz de sustentar un crecimiento mayor. “El establecimiento es excesivamente costoso, y los primeros años son duros económicamente”, explica.

A esto se suma la falta de plantas de proceso: “Chile no tiene una red consolidada de plantas de proceso. Todavía es un mercado incipiente sin una red consolidada de comercialización”.

Para Díaz, antes de pensar en una expansión significativa se requiere generar una cadena productiva completa: investigación local, infraestructura de poscosecha, mayor desarrollo varietal y una comercialización organizada. Solo con esa base —coinciden ambos— el país podrá evaluar con realismo si está en condiciones de aprovechar las buenas condiciones climáticas que tiene para el pistacho.

2026

Tecnificación con estrategia: el desafío del riego agrícola en Chile para la próxima década

Aunque la escasez hídrica sigue presente, especialistas coinciden en que el verdadero salto pendiente no es solo tecnológico. El desafío está en usar los datos, la automatización y los sistemas de riego con planificación estratégica, mayor profesionalización y toma de decisiones informada para elevar productividad y eficiencia en el agro.

El manejo del agua sigue siendo un eje de la competitividad agrícola en Chile, pero la discusión ya no se limita al volumen disponible. El país avanza en tecnificación, aunque todavía solo alrededor del 29% de la superficie agrícola cuenta con sistemas modernos de riego. El sector frutícola lleva la delantera. Datos de la Biblioteca Digital del CIREN indican que alrededor del 48.2% de la superficie con frutales usa riego mecanizado (goteo y microaspersión), aunque varía significativamente por región.

En los predios donde sí existe infraestructura, el desafío es otro: utilizarla con estrategia. Andrés Olivos, gerente técnico de Olivos y especialista en riego, sostiene que en la mayoría de los campos no existe un plan claro que defina cómo y con qué objetivos se riega cada temporada.

“La mayoría de los agricultores sabe que el riego representa entre el 70% y el 90% del éxito productivo, pero le dedican apenas un 15% del tiempo de gestión”, advierte, señalando una brecha entre la importancia que se le atribuye al agua y el tiempo real que se invierte en manejarla de manera informada.

Olivos también sostiene que uno de los problemas más frecuentes es la adopción de tecnología antes de definir la estrategia de riego. Chile, señala, es rápido para incorporar sensores, medidores o plataformas digitales, pero no siempre existe un objetivo productivo claro para orientarlos.

“Si no hay estrategia previa, la tecnología queda subutilizada. Muchos, recién al final de la temporada, miran los datos y se dan cuenta de que regaron 30% más o 20% menos, pero ya es tarde para corregir”, explica.

El problema no estaría, como se cree, en los operadores de riego, sino en los niveles de administración y jefatura, que aún no consideran el riego como una decisión estratégica al mismo nivel que la nutrición, la sanidad o la planificación de cosecha.

Experiencia desde el campo

Sergio Massai, gerente de Más Fruits y productor de cerezas, uva y semillas, coincide plenamente. Desde su experiencia, sostiene que la brecha no es solo tecnológica, sino cultural.

“Muchas veces la inversión se hace en equipos de alto nivel que luego terminan siendo operados por personas poco capacitadas, y cuando empiezan las fallas, no se corrige el sistema, sino que se improvisa. Después llega el dueño o el gerente y el problema fue simplemente que la planta no recibió el agua que necesitaba”, señala.

Para él, el verdadero avance está en la capacidad de auditar el campo en tiempo real, desde un computador o un teléfono, sabiendo cuánto se está regando, cuánta evapotranspiración se debe reponer, si existe una fuga, si el filtro necesita limpieza o si una matriz falló.

“Una hora de bomba adicional significa un costo energético real, y ser precisos en el riego impacta en todas las áreas del predio”, afirma Massai.

Massai comenta que en su caso el uso de plataformas digitales ha permitido modernizar sus operaciones en distintos valles. Sensores, estaciones meteorológicas interconectadas, control remoto de válvulas y sistemas de alerta han transformado el riego desde una labor operativa a una tarea de control de procesos, en los cuáles él está muy involucrado. 

Desde su celular, por ejemplo, puede ver todos los cuarteles, planificar riegos nocturnos, organizar turnos sin depender de un operador presente y reducir las horas de parada cuando se presenta una falla. “Es un cambio que también libera al campo de depender exclusivamente de la disponibilidad laboral, un factor que cada temporada se vuelve más crítico”, agrega.

Datos para mejores decisiones

Aunque se habla mucho de automatización, ambos coinciden en que la próxima revolución vendrá con la incorporación de inteligencia artificial. Sin embargo, esta tecnología aún no está plenamente integrada al riego chileno, no porque falten herramientas, sino porque el sector todavía no ha construido el piso necesario para sacar provecho de ella.

“¿De qué sirve un sistema que recomienda y ajusta decisiones automáticamente si la estrategia base no está clara o si los administradores no están involucrados?”, advierte Olivos. Massai coincide, señalando que la IA llegará, pero será efectiva solo cuando exista una cultura de manejo técnico consistente y basada en datos reales.

Como sintetiza Massai, “la agricultura moderna exige menos intuición y más información. Cuando eso ocurre, los resultados se ven en todos los niveles del campo”.

2026

Padre e hijo unen talentos y crean tecnología para mejorar la eficiencia del riego tecnificado

Sergio Carvallo, experimentado asesor, y Nicolás, ingeniero especializado en tecnología, se unieron para enfrentar un problema que se repite: miles de hectáreas cuentan con este sistema para regar, pero su operación aún depende de la intuición y no de datos. Por eso, crearon un sistema de precisión que permite monitorear cada válvula en tiempo real, detectar fallas y asegurar que la inversión instalada se traduzca en resultados.

Cuando Sergio Carvallo comenzó su carrera profesional en riego, a fines de los años 70, la lógica era simple: se abría la válvula, se calculaban las horas y se confiaba en la experiencia del operador. La calicata era el veredicto final. Si el suelo estaba húmedo, el riego había sido bueno; si no, había que ajustar. “Era otra realidad; había agua y muy pocos se preguntaban cuánta eficiencia se podía lograr”, recuerda.

Hoy el contraste es evidente. Chile ha invertido y tecnificado miles de hectáreas, pero en demasiados campos la operación sigue dependiendo de la intuición. No siempre se mide presión, caudal, apertura de válvulas o cumplimiento de los turnos programados. Y sin esa información, es difícil asegurar que la inversión rinda en producción.

Sergio conoce esta brecha mejor que nadie. Ingeniero agrónomo de la Universidad Católica, con especialidad en riego, suelos y nutrición, ex jefe nacional de Riego de INDAP y uno de los pocos asesores en Chile dedicados exclusivamente a esta disciplina, ha visto la misma escena repetirse en grandes frutícolas, predios medianos y pequeños agricultores: sistemas modernos que, operados sin control permanente, no entregan su verdadero potencial.

Su hijo, Nicolás Carvallo, creció escuchando ese diagnóstico. Sin embargo, eligió entrar al problema desde otro ángulo: la tecnología. Ingeniero Civil Industrial Eléctrico de la Universidad Católica y Master of Science en Telecomunicaciones del Instituto Tecnológico de Turín, Italia, comenzó preguntándose por qué la industria aceptaba como “inevitable” algo que se podía medir. Si en tantos campos las pérdidas de eficiencia se repetían, ¿por qué no automatizar su detección en lugar de depender únicamente del operador?

De esas preguntas surgió el proyecto que luego se transformó en Telaqua, empresa fundada por Nicolás en Francia y representada en Chile por Agromonitoreo SpA, que él y Sergio crearon juntos. No se trató de una idea de laboratorio, sino del cruce natural entre la vida profesional de su padre en terreno y el desarrollo de soluciones tecnológicas. “Hay un cambio generacional en el campo”, dice Nicolás. “La gente joven quiere ver datos, quiere saber qué ocurrió cada día, quiere trazabilidad”, suma.

Cómo funciona la tecnología

El sistema se instala directamente en bombas, filtros y válvulas, sin necesidad de cableado, alimentado con pequeños paneles solares. Los dispositivos registran presión, caudal real y si la válvula abrió o no. Si el sistema detecta una variación importante –por ejemplo, una caída de presión o una válvula que no se accionó–, el aviso llega al celular del administrador.

El resultado es un riego con trazabilidad diaria y verificable. Nicolás lo pone en términos prácticos: si ocurre un error, el productor puede saber exactamente cuándo se produjo y por qué. “Lo importante es que el problema no se descubra dos semanas después con la planta estresada, sino al día siguiente, cuando aún se puede corregir”, explica.

Su padre refuerza esa idea desde la experiencia. “Si la producción se cae, en el 90% de los casos el riego está involucrado, pero no siempre se puede demostrar. Con datos, ya no dependes de la interpretación, sino que puedes ver qué pasó cada día”, plantea.

Con esta tecnología, sostienen, el riego deja de ser una operación sostenida en la experiencia y pasa a ser una actividad gestionada con evidencia. Y eso, en un contexto de costos crecientes y menor disponibilidad hídrica, puede marcar la diferencia entre un equipo que “funciona” y uno que entrega realmente el retorno que prometía sobre el papel.

“Necesitamos información, no impresión

Para Sergio, quien trabaja en diversos países asesorando predios en temas de riego, sobre todo realizando diagnósticos y detectando problemas de gestión, esto no se trata de modernismo, sino de gestión. “Jeff Bezos decía que su negocio debía funcionar igual de bien estando él de vacaciones. En el campo, muchas veces el riego funciona bien solo si cierto operador está ahí. Y eso no es sostenible”, señala.

Tras décadas recorriendo predios, el asesor ha visto lo mismo repetirse en campos, muchos de ellos grandes: el sistema está instalado, pero no siempre funciona como fue diseñado. Para profundizar en este diagnóstico, conversamos con él sobre los desafíos técnicos que hoy enfrenta el riego en Chile y qué se requiere para llevarlo a una operación realmente profesional.

—¿Cuál es, a su juicio, la principal deuda del riego tecnificado en Chile hoy?

La instalación avanzó rápido, y eso es positivo, pero la correcta operación no lo hizo al mismo ritmo. Mucha gente cree que tener un buen sistema de riego tecnificado es suficiente, pero sin medir presión y caudales no hay cómo garantizar que ese diseño se está ejecutando correctamente. Se invierten miles de dólares por hectárea y luego se deja la operación entregada al ‘yo creo que se regó bien’. Esa es la brecha real”.

—¿Por qué es tan crítico medir presión y caudal, y no solo cumplir horas de riego?

“Porque el agua no siempre llega con la presión diseñada. Una válvula parcialmente cerrada, una pérdida en la tubería o una bomba trabajando forzada pueden estar restando agua a un sector completo sin que nadie lo note. Dos calicatas a pocos metros de distancia te pueden mostrar un suelo saturado y otro seco dentro del mismo cuartel. Y si eso ocurre durante toda la temporada, el resultado es menor producción y una sensación de que el sistema “no funcionó”, cuando el problema fue de operación, no de diseño”.

—¿Qué impacto productivo genera una operación deficiente?

“Mayor costo por tonelada producida, menor calibre, menor rendimiento y, en frutales, también riesgos de estrés que comprometen la temporada siguiente. Muchas veces la agricultura asume esos resultados como inevitables, pero no son azar: son la consecuencia directa de no controlar variables clave. Un error de veinte minutos diarios, repetido por 150 días, es una mala temporada. Y en muchos campos, ese error ocurre sin que nadie se entere”.

—¿Cómo cambia la toma de decisiones cuando se cuenta con trazabilidad del riego?

“Se profesionaliza. Ya no depende de la memoria del operador ni de si alguien tuvo tiempo para recorrer el campo. La gerencia puede saber si se cumplió el plan de riego, si alguna válvula falló o si un sector quedó sin aplicación. Y cuando un resultado productivo no es el esperado, la conversación cambia. Se puede decir: ‘regamos de esta manera, con esta presión y estos caudales, y los datos muestran tal cosa’. Necesitamos información, no impresión”.

2026

Más datos, mejores decisiones: la apuesta tecnológica de Coagra en nutrición animal

Con dos equipos NIRS portátiles y un análisis de micotoxinas que está en plena evaluación, este año se buscó consolidar el modelo de acompañamiento técnico continuo a los productores, a través de la entrega diagnósticos inmediatos en predios para elevar la calidad productiva de los clientes.

En una era marcada por la adopción de tecnologías que permiten acelerar decisiones en el campo, la línea de Nutrición Animal de Coagra ha dado un salto que combina precisión, servicio y acompañamiento directo a productores.

En 2025, la empresa incorporó el uso de equipos portátiles de espectroscopia por infrarrojo cercano (NIRS) para realizar análisis nutricionales tanto a nivel interno como directamente en los predios de sus clientes, y además está sumando nuevas herramientas para detectar micotoxinas, una amenaza silenciosa pero real que impacta la calidad y el rendimiento de los insumos utilizados en la producción animal.

El resultado: diagnósticos rápidos, datos confiables y un servicio técnico postventa que hoy se posiciona como uno de los más avanzados del país.

“Siempre hemos buscado diferenciarnos en el trato que le damos a nuestros clientes. “Queremos dar soluciones inmediatas y eficientes, basadas en datos duros”, explica José Manuel Carmine, encargado de Calidad y Servicio de Nutrición Animal de Coagra. Desde 2024, explica, la compañía venía evaluando alternativas que permitieran un control de calidad más robusto y, al mismo tiempo, un apoyo concreto a los productores.

El salto definitivo se dio con la llegada de dos NIRS portátiles, un dispositivo que, mediante luz infrarroja, identifica en minutos parámetros como proteína, fibra, grasa o almidón en distintos tipos de alimentos.

Datos inmediatos en el predio

Lo que comenzó como una herramienta para validar internamente la calidad de los productos —comparando lo fabricado con los valores formulados— rápidamente evolucionó hacia un servicio directo para los clientes. El carácter portátil del equipo hizo posible llevar el análisis al mismo lugar donde se toma la muestra.

“El resultado preliminar está en cinco minutos”, detalla Carmine. Esta rapidez permite evaluar varios materiales en una sola visita: Ensilajes de maíz, pradera o granos húmedos, TMR, materias primas y otros insumos críticos para la ración del ganado. Y, sobre todo, suma, “posibilita tomar decisiones productivas en el acto, sin esperar los 10 a 15 días que suele demorar un laboratorio tradicional para entregar un informe completo”. Este reporte inmediato, además, se complementa con un informe posterior más robusto que elabora el equipo técnico.

La acogida entre los productores ha sido inmediata. “A todos les llama la atención, porque no es una tecnología conocida a nivel portátil”, cuenta Carmine. Y aunque la precisión es muy cercana a la de un laboratorio —con pequeñas variaciones esperables en equipos portátiles—, las comparaciones realizadas en conjunto con clientes muestran “resultados súper parecidos”, lo que ha reforzado la confianza en su uso en campo.

En esa línea, la compañía trabaja sus calibraciones con el soporte técnico de Cargill Brasil, una de las empresas de nutrición animal más grandes del mundo, lo que aporta respaldo científico y consistencia internacional a los resultados obtenidos en Chile.

Nuevo paso: análisis de micotoxinas

A fines de 2025, llegó otra innovación: un equipo de análisis para detectar micotoxinas, metabolitos derivados de hongos que pueden afectar seriamente la salud del ganado y disminuir la producción. Aunque este equipo es de laboratorio y no se utiliza en terreno, permite evaluar ensilajes, maíz grano, soya y otros insumos claves antes de su uso o comercialización.

“Aún existe el mito de que si un alimento se ve limpio no tiene micotoxinas”, señala Carmine. “Pero siempre hay una carga, alta o baja”. Esta herramienta permite mostrar con evidencia cuándo es necesario el uso de secuestrantes —como el producto Notox LS, que comercializa Coagra— y ofrecerlo como un servicio preventivo que reduzca riesgos productivos.

Si bien la implementación está en su fase inicial, la empresa proyecta usarla de forma más amplia en 2026, una vez completadas las calibraciones y protocolos internos.

De cara al 2026, Coagra proyecta profundizar la red de servicios en torno al NIRS y al análisis de micotoxinas. La prioridad será fortalecer el acompañamiento a productores y asesores, multiplicar las visitas a terreno y seguir validando datos para asegurar decisiones más precisas.

1 2 3 6 7
Privacy Settings
We use cookies to enhance your experience while using our website. If you are using our Services via a browser you can restrict, block or remove cookies through your web browser settings. We also use content and scripts from third parties that may use tracking technologies. You can selectively provide your consent below to allow such third party embeds. For complete information about the cookies we use, data we collect and how we process them, please check our Privacy Policy
Youtube
Consent to display content from - Youtube
Vimeo
Consent to display content from - Vimeo
Google Maps
Consent to display content from - Google
Spotify
Consent to display content from - Spotify
Sound Cloud
Consent to display content from - Sound
Oportunidades
Seguimiento de Combustible
Sucursales
Portal Clientes